28 de abril del 2017
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Con el Real Decreto de noviembre de 2015 y el excelso ministro Soria a la cabeza, en este país se introdujo el conocido como “impuesto al Sol”, mediante el cual los usuarios particulares debían comenzar a abonar entre 9 y 32 euros anuales (dependiendo de la potencia contratada) más IVA por kW de potencia en cada panel, e introduciendo en la industria, además, otra tasa variable. Las únicas instalaciones que se libraron fueron aquellas residenciales de menos de 10 kW de potencia contratada y, obviamente, las instalaciones aisladas de la red. Era la primera vez que se instauraba una tasa de este tipo que no existe –recalco- en ningún otro país sobre la faz de la Tierra.

A este hecho se le sumaron otra serie de barreras técnicas y económicas, como la de instalar un segundo contador, y una absoluta carencia de mecanismos de promoción tipo “balance cero” que están muy presentes en la escena internacional: numerosos países de Europa, Canadá, algunos estados de EE.UU., Chile, Uruguay, Costa Rica, recientemente Colombia, algunas zonas de Japón, Egipto… un amplísimo etc. En todos ellos la legislación vigente contempla una compensación por la energía que produces “de más” en las horas pico solares y viertes a la red, normalmente descontándote la energía que consumes de la propia red cuando tu autoproducción solar no cubre toda tu demanda. También existen subvenciones estatales para la promoción del autoconsumo, etc. Aquí ni una cosa ni la otra, simplemente regalas ese excedente de energía para que la compañía eléctrica se la cobre a otro.

Al mismo tiempo se instauró la necesidad de regularizar las instalaciones estableciendo sanciones por encima de las contempladas en caso de accidentes nucleares para aquellas no regularizadas… suena a broma, ojalá lo fuera. Aunque no se haya dado el caso, con la ley en la mano usted podría percibir una multa en esta tesitura superior a la que recibió sin ir más lejos la Central Nuclear de Ascó por dejar escapar unas simpáticas partículas radioactivas.

Llegados a este punto Soria, abrumado por su buen hacer, se marcha a airearse a Panamá una temporadita, llega Nadal como recambio, pero no hay novedades. Inclusive teniendo en cuenta que derogar esta medida coercitiva hacia las renovables estaba incluido en los 150 puntos que Ciudadanos estableció para prestar su apoyo a la investidura de Rajoy. Ciudadanos no parecía muy presto a presionar al ejecutivo Popular, pero siendo la apuesta por las energías verdes un clamor popular, una directriz europea y estando toda la oposición en bloque a favor de retirar el malicioso “impuesto”, quedaba esperanza.

Lo peor de todo es que las arcas del Estado han recibido 0 euros por el “impuesto al Sol” a pesar de todo el daño infligido. ¿Por qué? Porque no se ha desarrollado la normativa para cobrar esta tasa, pero si se hiciera podría cobrarse con efecto retroactivo… es decir que se está creando deliberada o torpemente –no sé qué es peor- una situación de inestabilidad jurídica que supone un varapalo al desarrollo de este país y a las energías renovables sin recabar, para más inri, beneficio alguno para el Estado. Esto es lo que sucede cuando los lacayunos políticos que tenemos no son sino manijeros de las élites económicas, que obviamente no velan por los intereses de la población general.

Sea como fuere el 25 de enero de este mismo año, ese anhelo se cristaliza en una Proposición de Ley para el Fomento del Autoconsumo Eléctrico que rubrican todos los grupos parlamentarios exceptuando Partido Popular y Foro Asturias. Recordemos además el terrible marco: un precio de la luz exorbitado en pleno invierno y con la población hastiada (los más afortunados; los que menos, sufriendo un verdadero drama e incluso pereciendo víctimas de la pobreza energética).

¡Se percibía la luz al final del túnel! –Nunca mejor dicho-. El 13 de marzo el PP veta esta Proposición de Ley, tal y como era de esperar, con argumentos tan… incalificables como que el autoconsumo no es una medida ni de ahorro ni de eficiencia energética. El caso es que se daba por hecho que estando el Partido Popular en minoría en la Mesa del Congreso no podría detener su avance, debiendo recurrir al Tribunal Constitucional. Voy a citar llegados a este punto únicamente las declaraciones de la portavoz de Energía de Ciudadanos, y en breve entenderéis a colación de qué: “Nos temíamos que se vetase esta Proposición de Ley (…) es una muestra más de que el Gobierno, y este ministerio en concreto, no cree en el autoconsumo. Hay que recordar que entre las 150 exigencias de C’s al PP para el Pacto de Investidura, se incluía el fin del impuesto al sol, una exigencia que el PP aceptó y firmó”.

-¡Qué caña Ciudadanos!, ¿verdad?- lo que resultaba difícil de prever era la terrible puñalada que estaba a puntito de asestar la formación de Albert Rivera no ya al autoconsumo o al resto de la oposición, sino a sus propios votantes, muchos de los cuales se sentirán ultrajados si es que tienen un ápice de espíritu crítico. Apenas horas después de esa decidida declaración, la formación naranja recula y decide apoyar al Gobierno, por lo que con la mayoría de PP más Ciudadanos (3+2) queda vetada la Proposición de Ley. La noticia trascendió de inmediato en los portales especializados, un poco después en las redes, y pasó sin pena ni gloria por los medios de comunicación convencionales. Ni un solo rotativo de nuestra España plural y democrática decidió dedicar su portada a un evento de este calado cuando ,por recordar un ejemplo de tantos, sí se han consagrado a las vacaciones veraniegas de Manuela Carmena -¿Dónde están las asociaciones de prensa cuando se las necesita?-.

Nunca llegaremos a saber a ciencia cierta el porqué del viraje repentino de Ciudadanos, si hubo cierta promesa por parte del PP o si aquellos que han financiado a los de Albert Rivera dieron un tirón orejas, pero lo que debería quedar meridianamente claro es que quienes enunciamos que Ciudadanos era una suerte de Partido Popular sin, a lo sumo, el rancio nacional-catolicismo de la formación de Rajoy y un instrumento para servir de muleta a éste, no fuimos en absoluto exagerados.

Incluso los partidos liberales en el resto de Europa apuestan en mayor o menor grado por las renovables, mientras tanto, aquí hemos de seguir soportando a esta cohorte de perros falderos del oligopolio que nos condenan a ser una suerte de país subdesarrollado dentro de Europa. Cuánto poder ostentarán estos lobbys teniendo en consideración que mientras el Gobierno nos obliga a acatar medidas económicas que nos azotan por el hecho de provenir de Europa, son capaces de negarse a acatar sus directrices en materia energética.

Y España, a la zaga una vez más. Condenada a ser un país de camareros y emigrados, renunciando a una oportunidad de oro para democratizar el acceso a la energía, dinamizar nuestra economía y generar empleo.

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Mario Siles García

Ingeniero, escritor, pintor por hobbie y activista por necesidad. En definitiva, un hombre renacentista que aúlla desubicado en plena era de la especialización.

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