10 de octubre del 2018
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La política espectáculo del siglo XXI parece continuar con la designación de ministerios por parte de Pedro Sánchez, inmerso en el mejor momento de su carrera política, con un gabinete de comunicación plenamente engrasado y unas expectativas electorales a años luz de las que imaginaba hace solo medio año.

El líder del PSOE ha sabido desembarazarse de sus herencias políticas para conformar un equipo de gobierno capaz de contentar a sectores estratégicos de la vida pública, escalonando sus designios de forma magistral y nombrando algunas figuras que gozan de gran respaldo popular –Pedro Duque, por ejemplo-. Además, su equipo manda un mensaje de viraje significativo en cuestión de género. Con todo, el ejecutivo de Sánchez desprende ese conocido tufo a liberalismo económico tan propio del PSOE contemporáneo, con una ministra de economía, Nadia Calviño, cuya figura ostenta casi todas las palabras que les gusta a los poderes económicos (conocimiento de los bancos, entendimiento de los mercados, reformadora y pragmática), un ministro de interior, Grande-Marlaska que es, como poco, conservador a secas (archivó el Yak-42 y estuvo en contra de los activistas del 15-M) y un ministro de exteriores cuyo apodo es “El azote del soberanismo“, un gran honor. Hasta su ministro de cultura, cuya trayectoria televisiva lo condena injustamente a la sorna, aboga en sus perfiles públicos porque compres sus libros en Amazon.

A vuelapluma, el equipo de Sánchez puede repetir el efecto Zapatero. Es decir, que después de un gobierno ultra conservador, suponga una bocanada de aire cuyo efecto se magnifique. Que tenga efecto sobre algunas libertades individuales, pero escasa preocupación por las necesidades colectivas y un sometimiento íntegro a la ley de los mercados. Sea como fuere, es pronto para decirlo. Porque, ¿qué se sabe del equipo de Sánchez más allá de una comparecencia ante los medios sin preguntas? Poco o nada.

Y es que volvemos a caer en viejos vicios del pasado, más allá de quiénes van a gobernar, lo que es necesario explicar a la ciudadanía es cómo van a gobernar, con qué objetivos y, sobre todo, para quiénes van a gobernar. Líneas maestras en el escaso margen de maniobra que tienen detrás. A disposición de qué segmento poblacional están. Si van a hacerlo para una mayoría social e ir de frente contra la precariedad y las desigualdades aunque tenga un coste político y personal, o si ejercerán el poder como una forma de vida, para acercarse a las élites y perpetuarse en la primera línea política.

Es obvio que la respuesta no será tajante ni inmediata, pero también es obvio que la exigencia de la ciudadanía debe ser máxima cuanto antes y no perderse entre fuegos artificiales ni la mercadotecnia. Tenemos el deber de seguir trabajando la vida política al margen de los partidos y los nombres que gobiernen. No es baladí esta argumentación, los grandes y más significativos cambios políticos de los últimos tiempos han llevado la presión ciudadana detrás.

 

La fotografía es de La Vanguardia.
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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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