13 de diciembre del 2017
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Todos los veranos vuelve, como una maldición, la monserga neoliberal de que el obrero no puede disfrutar de unas merecidas vacaciones, comer un chuletón de ternera o tumbarse en una tumbona en las playas de Conil. La última muestra, el baño en la piscina de Alberto Garzón, que ha desatado el estupor entre el ejército neoliberal. Algo tan simple como darse un chapuzón, criticado por una legión de librepensadores que señalan las contradicciones de la clase obrera y trabajadora. Nadie con dos dedos de frente se le ocurriría criticar que un trabajador está en su tiempo libre bañándose en una piscina. A ellos sí, y lo mezclan con todo tipo de insultos gratuitos propios de la más baja estofa. ¿Quiénes son? Los reconocerás porque son los mismos que aseguran que Miguel Blesa murió por el acoso de los preferentistas.

 

Aunque parezca de perogrullo que el beneficio obtenido por el trabajo que se realiza, ya sea el sueldo o el tiempo vacacional, lo gasta uno en hacer lo que quiere y como quiere, la discusión revive como un muerto viviente impulsado por medios de dudosa reputación. Porque aunque la lógica de esa crítica siempre ha estado por los suelos, interesa inocular la idea de que cualquier líder de la izquierda esconde tras la batalla ideológica, un enorme afán de lucro. Ya conocemos esta táctica, asegurar que todos son iguales para que mis privilegios permanezcan indemnes. Porque si hablamos de contradicciones, ¿no se trata de una de las grandes consignas liberales, que tú puedes hacer con tu tiempo y dinero lo que te venga en gana?

Pues no, ahí los tienes, agitando la discusión más absurda, tan insoportable como la canción del verano, inmiscuidos en el tiempo libre de un trabajador. Y es que tras esta perorata, sólo se esconde su odio de clase y aporofobia. Por eso dicen primero que las vacaciones son voluntarias y luego critican a quienes las usan para disfrutar de su tiempo libre. No hay cosa que más les escueza que un obrero a su lado, en el chiringuito de playa, tomándose un mojito. Les duele poder encontrarlos mientras salen en yate, en las reuniones de la ejecutiva y teniendo voz y voto en las decisiones de la sociedad. Un día puede, los privilegios serán un derecho de todos y eso no se puede permitir.

Así que como el año que viene la discusión volverá sí o sí -los sicarios del capital siempre están dispuestos a echarle gasolina-, independientemente de la contundencia de la contrargumentación, desde La Réplica os damos este consejo: Disfruten de sus vacaciones, suban las fotos que les apetezca a las redes y relájense. Si les pica, que se rasquen.

 

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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