16 de octubre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Durante el pasado referéndum del 1 de octubre en Catalunya una parte importante del colectivo de personas mayores de 65 años se movilizó para ejercer su derecho legítimo a votar.

El referéndum no se pudo celebrar con plenas garantías legales debido a la negativa del Gobierno español a reconocer que algo estaba cambiando en la sociedad catalana. ¿Cómo han podido obviar lo sucedido durante los últimos años y no hacer nada inteligente para gestionarlo? En el caso de Catalunya no sólo ha confluido la crisis económica, el declive del Estado de bienestar, la pobreza y miedo por el futuro; también lo ha hecho un fenómeno adscrito a su territorio calificado como desafección hacia España gestada desde el neofalangismo ideológico de la FAES y provocada por la sentencia contra el Estatut de Catalunya en 2010. Esto ha motivado una crisis del modelo territorial del café para todos. La taza de café en Catalunya se rompió tal y como gráficamente ha expresado recientemente y de forma brillante el suplemento semanal del diario vasco Berria Igandea:

La presencia de todos estos factores en Catalunya unida a la indignación, a una dosis precisa de nacionalismo y una creciente presencia de movimientos cívicos y populares, dispuestos a hacer política desde abajo, han acabado conformando el proceso de desafío independentista como han calificado en términos quasibélicos el establishment económico y de medios de comunicación de España.

Los gobiernos de Artur Mas y Carles Puigdemont han articulado la desafección catalana y parte de la “indignación” de muchos ciudadanos hacia una nueva reivindicación en la que nadie creía hacía ni diez años: la independencia de Catalunya. CiU cerró escuelas y hospitales, sí (empujados a su vez por los recortes del gobierno central). Pero tuvieron que tragarse su indignidad dando cabida a un socio de gobierno antinatura como eran las CUP y ser obligados a un ejercicio que al menos en España no se ha producido (y esa es la diferencia): montar comisiones con capacidad mediática y de cierta solvencia para someter a juicio el caso Pujol, los abusos de los Mossos d’Esquadra en el desalojo de plaça Catalunya del 15-M e impedir la elección del presidenciable Artur Mas en 2015. Las comisiones de investigación de los casos de corrupción del PP – casos proporcionalmente mucho mayores – han parecido guiones de ficción esotérica tan fútiles e inanes como los productos milagro de teletienda.

Nada hacía prever hacía 7 años (se sitúa 2010 el año en que el independentismo comienza su punto de inflexión) que a día de hoy, este descontento haya puesto en jaque al Estado español simbolizados por una movilización que es dudoso que sea ampliamente mayoritaria pero en ningún caso como se ha señalado irresponsablemente sea una cuestión de una minoría. No hay más ciego que el que no quiere ver. Y además, sin violencia. Desconcertante e inaudito si nos atenemos al modus operandi que muchos procesos similares han tenido lugar en otros momentos de la historia. Tanto, que la respuesta del jefe de Estado – el monarca Felipe VI – se limitó a un burdo intento de emular al padre, no siendo lo suficientemente inteligente  – a pesar de sus reconocido y henchido currículum académico – de plantear una solución más allá del arcabucerismo y aporelloísmo que tan trágicos recuerdos han traído a la historia de España. La estampa folklórica de un príncipe ridículamente ceremonioso amenazando implícitamente con el uso de la fuerza bruta para no generar inquietud en el IBEX 35 y en el palco del Bernabéu nos traslada al Venceréis pero no convenceréis que Miguel de Unamuno contestó al legionario Millán Astray en 1936. Apagar fuego con gasolina, se le llama.

El historiador Xavier Casals ya atribuyó en 2012 a tres los elementos que motivarían la situación actual: el agotamiento del modelo autonómico y del 78; el crecimiento exponencial de desafección hacia España generado por la intoxicación que desde 1996 han venido vociferando numerosos medios de comunicación españoles (la caverna mediática); y el tercer elemento es el ya comentado de los desequilibrios y pérdida de poder adquisitivo de las clases trabajadoras producida por la crisis económica.

Cegado por su patriotismo en modo “hooligan”, Rajoy y su fiel escudera Soraya Saenz de Santamaría, confiaron una solución cortoplacista de estrategia de la tensión desde la posición del fuerte contra el débil en una asimetría de fuerzas evidente que les condujera a una victoria fácil. En todo conflicto asimétrico, la parte débil se ve obligada a generar potentes anticuerpos de supervivencia confiando a la inteligencia y astucia a superar las barreras que el Estado de derecho y sus mecanismos de coerción legales puede aplicar.

Y entonces, ocurrió.

Catalunya entera fue un enorme caballo de Troya: cada urna electoral parecía un E.T. escondido entre sábanas; la táctica del despiste del president Carles Puigdemont para ejercer el voto, recordó la huída de un maqui; el montaje logístico de papeletas y recuentos invocó el espíritu pandillero de “Los albóndigas en remojo”. A todos ellos se unió un ejército de abuelos y abuelas practicando el “joc de les arrenca cebes”. Y su pacífica insurrección sólo pudo ser parcialmente sofocada por la fuerza bruta de las porras y la violencia de una policía que recordó los peores tiempos de la Brigada Político-Social. La prensa internacional dejó en evidencia la pobre salud democrática de un gobierno imputado hasta el tuétano

¿Cómo es posible que todos los resortes de un Estado de derecho no pudieron parar a Troya, E.T., los Albóndigas, el maqui y los iaios? Ridículo internacional a tenor de lo publicado. Y difícil realizar una lectura diferente a “humillación del gobierno español por incompetente”. A tenor de la última reunión Rajoy-Sánchez producida este miércoles 11 de octubre acabe imponiéndose la lógica del poder económico y los equilibrios e intereses geoestratégicos internacionales a favor del Estado español. Pero no borrarán las portadas de todos los diarios internacionales y quedará registrado en las hemerotecas y libros de Historia. Y lo saben: la violencia es el recurso de los incompetentes como así quedó retratado el gobierno del PSOE en los años 80 creando el GAL y matando víctimas inocentes para luchar contra el demonio de aquel entonces: ETA. O el gobierno del PP imaginando armas de destrucción masivas para justificar un ataque militar que significó una patada a un avispero que ha vomitado miles de fanáticos terroristas contra Occidente.

Así pues, a nadie sorprenda la tragicómica situación creada el 1-O, de abuelas y abuelos insurrectos evocando la pandilla de Chanquete cantando el “no, no, nos moverán, de la escuela de mi nieto, no nos moverán”. Muchos de ellos no fueron a votar porque desearan la independencia en ninguno de los sentidos. Sólo querían defender desde su lógica y sentimiento de legitimidad y justicia que se trataba de democracia y no de independencia. Y no haber interpretado esto ha llevado al gobierno español actual a cometer un error grave que la Historia juzgará con todo rigor.

Esta imagen circuló por la red tras el 1 de Octubre.

 

Los abuelos y abuelas sacaron las castañas del fuego que es lo mejor que saben hacer. Van a lo suyo, cargados de razón y no hay quien los pare. Ellos que cuidan de sus nietos, que acogen a hijos desahuciados, que han salido a la calle a defender sus derechos, organizándose en comandos iaioflautas a protestar por las injusticias sociales derivadas de la crisis económica de 2008, después de haber soportado la represión franquista, de haber sido perseguidos muchos por los grises, haber sido represaliados políticos y sindicales, de haber sido mujeres preclaras y haber predicado en el desierto en el contexto de una Transición machista y violenta por los derechos de la mujer…¿a ellos y ellas les vas a hablar de que ir a votar era ilegal? ¿Era necesaria esa actuación ya que al fin y al cabo el referéndum no tenía efecto legal alguno?

El gobierno y buena parte de la sociedad que ha mirado hacia otro lado delante de la violencia han abandonado a sus mayores y la salud democrática y ética de una sociedad se mide por cómo trata a sus mayores. Se sienten engañados y ven cómo el consenso del 78 ha sido un espejismo que se ha disipado en cuanto han venido mal dadas. Difícilmente recuperaremos su confianza. Se replegarán y se refugiarán en su último paraíso que es el de la familia, sus hijos y sus tesoros más preciados que son los nietos.

La Constitución y la legalidad vencerán, pero no convencerán. Tampoco arreglarán la tacita de café de la abuela ni evitarán que su derrota tenga una dignidad que la victoria no conoce, Jorge Luís Borges dixit.

……………………..

Hemos querido preguntarles a algunos de ellos que fueron a votar y cómo vivieron lo que fue la “fiesta” de la democracia del 1 de Octubre.

1.- ¿Por qué ha venido a votar?

2.- ¿Qué cree que pasará a partir de ahora?

3.- ¿Qué opinión le parece la actuación de las fuerzas de seguridad del Estado el día 1 de octubre?

LEE AQUÍ LAS RESPUESTAS.

*La imagen de portada apareció en 20minutos. 
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Jesús Sánchez Tenedor

Historiador. Documentalista. Licenciado en Historia del Arte (UB) y en Documentación (UOC) Máster en Estudios Históricos (UB). Tesina sobre "Violencia política en la Transición". Entabla a diario estrechas y relaciones con los documentos en los archivos: cuentan cosas que la ficción envidia. La Historia es su ideología. Su hábitat mental es el extrarradio. Su pasado también: Prefiere escuchar, ya que es un arma de sabiduría masiva. El problema es que en las raras ocasiones en que habla, arranca y no para y Fidel Castro parece un aficionado a su lado. Por eso casi nadie le escucha y prefiere tener la razón de los locos que ser un loco de la razón. Fascinado por la Transición, prepara un libro sobre su gran agujero negro: el Caso Scala.
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