22 de agosto del 2017
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En plena ingobernabilidad de España, donde la pugna consiste básicamente en ver cómo el PSOE y Podemos compiten por quién se culpabiliza del fracaso de su posible acuerdo, con Ciudadanos atento para conseguir cuotas de poder y el Partido Popular, qué raro, arrinconado por sus corruptelas y diversas miserias, hemos asistido a episodios en la política local que simbolizan dos formas de combatir los poderes dominantes.

El Ayuntamiento de Madrid y el caso titiriteros y el Ayuntamiento de Barcelona y el “más absurdo todavía” caso madrenuestro.

Mientras que Carmena y su equipo actuaron con precipitación, se vieron obligados a rectificar y el asunto se terminó saliendo de madre y con dos jóvenes encarcelados, el equipo de Colau vio las orejas al lobo, dejó que rebuznara la derecha, actuó con normalidad institucional y, desde la pausa y la reflexión, terminó contestando en las redes sociales de una forma natural.

 

Es obvio que Ahora Madrid tiene un problema cuando se le sitúa en el punto de mira en cuestiones morales (les sucedió con los tweets de Zapata, con la cabalgata, con el cierre del centro a vehículos por cuestiones de alerta ecológica y ha terminado sucediéndole con los titiriteros y el caso Rita Maestre). Por el motivo que sea, cuando la derecha activa su aparatología mediática, Ahora Madrid se resiente y lo que era un proyecto que entró con mucha fuerza en la política municipal, con las ideas muy bien cimentadas, presenta ahora sus primeras grietas.

Puede que la primera gran lección que aprenda la organización madrileña sea la siguiente: Verdaderamente, a todos no se puede contentar. Lo decía Pablo Iglesias con respecto al programa de Podemos, “nuestras medidas no van a gustar a todo el mundo, es imposible”. Y es que, por mucha voluntad política que exista, ideológicamente hay posturas incompatibles, y no deja de ser otra máxima del juego político. A un neoliberal no le vas a convencer de que exista un reparto equitativo de los bienes. Va en contra de sus principios y es legítimo, como legítimo es buscar un estado social. A un retrógrado no le vas a convencer de que la libertad de expresión no es un arma para ofender a nadie sino un instrumento de construcción social y de pensamiento.

 

Carmena-Mayer-LaReplica

 

Cuatro años estuvo el Partido Popular en el gobierno en el que actuó por cuenta propia y a golpe de decreto-ley, controlando los medios de comunicación, adoctrinando en las escuelas, cercenando la libertad de expresión y cambiando la aparatología del estado para que actuase en su favor (cambió la justicia que ahora se empeña en persecuciones políticas y se traba en asuntos de corrupción). Con ello, la corrupción se acrecentó, la sociedad se polarizó y los ricos se hicieron más ricos y los pobres cada vez más pobres. Sucedió que, como decía Marx: “Al capital le horroriza la ausencia de beneficio. Cuando siente un beneficio razonable, se enorgullece. Al 20%, se entusiasma. Al 50% es temerario. Al 100% arrasa todas las leyes humanas y al 300%, no se detiene ante ningún crimen.”

Revertir la deriva socioeconómica que el bipartidismo sembró y cobijó supondrá combatir con menos recursos y será a menudo una tarea cansina e ingrata, por lo que requerirá de principios férreos y profundas convicciones. No en vano, las élites saben dónde y cómo atacar pues, en el fango en el que acostumbran a moverse, tienen mucha más experiencia. Y entonces sólo te quedará el mástil de aquellas cosas por las que siempre luchaste para mantenerte en pie. Gobernar para todos no se trataba de contentar al máximo número de personas sino de garantizar la igualdad de derechos, deberes y oportunidades, el terreno donde todo ser humano puede garantizarse una vida plena.  En otras palabras; pan, trabajo y techo, no son negociables.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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