17 de diciembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



En la primera parte de este artículo expusimos el famoso experimento de Stanley Milgram donde se probaba la facilidad con la que el individuo sometía su voluntad ante la autoridad. Pero no quedan aquí los ejemplos que demuestran lo dóciles que somos a la hora de obedecer órdenes, como el lector podrá comprobar si continúa leyendo.

LA TERCERA OLA: LA REPRODUCCIÓN A PEQUEÑA ESCALA DE UNA DICTADURA

En 1964 en el instituto Cubberley High School de Palo Alto en California tuvo lugar una experiencia singular. Imaginemos a un profesor de historia contemporánea al que un alumno le pregunta cómo fue posible que el pueblo alemán permitiera que el régimen nazi acabara con la vida de millones de judíos y otros colectivos “indeseables”. Este profesor se llama Ron Jones. A pesar de sus esforzadas explicaciones, la mayoría se sus alumnos adolescentes continúan sin entender cómo aquella situación pudo llegar a producirse y, los pocos que la comprenden, dudan de que tales sucesos pudieran volver a repetirse. El profesor Jones, incapaz de hacérselo entender a sus alumnos con palabras, decide realizar un ejercicio práctico a lo largo de la semana:

Primer día – Lunes: En el primer día del ejercicio, Jones comienza con cosas simples y aparentemente inocuas como instruir a sus alumnos sobre una manera especial de sentarse, a la que llamó “posición de atención”. Es una posición donde el alumno debe estar sentado con los pies juntos, las rodillas dobladas en ángulo recto, las manos cruzadas a la espalda para facilitar la rectitud de la columna y la cara de frente. De esa manera se podía pasar de la posición de pie a la posición sentado de forma inmediata. A los pocos minutos de ejercicios progresivos, el grupo podía cambiar desde una posición de pie, fuera de la clase, a una posición sentada en sus escritorios en tan sólo cinco segundos y sin hacer ruido. Jones empieza a actuar de una forma autoritaria a través de una estricta disciplina. Ordena a los alumnos que permanezcan sentados en la posición de atención hasta el último sonido de la campana. Realiza preguntas que deben ser contestadas en tres palabras o menos. De igual manera, estimula a sus alumnos a que hagan un gran esfuerzo a la hora de preguntar o responder algo y también les enseña a actuar de manera rápida y cortés. Al formular una pregunta, o al responder, deben ponerse de pie junto al escritorio y empezar diciendo: “Sr. Jones”. Los alumnos que no se atienen a esas normas son sancionados y se les hace repetir las reglas hasta su perfecta ejecución. De esta manera, y en tan sólo un día, Jones consigue dentro de la clase una conciencia de grupo y un aumento de la eficiencia de sus alumnos.

La película de La Ola (2008) refleja perfectamente este experimento.

 Segundo día – Martes: El grupo se halla fuertemente unido y Jones otorga al movimiento el nombre de “La Tercera Ola” ya que, según la creencia popular, la tercera es la más fuerte de una serie de tres olas. Jones impone un saludo al estilo militar muy parecido al realizado por los nazis. Igualmente ordena a sus alumnos que dicho saludo lo deben realizar tanto dentro como fuera de clase, a lo que todos obedecen. Jones hace repetir continuamente a sus alumnos al unísono las frases: «Poder a través de la disciplina»; «Poder a través de la comunidad». Muchos estudiantes de otros cursos piden integrarse en el grupo.

Tercer día – Miércoles: Jones entrega tarjetas de socio a sus estudiantes. El grupo aumenta de 30 a 43 miembros. Elige a tres alumnos para que denuncien a todos los compañeros que no cumplan con las reglas. A pesar de ello, son al menos una veintena de alumnos los que empiezan a actuar de soplones, informando a Jones sobre el incumplimiento de las normas por parte de algún compañero. Un alumno se autoasigna como guardaespaldas del profesor Jones y empieza a seguirlo por todas partes. Jones da discursos sobre el valor de la comunidad, la disciplina, la acción, la lealtad, etc. Los alumnos se sienten satisfechos y su rendimiento académico mejora. Jones establece distintas tareas como el diseño de un emblema y una bandera para el movimiento, llevar un uniforme (camisas blancas), impedir el ingreso en el aula de extraños, recordar el nombre y dirección de cada miembro del grupo, etc. También encarga a cada uno de sus estudiantes que reclute al menos a otros veinte muchachos de la escuela. En sólo tres días el experimento empieza a contagiar no sólo a los estudiantes del centro sino incluso a profesores y directiva (el director comienza a saludar a Jones con el típico saludo de la Tercera Ola). Al final del día, son admitidos más de doscientos alumnos en el nuevo orden.

Cuarto día – Jueves: Por la mañana, Jones recibe amenazas del padre de un alumno que había estado preso por los alemanes durante la guerra. Lo esperaba a la entrada de clase, la cual había destrozado durante la noche. El movimiento está empezando a afectar seriamente al funcionamiento de la escuela. Muchos alumnos del centro, así como de la facultad, están faltando a sus clases para participar en las actividades de la Tercera Ola. El experimento está fuera de control. Además, Jones se sorprende a sí mismo sintiéndose inquietantemente cómodo en el papel de dictador. Todas estas circunstancias, unidas a la pasmosa obediencia de sus alumnos, le hace tomar la decisión de preparar el final del experimento. Jones convoca a sus alumnos y explica que La Tercera Ola es un programa organizado a nivel nacional para buscar estudiantes que quieran luchar por obtener cambios políticos. Continúa informando que a través del país, profesores como él han estado instruyendo y entrenando una joven brigada capaz de mostrar a toda la nación una mejor y nueva sociedad. Asimismo, Jones anuncia que al día siguiente un candidato nacional a la presidencia proclamaría por televisión la existencia de este movimiento nacional y que simultáneamente a este anuncio, más de mil grupos de jóvenes de todas partes del país harían demostraciones de apoyo a este movimiento. Jones ordena a los asistentes que vayan a presenciar el comunicado al día siguiente en el auditorio de la escuela. Sólo serían admitidos miembros de la Tercera Ola. El anuncio es recibido con gran excitación por parte de los alumnos.

Quinto y último día – Viernes: Media hora antes del supuesto comunicado, los alumnos empiezan a entrar en fila india en el auditorio con banderas de la Tercera Ola. No hay ni un asiento libre. Más de dos centenares de alumnos en silencio miran ansiosos el equipo de televisión. Falsos periodistas se encuentran también presentes (en realidad amigos de Jones actuando como reporteros y fotógrafos). Jones anuncia que quedan sólo cinco minutos para el comunicado pero antes, para demostrar a la prensa la disciplina del movimiento, hace el saludo especial de la Tercera Ola, seguido inmediatamente por sus alumnos. De igual forma grita varias veces «Poder a través de la disciplina» a lo que todos responden en coro con la misma frase. A las doce en punto, Jones enciende la televisión. Todos esperan impacientes a que aparezca el líder supremo de la Tercera Ola haciendo su comunicado. Pero la pantalla no muestra nada. La tensa espera dura varios minutos, el ambiente es cada vez más tenso. Ante la incredulidad de sus alumnos, Jones comienza a hablar con estas palabras: «Escuchen claramente, tengo una cosa muy importante que decirles: no hay ningún líder. No hay nada que se parezca a un movimiento llamado “Tercera Ola”. Ustedes han sido usados, manipulados, empujados por su propia voluntad hacia el lugar en que se encuentran en este momento. Ustedes no son mejores ni peores que los nazis alemanes que hemos estado estudiando». Y continúa: «Ustedes pensaron que eran los elegidos, que eran mejores que los que están fuera de esta sala. Ustedes vendieron su destino y su libertad por la comodidad de la disciplina y la superioridad. Eligieron aceptar el deseo del grupo y la gran mentira de su propia convicción y creyeron que sólo lo hacían por diversión, en un comienzo, y que podrían salirse en cualquier momento, pero, ¿hasta dónde habrían llegado? ¿Qué tan lejos podrían haber ido? Déjenme mostrarles su futuro…». Acto seguido, Jones proyecta una película con imágenes del Tercer Reich, de Hitler, de las multitudinarias concentraciones nazis de Nüremberg, de los campos de concentración, etc. Al acabar la película Jones concluye: «Todo el mundo debe aceptar la culpa. Nadie puede declarar que no tomó parte alguna». El experimento había finalizado.

 

EL FINAL DE UNA PELIGROSA FANTASÍA

La mejor explicación de lo que ocurrió en este instituto californiano allá por los años sesenta, se encuentra en las propias palabras del profesor Jones. Y esta misma explicación es la que ofreció a sus alumnos el último día del experimento.

Volvamos por última vez a aquella mañana del viernes. Tras ver la película del régimen nazi y ante la consternación del auditorio, como si hubieran despertado de un profundo sueño, Jones continuó hablando a sus alumnos de esta manera: «Todos hemos sentido durante la última semana qué era vivir y actuar en la Alemania nazi. Aprendimos qué se siente al crear una sociedad disciplinada, al construir una sociedad especial y rendir pleitesía a esa sociedad, someter la razón a través de reglas. Sí, todos hubiéramos sido buenos alemanes. Nos habríamos puesto el uniforme, habríamos vuelto la cara ante nuestros amigos perseguidos y encarcelados. Nosotros mismos habríamos echado el cerrojo».

El auditorio escuchaba en silencio. Jones proseguía: «Cada uno de nosotros ha sido testigo de algo la semana pasada. Hemos podido comprobar que el fascismo no son sólo cosas que esa gente hizo. No. Está aquí, en esta sala, en nuestros propios y personales hábitos y formas de vida. Remuevan la superficie y aparecerá. Es algo que está en todos. Lo llevamos como un virus». Jones bajó el tono del habla y casi en un susurro, finalizó diciendo: «Si habéis logrado comprender la mentalidad fascista, ninguno de ustedes admitirá jamás que estuvo presente en esta reunión final de la Tercera Ola. Como los alemanes, tendrán problemas para admitirse a ustedes mismos que llegaron tan lejos. No permitirán a sus amigos ni a sus padres saber que hubieran podido entregar su libertad personal y el poder individual a los dictadores o a un líder invisible. No pueden admitir que fueron manipulados, que fueron seguidores, que aceptaron la Tercera Ola como una nueva forma de vida. Ustedes no admitirán que participaron en esta locura. Harán de este día y de esta reunión un secreto y es un secreto que yo compartiré con ustedes».

Se produjo un largo silencio. Algunos alumnos se abrazaban. Otros lloraban. La mayoría de ellos se levantaron lentamente y, sin palabras, abandonaron la sala.

Muchos años más tarde, los estudiantes que participaron en la experiencia de la Tercera Ola continúan evitando hablar del tema.

 

Continuará…

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Antonio Romero

Doctor en Psicología por la Universidad de Sevilla. Profesor en el departamento de Psicología de la Universidad de Cádiz. Es autor y coautor de diversos libros académicos, a destacar “Psicoterapia” (Absalon ediciones, 2010) y Psicología del ciclo vital: desajustes y conflictos (El gato rojo, 2012), así como de diferentes artículos en revistas especializadas.

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