28 de junio del 2017
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La crisis de la socialdemocracia, o mejor dicho, de los partidos que asumieron su promesa de bienestar, es ya una realidad en Europa. Antes se presentía, se intuía, flotaba en el ambiente. Ahora, vemos como en los hemiciclos parlamentarios van desapareciendo los que se decían socialdemócratas. Hay otros en su lugar, ya sea hacia un lado u otro del espectro político.

Es curioso cómo en esta crisis del sistema, amenazados por el “fascismo civil” de la ultraderecha, con graves problemas de desigualdad presentes en todas las sociedades y un problema migratorio mundial relacionado con un conflicto bélico interminable, la alternativa a la socialdemocracia sea, nada menos, que el liberalismo.

Macron como tendencia. La aparición de cada vez más apoyos a una alternativa liberal entre los medios de comunicación, la simpatía del establishment. Muchas y muy buenas señales para los liberales, que siempre se toparon con un techo de cristal electoral y ahora parecen haberlo fracturado.

Paradójicamente, muchos de los problemas de la socialdemocracia viene del desapego de la socialdemocracia consigo misma, con la absorción de postulados liberales. El socioliberalismo. No hay líder socialista entre sus principales afectados por la crisis que no asuma el dictado libre mercado ni use su vocabulario con absoluta naturalidad. Todo ello pese a que la crisis socialdemócrata se origine, en parte, al liberalismo salvaje de los últimos años, la especulación inmobiliaria descontrolada, la influencia de los lobbies y el pliegue ante los poderes financieros, que siempre reclaman lo mismo en su elaborada neolengua: flexibilidad del mercado laboral, reducción del déficit, adelgazamiento del gasto por parte del estado.

En España, la crisis del PSOE comienza en parte por la modificación del artículo 35, claudicación brutal ante las exigencias del mercado. Hasta la soberanía del pueblo se vendía. Hoy, el debate entre los tres candidatos a presidirlo deja una batalla de reproches y muy pocas luces. La clave del mismo fue el “riesgo de desaparecer”, cuando lo cierto es que el PSOE lleva mucho tiempo desaparecido.

La socialdemocracia no está muriendo por ser, sino por dejar de serlo. Véase el caso Portugal como ejemplo de reconquista. Se puede hacer políticas sociales sin suicidios austericidas.

El liberalismo está siendo, por tanto, el gran vencedor de la contienda. En la guerra de ideas no sólo ha conseguido eludir sus responsabilidades en los últimos años, sino que ha transformado su discurso presentándolo como ejemplo de modernidad adaptada a los tiempos que corren. No lo llame crisis, llámelo oportunidad. En cuestiones de Marketing, son increíbles. Macron, reconocido especulador y ministro de economía de Hollande, presentado como solución. Díganme que no tiene mérito.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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