13 de junio del 2018
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Recuerdo cuando era un crío, a principio de los años noventa, cómo nos bombardeaban con noticias y anuncios de prevención contra el SIDA. Aquella oleada de información, en la que incluso enseñaban al alumnado menor de edad cómo poner un preservativo o que si nos drogábamos (cosa que no debíamos hacer, decían) no compartiésemos agujas.

A día de hoy la gente sigue sin diferenciar SIDA de VIH, o desconoce cómo se contagia o cómo se consiguen avances contra esta enfermedad. La gente mantiene también su serofobia: miedo, aversión, repulsa, discriminación y desprecio hacia las personas seropositivas.

Seropositiva es aquella persona portadora del virus. El virus en sí se llama VIH, de Inmunodeficiencia Humana. Es decir, que debilita el sistema que combate las enfermedades. Sin esta armadura, las personas con VIH se vuelven más vulnerables ante cualquier enfermedad y corren el riesgo de pillar un resfriado antes que cualquiera, por poner un ejemplo.

Cuando alguien con VIH no trata su dolencia, no lleva un seguimiento médico con su correspondiente dosis de medicación, puede derivar a SIDA. Cuando el paciente advierte un conjunto de enfermedades (síndrome) derivadas del VIH, al no llevar tratamiento, pasa al último estado llamado SIDA (Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida). Por tanto, una persona con VIH no necesariamente tiene SIDA, pero alguien con SIDA sí es portador del VIH, en ambos casos son seropositivos.

Los avances en todo este tiempo han sido agigantados, llegando casi a la curación. Un paciente afectado de VIH si se pone en tratamiento nunca llegará a tener el SIDA. Con dicho tratamiento puede volverse indetectable, es decir, su carga viral se reduce al mínimo. En otras palabras, si un paciente que descubre su estado serólogico se pone en tratamiento puede llegar al punto que este virus sea casi neutralizado, aunque seguirá siendo portador.

Corrientes científicas han llegado a demostrar que alguien con carga viral indetectable no es capaz de contagiar, pero siempre se recomendará el uso del preservativo. Todos y todas a estas  alturas sabemos que se contagia por fluidos sexuales y por sangre, es decir que ni por el aire ni por la saliva corremos peligro alguno de contagiarnos.

Toda fobia es irracional, pero las fobias sociales son las más dañinas, atentan contra personas. El grado de mezquindad aumenta cuando se trata de una enfermedad, pero ignorar que no existe riesgo de contagio, que ser portador no significa tener SIDA (estar enfermo) o que gracias a la ciencia alguien con VIH puede ni siquiera contagiarlo… esa ignorancia que muchas personas tienen debe ser frenada con información útil, precisa y al alcance de todos.

Ya que todo el mundo sabe colocarse un condón o que no debemos compartir jeringuillas, va siendo hora que nos digan qué es eso del VIH con buena y clara formación, en lugar de tanto lazo rojo reducido al día 1 de diciembre.

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Profesor de Educación Primaria especializado en el ámbito LGTBIQ. Estudió diseño y trabajó con una beca en Alemania en el terreno de la integración.

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