17 de enero del 2019
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Me siento aludido, y con razón, por ese buen anuncio de Campofrío que retrata a los ofendiditos y al escaso sentido del humor que muestran tanto en las redes sociales como más allá del entorno digital.

Sí, yo soy uno de ellos. Uno de tantos que demuestran su indignación en las redes sociales con determinados asuntos que le tocan la fibra sensible; con artículos que lee, vídeos que ve o chistes que escucha.

En mi defensa, aludo que no todos los ofendiditos somos iguales:

No es lo mismo ofenderse porque Willy Toledo se ha cagado en dios e intentar llevarlo a la cárcel, que ofenderse cuando lees que la iglesia española no facilita los datos de pederastia a las autoridades o cuando el mismísimo Papa dice que la homosexualidad es una moda.

No es lo mismo ofenderse y llevar a juicio a un humorista porque en un sketch de ficción se suena los mocos con la bandera de España, a ofenderse porque la ultraderecha revienta una manifestación agrediendo a los manifestantes.

No es lo mismo ofenderse porque dos titiriteros realizan una obra de teatro crítica a ofenderse porque se vulneran de forma constante los derechos de las trabajadoras.

No es lo mismo ofenderse porque exista una procesión del Coño Insumiso y llevarlas a juicio, que ofenderte porque lees una noticia donde desahucian a una señora de 99 años.

No es lo mismo ofenderse por la última portada de Mongolia y boicotear sus actuaciones, que ofenderse porque se difundan alegremente bulos sobre el impacto de la emigración.

No es lo mismo ofenderse por la portada de El Jueves riéndose de la corona, que ofenderse por el enésimo encuentro del rey emérito con los responsables de una dictadura asesina.

No es lo mismo ofenderse con la justicia conservadora de este país de tu lado, que ofenderte sin ánimo de encausar a nadie y meterlo en un proceso penal.

No es lo mismo ofenderse por lo escrito en un artículo y expresarlo en la red, que ir persiguiendo a periodistas, insultándoles y amenazándoles.

Y no, tampoco es lo mismo ofenderse porque se culpe al patriarcado de los asesinatos machistas y se señale los privilegios de los hombres, que hacerlo porque el sistema sigue sin garantizar la seguridad de las mujeres.

Unos nos ofendemos por lo que creemos que atenta contra la justicia social, y otros se ofenden cuando ven sus privilegios peligrar. Lo siento, pero aunque algunos intenten meter a todos en el mismo saco, no somos los mismo unos ofendiditos que otros.

Reivindico pues el derecho a sentirnos ofendidos, pues desde este sentimiento han nacido muchas luchas que merecen la pena y han hecho evolucionar la sociedad.

Y no me llevéis la contraria, que me ofendo.

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Javier López Menacho
Escritor y Social Media Manager. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince, 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie, 2016) y Juan sin miedo (Alkibla, 2015) y SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital (UOC editorial, 2018). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

    Una Réplica

  1. Juanjo

    2-b) al parecer, la ultra-derecha y la ultra-izquierda, suelen acudir a provocarse en los actos que convoca el contrario. Lo normal sería ofenderse porque no sepan respetarse la libertad de expresión, y no sepan aceptar el sistema democrático que ambas explotan, sin proponer uno directamente dictatorial.

    2-c) No tengo ninguna evidencia (sobre una muestra de cientos de miles de personas), de que se hayan vulnerado los derechos de ninguna trabajadora en los trabajos que he desempeñado durante toda mi carrera profesional, pero sí puedo hablar de abusos impunes de la ley por parte de trabajadoras. Puede que haya sexismo en otros sectores y lo ignore, pero en el que conozco, se aplican las mismas medidas para desplazar a los hombres que en todas partes, sin que nadie sepa explicar la discriminación que se está aplicando. Puede ofender que se reclamen los derechos que dice, por suponer abuso, y preocupar la pérdida de productividad gigantesca que se produce al aplicar estas políticas donde no se deben aplicar.

    8)
    No entiendo la ofensa en culpar al “patriarcado” de los asesinatos machistas, pero no creo en la existencia del “patriarcado”, y no experimento ninguno de los privilegios que dicen. El porcentaje que observo de esos privilegiados, se encontraría en torno al 1-2% en mi dominio (el que sea) de la población masculina, y sin embargo soporto el prejuicio cada día desde hace 15 años. El “patriarcado”, me parece sólo una figura necesaria para justificar una teoría supremacista, y no su conclusión. Creo que existen asesinatos machistas (delitos de odio cometidos por hombres contra mujeres por el hecho de serlo), y creo que se tachan como de “machistas” otros que no lo son. Creo que se alimenta deliberadamente una industria, que se parece demasiado a la de la AVT, y me repugna.

    En realidad no parece importar la tipificación correcta del delito, tanto como su abundancia, y no me apetecería haberme librado del juego político macabro de apropiación de víctimas de la AVT, para padecer otro idéntico con el feminismo. Es agotador y muy lejos de cualquier aproximación al progreso.

    Además, creo que se utiliza la ley para producir un auténtico saqueo a decenas de miles de hombres cada año, e introduce en la convivencia, un juego permanente de amenazas y chantajes amparado por la violencia del Estado, y justificado con argumentos sexistas (nos costó mucho esfuerzo librarnos del sexismo en las leyes, pero no sirvió de nada, está otra vez). Una mercantilización de los derechos humanos inaceptable, porque descansa en la justificación de la violación de los mismos. Puede ud reflexionar sobre quién utilizó esas políticas en el pasado.

    ——
    No me ofende, pero me produce mucha tristeza vivir en un sitio que cada vez está más cerca de los carteles de “vivo o muerto” del salvaje oeste.

    Por último, decirle que me quedaré con mi abstención, como el 40% del censo andaluz, a quienes en realidad, les debe pasar lo mismo que a mí (no he hablado con ellos), que es estar hasta las narices de que se utilice el delito del otro para justificar el propio, y que siempre lo paguemos los mismos. Lo que realmente me gustaría es vivir en una sociedad que no me diera a elegir entre: fascismo, economía ultra-liberal, o sexismo hembrista (que contiene a los anteriores más los valores de la izquierda tradicional). ¿Se puede ud imaginar lo ofendido que estoy? Esto se va a la mierda.

    El día que aparezca un partido político con espíritu verdaderamente progresista, ganaremos con mayoría absoluta, estoy seguro, pero como la mayoría de personas de este país (es triste decirlo), no me siento representado en el escaparate de ninguna fuerza política, y estoy muy cansado de causas que pretenden la hegemonía y no la justicia.

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

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