21 de septiembre del 2018
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Para comprender la situación de la gestión hídrica en España hay que ver el bosque en su conjunto, no quedarse en el árbol, parcelando la dimensión-agua como único agente catalizador del fraude.

Desde que la Unión Europea nos subvenciona, hemos renunciado a resolver problemas de forma resiliente -con nuestros recursos propios y sin depender de dineros de fuera-, aprovechando nuestra agua residual, como siempre se hizo, imitando en lo posible a la Naturaleza. Como eso no consume suelo, no demanda infraestructura, no tiene obsolescencia programada que rentabilizar con jugosas licitaciones, no interesa. No es el agua, eso es sólo la superficie de un profundo pozo.

Es una debilidad de todos los gobiernos, igual les daba a unos por megaproyectos de transvase de agua entre comunidades, como a otro llenar las costas de desaladoras que en su mayoría están sin funcionar: no es cuestión de repartir bofetadas. El hecho es que los gestores de las Cuencas Hidrográficas en España olvidan -consciente o inconscientemente- las tecnologías que resuelven el problema sin demandar grandes inversiones en infraestructuras: sin lodos, sin combustibles, sin emisiones, sin olores, sin ruidos…sin obsolescencia programada, claro: me refiero a la depuración natural.

Si reconocemos una dificultad en la gestión del agua a nivel municipal, se puede dimensionar la demanda de depuración para disfrutar de una valorización completa, tanto del agua residual, como de los residuos orgánicos, que pueden tratarse. De hecho, se nos cobra un impuesto por depuración eficiente y, sin embargo como no lo hacemos, Bruselas nos acaba multando: vuelve a salir el dinero de nuestros bolsillos.

En los países del sur de la UE se ha estandarizado la externalización de las aguas residuales municipales a grandes empresas, concretamente un 90% a dos: AGBAR y FCC; los hechos hablan por sí solos después de las noticias recientes: a golpe de infraestructura no se enmienda el entuerto. La ciudadanía se merece una valorización de todos sus recursos, al menos que se auditen varias posibilidades de resolución, más allá de alimentar el apetito de estos lobbies.

Finalmente abonamos unas tasas por depurar “correctamente” -aquí está la enjundia- que van por el desagüe para acabar pervirtiendo el sistema: el agua también tiene puertas giratorias.

¿Es necesario desalar tanta agua? ¿Se pueden aplicar los principios de la Economía Circular al agua? Tener petróleo para quemar es una razón peregrina, conseguir dinero para infraestructuras innecesarias, como de “interés estratégico” (sí, ése es el eufemismo), acaba siendo una condena de años de secuestro de la soberanía en la gestión de nuestra agua pública, aunque se empeñen en privatizarla. ¿Será más sostenible una correcta depuración que recircule el agua?

Las desaladoras no son inocuas, un agua muy saturada de sal, demanda de unos diseños adecuados para su dispersión. Además, el inventariado de estos es más bien escaso, según lo recogido en el trabajo de investigación que recientemente he publicado ; por lo tanto, parte de las especies animales y vegetales que habitan en el litoral encuentra su ecosistema salinizado, más allá de su capacidad de adaptación. Limitar las bondades de la desalación al coste energético es una visión sesgada de su realidad. Por supuesto que existe desalación con fuentes renovables, pero aún son escasas estas plantas, su tecnología está contrastada como eficiente desde hace décadas: tenemos el conocimiento, pero las reglas del juego dejan a actores importantes fuera de la partida.

Desde Bruselas han pasado de los apercibimientos a las multas, y la ciudadanía ya cuestiona la gestión de nuestra Administración Pública. Empieza a materializarse cierto empoderamiento cívico ante tremenda tropelía, me consta que en la isla de Tenerife hay un ejemplo paradigmático: vecinos que quieren depuración natural y gestores que prefieren depuración industrial, empecinados en defender sus “infraestructuras de interés estratégico” que sólo pretenden alimentar a estos lobbies, poniendo la mano para obtener financiación de la UE, como si no fuéramos nosotros también parte activa de esta institución supranacional: hay mejor forma de invertir ese dinero.

 

 

Relacionado: Documental Trileros del agua.

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Fátima Campos

Fátima Campos

Dr. Ingeniería del Terreno, Máster en Gestión y Auditoría Ambiental, Licenciatura en CC Químicas, y afiliada a EQUO-GC.
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