30 de abril del 2017
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A los jóvenes, con el deseo de que puedan alcanzar una vida mejor que la que tienen sus padres…con esta dedicatoria nada halagüeña comienza “Los estados del bienestar en la encrucijada[1]

Con la llegada de la industrialización las condiciones de vida cambiaron, la mayoría de los obreros vivían en núcleos urbanos, lejos de sus comunidades y familias que les proporcionaban ayuda en caso de necesidad. Esto significaba que habían de enfrentarse a enormes problemas si faltaba el jornal, debido a razones tales como los frecuentes accidentes de trabajo en la incipiente industrialización, la incapacidad, las enfermedades, la vejez o el despido.

Ante esta situación, durante el siglo XIX, algunos trabajadores lograron organizarse[2], copiando elementos gremiales y de las corporaciones de la Edad Media de ciertas profesiones urbanas creando lo que se dio a conocer como la Friendly Societies en Inglaterra o las Société de Secours Mutuelles en Francia, un tipo de clubes solidarios cuyos miembros debían pertenecer a la misma profesión/ocupación y pagar una parte del salario, en parte estas sociedades estuvieron en el origen del desarrollo de los sindicatos. Cuantos más obreros lograban organizarse, mas presión podían ejercer sobre los patronos, y esta presión se convertía en reivindicaciones para mejorar las condiciones de trabajo y conseguir unas condiciones de vida dignas[3].

Con el paso del tiempo y décadas  de luchas, los sindicatos de clase lograron innumerables conquistas políticas, sociales, materiales y morales. Estas, el grueso del desarrollo del Estado de Bienestar,  llegaron después de la IIGM influidas por el histórico informe Beveridge. Los siguientes treinta, los treinta gloriosos, se caracterizaran por el pleno empleo y la provisión de servicios sociales universales, en definitiva y ante la existencia de otro modelo social y económico al otro lado de telón de acero, el capital opto por el acuerdo con el movimiento obrero.

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Nada es eterno

Comenzada la década de los 70, se llegó a un «punto muerto» social entre las clases dominantes y los trabajadores, que desembocó en el estancamiento de las economías, la burocratización de los sindicatos (y las izquierdas) y las demandas de las clases capitalistas de un nuevo liderazgo más dinámico, capaz de desafiar al bloque colectivista y desmantelar sistemáticamente el Estado de bienestar[4].

El órdago neoliberal encabezado por la aventajada discípula de Friedman, Thatcher y  seguido por Reagan supondría el rechazo por principio del Estado del Bienestar, justificando su oposición en la incompatibilidad  con el progreso económico. El neoliberalismo[5] (monstruo amable) supone una ruptura del compromiso político entre los intereses del capital y los del trabajo sobre el común beneficio del Estado de bienestar, poniendo de relieve una gran dificultad para conciliar la economía capitalista de mercado y el compromiso social del bienestar.

Los fracasos frente a la crisis de los setenta provocaron además una pérdida de credibilidad de las políticas socialdemócratas y keynesianas y el neoliberalismo encontró una gran acogida en los partidos conservadores, las patronales y los sectores acomodados de la sociedad, que asimilaron con entusiasmo la limitación del papel estatal, los recortes sociales, la bajada de impuestos, y sobre todo, como de reducir el poder de los sindicatos[6].

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¿Por qué ganan los halcones?

Como ejemplo, en España, el crack del 2008 y las políticas neoliberales están arrasando con muchas de las conquistas históricas, y en su punto de mira tienen también el objetivo de acabar y/o debilitar a los sindicatos.

En este periodo, los sindicatos obreros han perdido unos 300.000 afiliados. Cierto que una parte importante de esta perdida tiene que ver con la pérdida de puestos de trabajo, pero también lo es que las encuestas hablan de que un 70% de los encuestados tienen poca o ninguna confianza en los sindicatos y que, en muchos casos, se ven como organizaciones serviles e institucionalizadas.[7]

Pero dejemos claro que los sindicatos[8] son una herramienta básica e insustituible para la defensa de los intereses de la clase trabajadora, y por eso mismo, gobiernos y patronales querrían limitar su peso e influencia, y que el antisindicalismo producido por voceros profesionales del establishment causa un tremendo daño a la conciencia colectiva. 

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Desde estas premisas se puede comprobar como:

El desempleado no cree y con razón, en la capacidad de los sindicatos y partidos de izquierda de defender sus intereses y demandas, por el contrario, sienten la estigmatización y abandono absoluto.

El obrero de cuello azul de las grandes áreas industriales esta hoy en peligro de extinción, por el contrario, el sector servicios cotiza al alza absorbiendo ingentes cantidades de precarios y becarios sin capacidad plausible de protesta y movilización en defensa de unos estándares mínimos de dignidad.

El maltratado sector publico, cada vez mas amenazado y raquítico por el empleo de los postulados “tacherianos”, sirve como cabeza de puente para mostrar las bondades de lo privado a costa de su debilidad, el “culto de lo privado” que diría Tony Judt.

El Emprendedor exitoso, como modelo idealizado, se ha impuesto en la conciencia social, convirtiendo a la mayoría social en clases subalternas y dependientes cuyo único destino es aceptar con resignación una realidad social impuesta, considerándoles “perdedores o subsidiados”

La complejidad territorial del estado Español interviene negativamente en la conciencia de clase, confundiendo las prioridades objetivas de las mayorías sociales, debilitando- cuando no impidiendo- la unidad de actuación de estas.

La diversidad de interese y conflictos, por otra parte, hace que las realidades de los movimientos sociales sean de lo mas heterogéneas y complejas, cuando no antagónicas, convirtiéndose así en otra debilidad.

La sociedad de la información y persuasión actúa, conscientemente o no, como altavoz de los postulados y propósitos neoliberales, exacerbando el consumismo y la anestesiación mental a través de la apabullante e incontrolada cantidad de información producida, de la cotidianidad del espectáculo-esperpento, de la normalización y vulgarización de la indignación, de la sustitución de la realidad social por la 2.0, etc.…

Con todo esto, en las sociedades actuales, desiguales, fragmentadas y desindustrializadas, con la identidad de las clases populares atomizada o desaparecida, con los derechos básicos bajo mínimos y con unos sindicatos vapuleados, los halcones sobrevuelan la presa.

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¿Solo una pesadilla?

Si creímos que el mundo laboral degradante y casi esclavista de las grandes fábricas del siglo XIX, las barriadas para obreros lúgubres, la mendicidad de los desvalidos en una sociedad sórdida eran pasajes de la maravillosa “Germinal”, estábamos muy equivocados.

Algunos aspectos de la desintegración del digno modelo social conquistado a través de las luchas pasadas, hoy se retratan a la perfección en “Los lunes al sol” de León de Aranoa, en “Hoy empieza todo” de Tavernier, en “Las nieves del Kilimanjaro”de Guediguian o en “Techo y comida”de J.M. del Castillo, aunque la realidad puede superar en muchas ocasiones a la ficción.[9]

Como hemos visto, la crisis del movimiento obrero[10] se debe a una multitud de elementos, aunque creo que el fundamental ha sido la perdida de “conciencia de clase”, todos creímos (y nos hicieron creer) pertenecer a clase media, de ahí la derrota.

A Owen Jones[11] en una ocasión le preguntaron: ¿No cree que muchos jóvenes consideran a los sindicatos una antigualla de la era pretecnológica?, él respondió: “¿Por qué es anticuado querer que los trabajadores se unan y se apoyen?”

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[1] Eloisa del Pino y Mª Josefa Rubio Lara, Los estados del bienestar en la encrucijada, editorial Tecnos, 2013.

[2] Emile Zola, 1885, Pág. 62. Los estados del bienestar en la encrucijada, editorial Tecnos, 2013.

[3] El régimen de bienestar continental, Bruno Palier, los estados del bienestar en la encrucijada, editorial Tecnos, 2013.

[4] El estado de bienestar occidental, auge, caída y bloque comunista, James Petras, 9/7/2012.

[5] El monstruo amable, ¿el mundo es de derechas?, Raffaele Simone, 4/2/2012, Publico.es

[6] Unas claves para entender el neoliberalismo, Reagan y Thatcher, J.A.Gonzalez Fuentes, 5/11/2008

[7] Retos del sindicalismo de clase, Sinpermiso.es noviembre Nº, 2014.

[8] Sin duda los sindicatos y partidos de izquierdas han cometido y siguen cometiendo errores, no trato aquí de ocultarlos, para la critica ( hay y ) habrá otras ocasiones, revisar antoniopecellin.blogspot.com.es

[9] El polvorín social donde los jornaleros ganan 2,5 euros a la hora, El País, 2/4/2016 o Limpiar casetas de noche en la feria de Sevilla se paga a 3,5 euros la hora, Andaluces.es, 10/4/2016.

[10] Utilizo clase trabajadora, clases populares, clase subalterna, trabajadores y movimiento obrero como sinónimos.

[11] 16/1/13, El pueblo contra el proletariado, El País.

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Antonio Jose Pecellín

Graduado en Ciencias Politicas y Máster en Intervención Social

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    2 Réplicas

  1. Miguel

    No estoy de acuerdo con mucho de lo expuesto, sobre todo con el tono continuista en la propuesta de soluciones a la situación actual. Tampoco con la visión de “gobierno” negativa en su forma de herramienta. Creo que esta visión conseguirá lo contrario a lo que supuestamente pretende. Creo que llevará a repetir errores que harán de esta una situación sumida en un círculo retroalimentado por posturas corporativistas que se alejen de soluciones y señalen unos como buenos y a otros como malos.

    Me explico y propongo.

    Si entendemos que la sociedad se organiza con una serie de herramientas con el fin de proporcionar a los ciudadanos un bienestar y unos canales para desarollarse y ser felices, no podemos criticar esas herramientas. No debemos.

    El Estado es una forma de organización que tiene como finalidad argumentar la vida en sociedad. En este estado deben convivir Gobierno (elegidos ciclicamente para aplicar las reglas) un poder judicial independiente, un poder legislativo emanado de la ciudadanía, un poder económico visible y todas las formas organizativas que se quieran o deseen.

    Sin embargo nuestra realidad es un poder económico invisible, que se manifiesta a través de los partidos políticos. Estos son lo más parecido a una banda callejera de estructura piramidal. Ejercen poder con violencia y falta de democracia desde dentro hacia afuera.

    ¿Cómo la democracia va a estar defendida por entes no democráticos?

    Siendo esta la situación, la lucha de clases es otra mentira más para separar a los ciudadanos. Los trabajadores son una parte de la sociedad, pero no lo son todo. Ni el ser trabajador es una condición en si misma, no es más que una circunstancia. Un autónomo trabaja y suele estar olvidado por esa lucha de clases. Un empresario responsable es tan necesario como un trabajador. Y si ambos cumplen las reglas, nadie debe estar demonizados por desempeñar el papel que desempeña. Si no caeremos en una expresión fácil de un problema sistémico.

    ¿Que deberes hay que cumplir para tener derechos?

    Es necesario cambiar la mentalidad y alinear un frente mucho más amplio de ciudadanos (en su condición de portadores de ciudadanía) que cumplen sus deberes para con la sociedad. Cumplir leyes, pagar impuestos.

    Y ciudadanos que no lo hacen. SICAV, políticos que legislan por intereses económicos, empresarios que se saltan las leyes, trabajadores que se quieren aprovechar del sistema…

    Eduquemos abandonando el corporativismo. Eduquemos sin destrozar lo que hizo el que estuvo antes. (La historia la escriben los vencedores y de los vencidos nunca suele quedar nada). Recuperemos lo que interesa, Sanidad pública y de calidad para todos. Educación pública y de calidad para todos. Seguridad pública. Etc.

    No caigamos en debates sobre partes del territorio, excluyendo a otras partes. Y no hablo sólo de terreno, la lucha de clases nos separa dado que no se ha identificado contra quien luchar. El empresario no es el enemigo. El corrupto, el defraudador sí lo es. Y no siempre son empresarios. Pueden ser políticos, empresarios o trabajadores, pero siempre egoistas.

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

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