18 de diciembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



En un juego democrático decente te dirían que eso es trampa, que no todo vale, que quedas expulsado de la partida. En España, el país de los trileros, el Partido Popular se ha agarrado al desafío soberanista como salvavidas político y erigido como garante de la unidad de España, en un momento electoral tremendamente delicado para sus intereses. Sabe que es su mejor baza para presentarse ante una población desencantada, a la que apenas ha convencido su discurso de la recuperación y de la falta de audacia comunicativa.

El asunto catalán es de tal magnitud que pretenden que pase por alto cuatro años de saqueo a las instituciones, redes clientelares, despilfarro público, desigualdad y precariedad económica. Y ojo, la jugada puede salirle redonda al partido de Rajoy. La derecha siempre capitalizó muy bien en las urnas su secuestro de la bandera y ahora que le ve las orejas al lobo, no podía reaccionar de otra manera. Así, aunque de puertas afueras aseguran que no usarán la cuestión catalana con fines electoralistas, lo cierto es que sus ministros ya han salido a la palestra potenciando el discurso de los dos bandos y usando el lenguaje prebélico en cuanto han tenido ocasión.

Fotografía de El Confidencial Digital.

Fotografía de El Confidencial Digital.

Justo cuando Podemos planteaba una división de actores políticos, entre los de arriba y los de abajo, los que están por el cambio y los que no, la derecha ha hecho un triple salto mortal hasta conseguir el mismo efecto en un contexto diferente. Los que están con España y los que están contra ella, aniquilando el resto del espacio ideológico y provocando el desplazamiento  de los problemas socioeconómicos de la primera línea política.

Y aunque la responsabilidad de Estado sugiera una negociación o, al menos, un acercamiento a las reivindicaciones de las fuerzas independentistas con el fin de buscar una salida consensuada a su encaje dentro o fuera de España, la derecha dilata y alimenta el conflicto, sabedora que distrae la atención de manera efectiva. La complicidad de Junts Pel Sí en pleno escándalo del 3% es más que evidente.

Y es que, aunque suene desconcertante en relación a lo vivido estos últimos años, hay personas en España que aun estando en paro, teniendo un empleo precario, un sueldo indigno, aunque sus hijos hayan emigrado o hayan visto frustrarse sus esperanzas de un futuro mejor; debido al peso de la costumbre, por sentimiento, porque descienden de familias que se vieron afectadas por la guerra civil o, simplemente, por identificación con unos límites territoriales con los que ha vivido toda la vida, asocian la defensa de España al Partido Popular. Aunque hayan sido el bipartidismo quienes más daño le haya hecho al país durante la última década.  Y en ese contexto, con el monopolio del patriotismo en su haber, los medios de su lado y apoyo de las estructuras del estado, Rajoy tiene las de ganar o, al menos, la de no perder de la misma forma.

El último agarradero del presidente de España es el mástil de una bandera que, de no evitarse, pudiera terminar destruyéndose de tanto hondear de su mano.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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