22 de julio del 2017
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Tras la rueda de prensa de los ministros de finanzas de Alemania y de Grecia, Wolfgang Schäuble y Yanis Varufakis, la desolación vuelve a apoderarse del ciudadano. No se puede ser más miserable e insolidario que el Sr. Schäuble cerrándole las ventanas a un pueblo que, como el griego,  está atravesando unos de los momentos más difíciles de su historia.  Además, sufrimos con la cerrazón que demuestra el Presidente del Banco Europeo, al imposibilitar las opciones de crédito a una nación que está dentro de la Unión Europea y necesita ayuda para poder resurgir de una situación socioeconómica consecuencia de la política rastrera ideada por sus élites.

Europa tiene la obligación moral de ser solidaria con cada uno de sus miembros si están sumidos en una situación crítica, independientemente de su status dentro de la Unión. Si, al final, está al dictado de las élites financieras y no está al lado del ciudadano cuando la necesitamos,  hundiendo con sus actuaciones  a los sectores humildes, ¿qué sentido tenía construir la Unión Europea? No uno social, desde luego.

Lo más lamentable es que sea Alemania, precisamente, la que muestre dureza a la hora de abrir negociaciones que favorezcan un respiro en las economías dependientes. Parecen haber olvidado que en el siglo pasado provocaron dos guerras mundiales y, por ese afán soberbio de dominar el mundo, actuaron como auténticos bárbaros  destruyendo naciones enteras y fumigando millones de vida humanas. Alemania no es recíproca con el grado de generosidad que mostraron  las naciones, entre ellas Grecia, al perdonarle la deuda que habían asumido para reconstruir su nación desolada. Hay quien dice que aún les queda pagar a Grecia las indemnizaciones a las que se obligó por las consecuencias de la última guerra mundial.

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Encadenados, la población griega protesta.

 

Parece mentira la amnesia y escasa responsabilidad histórica de Wolfgang Schäuble, Merkel y los suyos, a la hora de entender la negociación con el nuevo gobierno griego, que sólo se hace eco  del clamor de un pueblo desesperado y que, si no encuentra reciprocidad en sus amigos de europeos, puede acabar rompiendo la baraja y buscando amigos en otros lugares del mundo. Por no hablar de la amenaza que supone que irrumpan brotes de nazismo y manejen la miseria y la desesperación de la gente.

En contraposición, los organismos europeos no dejan de alabar a naciones, como España, que según ellos han hecho sus deberes y hoy crecen en sus economías. Han triunfado sus recetas económicas, dicen, las que han producido tanta miseria en las clases menos pudientes, tanta frustración en la población joven, tanto paro y cierre de negocios porque se han dedicado a incrementar la fortuna de los ricos, hundiendo a las clases humildes que, en el fondo, son los consumidores de los pequeños negocios que sostienen la economía. Porque ese crecimiento ¿dónde se supone que está? Los sectores humildes de nuestra sociedad siguen padeciendo, cada vez con menos capacidad de aguante, las consecuencias de unas políticas neoliberales que nos empobrecen más y más.

Como Europa siga enrocándose en sus rigideces y enarbolando las recetas económicas neoliberales como si fueran las únicas a aplicar, va a conocer un desapego creciente entre las clases medias y trabajadoras de las naciones integrantes, que puede acabar con su actual estructura. No se puede seguir dictando políticas que lleven a la ruina y a la desesperación a grandes capas de la población europea; no se puede seguir con esa imagen insolidaria que la distancia de los sectores más numerosos de la sociedad; no  pueden seguir dominando organismos burocráticos y fríos capitaneados por unas élites que nunca se han acercado a las realidades sociales de nuestras naciones. Europa, que un día nos dio ilusiones a muchos, la promesa de un espacio de unidad y solidaridad, nos está decepcionando inmerso en ese abismo de codicia de la que sólo podrán sacarla la resistencia y dignidad de sus pueblos.

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Emilio López Pizarro

Jubilado. Fue periodista durante una breve temporada y funcionario público casi toda la vida. Hombre de bien. Es progenitor de los creadores de La Réplica.
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    4 Réplicas

  1. Alberto

    Es un hecho la baja clase de eso que llaman la élite política en toda Europa seguramente gracias al buen trabajo de los lobbys y los intreses económicos que son el santo grial europeo.
    En mi opinión, la élite y menos élite política debería dejar de medirse el “pene” y dedicarse seriamente a mejorar la vida de todos los ciudadanos, no solo de una minoría enriquecida.

    En cualquier otro caso, como bien indica el autor, la rotura social esta viéndose día a día en toda Europa. Ya es una realidad.

  2. Javier López Menacho

    Poco se habla del rendimiento capital-trabajo y lo que ha conseguido la clase trabajadora para crear una Unión Europea. Es patética la actitud de las élites, que ya no tienen legitimidad moral para sentir que representan a nadie. Tendrán poder, pero nada más que eso. La historia los condenará.

  3. Averroes

    Lo triste y paradójico es que con los mimbres no se construyó una Unión Europea, sino una Unión de Mercaderes. Se falsificaron datos para cumplir los requisitos de Maastricht para poder entrar al Club y, nuevamente Alemania se instaló como cabeza de león. El Reino Unido entró en parte del Club (Unión Económica) pero no renunció a la Libra por el Euro.
    De repente, un euro era el equivalente a dos marcos (en Alemania) y España tenía que juntar 166,386 ptas. para adquirir un euro. El primer dia de funcionamiento con monedas euro, casi todo subió un 66%. Un café, por el que cobraban en un bar 100 ptas., pasó de un dia a otro a valer 166,386 ptas. El famoso “todo a cien” de los establecimientos chinos, pasaron a “todo a un euro).
    El poder adquisitivo machacó a los asalariados que, de repente veían como con las 5.000 ptas. de antaño se adquirían bienes y servicios, ahora había que pagar 50 Euros, es decir, 8.319,30 ptas). Y nos sedujeron con lo barato que estaba el dinero. Préstamos a euribor más X, con suelo y techo beneficiando directamente a las entidades financieras, facilidad de endeudarse para crear cadenas (en su acepción de atadura inmaterial) perpetuas entre los más desfavorecidos-. Y el dinero que nos prestó Alemania hay que devolverlo a Alemania…y nuestras Cajas de Ahorros lo devuelven a costa de desaparecer, porque los endeudamientos bilaterales con las entiades germanas vencían en cuatro o cinco años.
    Y así entramos en un Club donde solo la moneda es común, pero donde el IVA no está homologado, ni los salarios, ni la fiscalidad.
    Se da la paradoja que en España, por ejemplo, la Sanidad es gratuita para todo el mundo. Sin embargo, visitar un médico en la Seguridad Social en Irlanda conlleva unos honorarios de 30 euros por la visita.
    Con estos mimbres, nos vendieron un cesto imposible.

  4. Pingback: Carta abierta a la cúpula de la UE

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