27 de marzo del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Nunca he visto a ningún político o gobernante cortar una cinta en medio de un monte, en plena naturaleza. Eso sí, autovías, ferrocarriles de alta velocidad deficitarios, grandes edificios y pabellones o aeropuertos vacíos cuentan con la presencia de cuantos puedan caber en la foto. Sobre todo si la fecha se acerca a cualquier tipo de encuentro electoral.

El medio ambiente no está en primera plana, de hecho nunca lo ha estado, ya que va a remolque de un estado que solo invierte en medio ambiente cuando sobra algo en las arcas públicas. También son la agricultura y el medio ambiente las áreas donde primero se recorta, pese al bajo presupuesto que se le asigna en comparación con otras partidas. Por si fuera poco, la visión cortoplacista a la que nos tienen acostumbrados nuestros gobernantes y en la que vivimos inmersos no es aplicable al medio natural. Éste no entiende de legislaturas o calendarios electorales. Si para rematar añadimos que gran parte de los beneficios que nos aportan nuestros montes son de carácter intangible, obtenemos un cúmulo de circunstancias que para nada ayudan a crear un sector próspero, tan necesario en las zonas rurales. Ésta es la pescadilla que se muerde la cola, baja inversión con la consiguiente falta de estímulo, una gestión centrada en criterios económicos y una visión cortoplacista.

Es cierto, la inversión en medio ambiente no provocará una bajada récord de la prima de riesgo, una mejora de la calificación de riesgo o la disminución drástica del número de parados antes de las elecciones generales. Pero debe ser un actor clave en el futuro de un país donde el 50% de su superficie se considera monte. La puesta en valor de nuestro recursos naturales desde un prisma multifuncional, sostenible y largoplacista es fundamental. No podemos olvidar que una actividad tan cotidiana y necesaria como respirar oxígeno no proviene del ladrillo ni el hormigón.

Pese a la baja repercusión mediática en un país donde la economía copa el centro de atención, la interminable sucesión de reformas sobre la Ley de Montes siempre es noticia. Parece que no llegamos al consenso sobre qué es bueno para nuestros montes así que el actual gobierno también ha dispuesto su perspectiva al respecto, aprobando la enésima reforma (actualmente en fase constitutiva). La lectura de las principales modificaciones aprobadas en el proyecto de ley produce una, nada despreciable, preocupación que embarga a cualquiera que crea en un modelo de país donde el ladrillo no sea el pilar fundamental de nuestra riqueza.

Los ecologistas han criticado mucho la nueva Ley de Montes

Los ecologistas han criticado mucho la nueva Ley de Montes

Quizás el titular más llamativo para la opinión pública es la posibilidad de cambio de uso en zonas  forestales incendiadas, prohibido anteriormente por un periodo de 30 años. Es decir, construir donde hubo un incendio será posible. Tenemos aceptado socialmente que la construcción en zonas forestales quemadas responde a una práctica común, asociada a la especulación urbanística mientras que la realidad es bien distinta. Según las estadísticas éste es un hecho más bien anecdótico. Los cambios de uso más comunes tras un incendio suelen estar más relacionados con otras actividades como el pastoreo. Así que aunque esta medida abre la puerta hacia otros usos frente a la conservación, no es la peor.

Si analizamos críticamente las reformas, existen otras de mucho más calado e importancia aunque hallan pasado desapercibidas. Son aquellas relacionadas íntimamente con una visión multifuncional y de futuro de nuestros recursos naturales. Que se dilapidan con ciertas medidas como la no obligatoriedad de la planificación y gestión de nuestros montes, el trato de favor hacia aprovechamientos forestales de crecimiento rápido y la caza o la limitación de autoridad de Agentes Forestales.

El colectivo de agentes con 140 años de historia, desempeña un papel crucial en la denuncia de abusos y malas prácticas. Ahora verá recortada la posibilidad de denunciar judicialmente ya que  solo podrá desempeñar su labor sobre faltas administrativas. Esto supone una pérdida de efectividad en la protección de nuestros recursos que carece de sentido, se mire como se mire. Aunque consigue transportarme a aquellos tiempos donde el señorito campaba a sus anchas haciendo y deshaciendo a placer en su cortijo.

Quien conoce el sector forestal sabe de la importancia de los instrumentos de gestión que permiten una sostenibilidad de los recursos junto con una explotación económica que revierta en las comunidades rurales. Estos principios básicos son una necesidad no solo para la continuidad en el tiempo de nuestros montes sino también para conseguir su mejora. Con la reforma actual se busca premiar claramente la producción, situación que producirá una inevitable degradación de nuestros recursos y el inexorable deterioro de las comunidades rurales, más si cabe.

En un sistema donde crecer económicamente se ha convertido en una necesidad, nuestros montes piden a gritos una estrategia común a largo plazo, independiente y con una visión multifuncional. Algo nada fácil ya que requiere de políticos y ciudadanos a la altura de las circunstancias.

 

#StopLeyMontesPP

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Alberto Roldán

Ingeniero de cuerpo y espíritu inquieto apasionado por el mundo de las letras y los viajes. Creo en el análisis y el debate como elemento reflexivo creador de conciencias.
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