15 de noviembre del 2017
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La intimidación

16 septiembre 2017 0 Réplicas Categorías: Análisis, Opinión

La nueva política surgió de las calles, las plazas, los centros comunitarios, las asambleas y las movilizaciones pacíficas. Pero, como casi siempre, fue causal. Las personas, decepcionadas, abandonadas a su suerte, víctimas de la impunidad, frente a la desmesura de los excesos de las redes de negocios, casi siempre en desmedro de los intereses nacionales y los abusos de poder. Las gentes encontraron modos de lamerse las heridas colectivamente. Fue una respuesta social a la notoria subversión de los valores identitarios de la democracia, entre los que destaca la igualdad ante la ley. Se sintieron desamparadas, desconcertadas y buscaron reunirse como defensa. Así, se desarrollaron respuestas eficientes y orgánicas al imperio del paternalismo de los centros de poder. Entonces, el desconcierto cambió de bando.

Porque debemos hablar de bandos. De sectores, que curiosamente salieron fortalecidos de las desvergüenzas de la denominada Transición. Estos grupos se han ido consolidando a lo largo de estas décadas, cada vez más explícitamente, al amparo de fisuras en las normas que se han ido creando como respuesta, a su vez, a esos movimientos de respuesta social. Todo basado en artilugios, picardías y trampas de los tunantes con poder. La muestra es el desborde en actos de verdadero terrorismo, como las operaciones de destrucción o robo de pruebas. Todo vale. Las diferentes velocidades en el ministerio fiscal sólo es un indicador.

Se ven obligados al exabrupto porque no se lo esperaban. Ciertamente, haciendo honor a su procrastinación, cuando tocar resarcir a víctimas, o a un estupor paralizante, sólo se pusieron en marcha efectivamente luego del riesgo cierto ante la pérdida del poder. Desde entonces, de manera visible, la brecha que se ha abierto en España, entre unos y otros, se está ensanchando. Los unos porque entienden que ya no se puede proseguir con la defensa de los privilegios de clase, de ideología partidaria o de profesión religiosa. A los otros, los podemos apreciar en las actuaciones contra los grupos que defienden la libre expresión. Son aquellos que se han preocupado de regresar a marcos de penalización más propios de los fundamentos franquistas, que de aquellos que desean ejercer la libertad de la democracia que nos hemos dado. Aquellos se pueden observar desde la virulenta campaña puesta en marcha para deslegitimar a los nuevos gobiernos surgidos de las elecciones municipales, véanse los fundamentos que esgrime un magistrado para anular un acto de apoyo a la libre expresión en el Madrid de Carmena, hasta la desmesurada acción psicológica y económica, desarrollada para impedir que se forme un gobierno de verdadera izquierda. De cambio de modelo.

Entonces, a manera de marcador, tenemos el tratamiento informativo también desmesurado que busca restar capital ético a los gobiernos de Madrid y Barcelona, especialmente. Servidumbres financieras de los grupos mediáticos. Pero no son los únicos. Desde todos los medios posibles se entonan los mensajes de episodios de aparente transgresión, hasta la presentación de las denuncias por parte de los grupos ultra religiosos. En este caso, escalonadas de tal manera que se anticipan una sucesión de eventos que judicializarán la gestión, con el único fin de procurar hacer ingobernable su labor. El diseño de leyes para reprimir de modo desmesurado todo intento de resistencia a ese paternalismo ideológico, religioso y económico, es una evidencia. Se persigue a quienes denuncian a los corruptos. Intimidante, ¿no?

No enumeraré los casos. Titiriteros, tuits, actos, etc. Son conocidos. Como es conocida la impunidad y la inequidad en la aplicación de sanciones insólitas que prevé la legislación puesta en vigor en esta última parte de legislatura. En cualquier caso, para la desesperación de estos arquitectos del apocalipsis, se siguen levantando las alfombras de la corrupción con toda la crudeza que supone conocer el alcance de esos desmanes, dando como resultado un panorama de lodazal y miserias construidas en torno al poder. La clave de la resistencia debe regresar a las plazas y al vecindario. A las aulas y a las calles. A las asociaciones y a los colectivos sociales que se sientan agredidos. Pero, sobre todo, no deben dejarse intimidar, haciéndose notar en las urnas. En esas a las que el señor Rajoy le teme. Tal vez, el presidente, no se explica aún porqué sigue siendo declarado persona non grata en su propia Pontevedra.

En cualquier caso, la dinámica de los acontecimientos se acelerará, y no me refiero ni a la cuestión catalana ni a las próximas elecciones. 

Todo, porque si pierden el poder, la presión sobre la actuación judicial en los casos que se tramitan se aliviará. Evalúen lo que ello puede significar si se profundiza la investigación de las rutas del dinero de la corrupción. Corruptos y corruptores en evidencia. De los comportamientos ciudadanos se deriva la creciente inquietud del PP y Ciudadanos. Harán lo posible para impedir que los españoles se expresen, mientras siguen mencionando que España está en peligro.

En eso coincidimos, pero por razones diferentes.

La fotografía de portada apareció en ABC
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Alberto Vila

Economista, Analista Político en Diario 16, Bastión Digital, La Réplica y Liverdades / Comunicación y RRPP / Me baso en información publicada
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