27 de marzo del 2017
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chicas

“El feminismo supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano de la opresión, dominación y explotación de que han sido y son objeto… lo cual las mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que aquella requiera.”

Victoria Sau. Diccionario ideológico feminista (1981)

Recientemente, una famosa actriz ha sido dura y abiertamente criticada por haberse sometido a una (o varias) operaciones de cirugía estética a sus 45 años de edad. No es la primera vez que sucede ni será la última, y tampoco es necesario buscar entre las más altas esferas de la sociedad para encontrar mujeres que, en su búsqueda de ese canon de belleza, acaban recurriendo a soluciones tan drásticas como la cirugía. Más allá de juzgar la necesidad o el resultado de estas intervenciones, pongamos la mirada en el origen, las bases y los pilares que sustentan estos comportamientos.

Cuando nos preguntamos acerca del significado del género y del sexo mostramos una gran confusión. Podemos ser hombres, mujeres, masculino, femenino, macho, hembra… o incluso ninguna de estas opciones. Sin embargo, la distinción de los conceptos sexo y género es fundamental para comprender nuestro sistema social, nuestras relaciones, nuestros comportamientos, nuestra forma de estar en el mundo y nuestra identidad.

Desde la teoría sexo-género se relaciona el sexo con lo fisiólogico, ya que podemos nacer mujer u hombre. También se relaciona al género con la construcción social pues pertenecemos al género femenino o masculino. De manera que el resultado es bien sencillo: si nazco mujer pertenezco al género femenino y me gustan los hombres, si nazco hombre pertenezco al género masculino y me gustan las mujeres. Y además, en ambos casos, debo comportarme como tal. Esta identidad de género se construye a la temprana edad de los dos años. A partir de ahí, se van interiorizando los roles de género: lo que debo hacer, lo que me gusta, mi manera de comportarme, mi forma de relacionarme, mi forma de ser y lo que debo llegar a ser… todo depende de si soy niño o niña.

 

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Foto extraída de la cuenta twitter de Beatriz Talegón

Imaginemos entonces el género como dos grandes cajones: en un cajón tenemos lo considerado típicamente masculino y en el otro lo típicamente femenino. De esta manera, si nazco hombre me toca el cajón masculino. Me toca la fuerza, el poder, el éxito, la intelectualidad, la independencia, la libertad sexual, la valentía, el liderazgo, la represión emocional y un largo etcétera. Si nazco mujer me corresponde el cajón de lo femenino, y por lo tanto la debilidad, la dulzura, la dependencia, la represión sexual, la cobardía, las labores, los cuidados, la belleza, la expresión emocional y otro largo etcétera. Sólo si soy así seré considerada “una mujer de verdad” o seré considerado “un verdadero hombre”. Si no nazco ni mujer ni hombre, lo único que me toca es implorar y tener suerte para adaptarme a lo que la cirugía y mi familia quieran hacer de mí. Porque necesitamos etiquetar a cada persona, meterla en una de estas dos categorías y dejarla bien encerrada en su cajón de género. Es una imposición básica en nuestro sistema social. Esta distinción, junto con la valoración positiva y superior del cajón masculino y la negativa e inferior del cajón femenino, es la base del patriarcado.

 

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Hasta hace no mucho se consideraba que el comportamiento de género y los roles asociados a él eran algo natural e innato. Tuvo que venir la antropóloga Margaret Mead (1935) a demostrarnos, tras analizar el comportamiento de hombres y mujeres de tres poblaciones diferentes, que no existe un determinismo biológico. La idea de que el comportamiento diferenciado por género es innato pues viene de la mano de nuestro sexo sigue hoy muy extendida: a las niñas les gusta el rosa, juegan a las casitas, quieren estar guapas, son dulces y vulnerables; a los niños les gusta el azul, juegan al fútbol, quieren ser fuertes y son valientes. Las niñas no se enfadan y los niños no lloran. Y esto es así, nos viene impuesto y lo seguimos perpetuando, a pesar de que sabemos acerca de los problemas personales y el malestar emocional que esto puede provocar y provoca, tanto para ellas como para ellos.

El mecanismo que nos impone y perpetúa la distinción de género es el proceso de socialización. Desde que nacemos, nos tratan de manera diferente según el sexo con el que hayamos nacido. Nuestro entorno nos habla de manera diferente, jugamos a juegos diferentes, nos visten de forma diferente, tenemos modelos y referentes diferentes. Y a partir de ahí construimos nuestra marcada identidad de género: en nuestra familia, en nuestra escuela, en nuestro grupo de iguales; a través de nuestros juegos y juguetes, de nuestra ropa, de nuestros cuentos, y con influencia del Estado, de la religión, la publicidad y de los poderosos medios de comunicación. Hablamos a las niñas de manera suave y dulce, la llamamos princesa y jugamos con ella a cuidar y a cocinar, mientras que a los niños les hablamos con un tono alto y fuerte, lo llamamos campeón y jugamos al fútbol y a pelear. Son situaciones que conforman el día a día de niños y niñas y es iluso pensar que esto no tiene profundas influencias en la construcción de nuestra personalidad y en nuestra futura vida adulta.

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Catálogo de juguetes del Toys R Us

A través de la socialización construimos nuestro género, con consecuencias que durarán toda nuestra vida, que conforman nuestra manera de vivir y estar en el mundo, que influirá directamente sobre nuestras decisiones educativas, laborales, personales, políticas y sociales. Consecuencias que elevará al hombre al ámbito público y relegará a la mujer al ámbito privado. Que servirá para seguir perpetuando nuestro sistema androcéntrico de cultura patriarcal y capitalista que tantos beneficios reporta para determinadas personas y sectores dentro de nuestra sociedad. Y es un mecanismo perfecto. ¿O no tan perfecto? ¿Qué pasa si quiero salir de mi cajón de género?

El movimiento feminista lleva mucho tiempo analizando este sistema de género impuesto, nombrándolo, cuestionándolo y luchando por conquistar los derechos que durante tanto tiempo se nos han negado. Analizar nuestra realidad desde la perspectiva de género significa cambiar la mirada y conlleva transformar nuestro entorno y comportamientos. La sociedad igualitaria que queremos la conformamos todas y todos, la realidad la edificamos día a día, nuestro pensamiento se construye y cambia gracias a nuestro lenguaje y a lo que nombramos, nuestro comportamiento es nuestra decisión. Es nuestra responsabilidad continuar perpetuando los roles de género, premiando, castigando y juzgando lo que consideramos masculino o femenino, o dejar de hacerlo. Significa poner nuestra perspectiva de género cuando veamos a una mujer competir o a un niño llorar: significa analizar cómo vivo, cómo pienso y cómo soy.

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Psicóloga, orientadora educativa, activista social y feminista.

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    9 Réplicas

  1. Ángel

    Gran análisis. Ahora nos toca saber qué hacer en adelante y como romper con el patriarcado en nuestras casas, en nuestros trabajos, en nuestras amistades… ¡Esperamos la segunda entrega!

  2. nDante

    Cuando demuestres algo de todo esto de manera científica, te creeré. Mientras deja que lo llame “Tonterías que te has inventado porque en tu cabeza sonaban bonito”.
    Muy buen periodismo incomodo… incomodo de leer por inexacto y lleno de pajaritos preñados.
    (P.D.: La sociología NO es una ciencia, lo siento.)

  3. Miguel Blázquez Rovirosa

    Gracias por una aportación más a la marea de transformación de la cultura de género limitante que seguimos sufriendo.
    Esta influencia se manifiesta a veces tan sutilmente que sin necesidad de enviarnos mensajes etiquetantes, nuestros padres, con su sola presencia y personalidad, ya nos marcan un modelo a seguir.
    Y claro está, la historia se perpetúa sola a no ser que haya la suficiente fuerza de cambio. Merece la pena seguir expresando este mensaje.

    Añado una entrada en la que reflexiono un poco más sobre lo que más me afecta a mí, en tanto que hombre: el bloqueo emocional masculino
    http://sevolarperonomeacuerdo.com/2015/04/01/bloqueo-emocional-masculino/

    Un saludo!

  4. Moore

    Pues no lloramos (en público) porque los que lloran no ligan, de hecho, intentad (por los foros, yo que sé…) cuando discutáis con masculinistas (que no machistas) intentad, decía, no insultarnos llamandonos maricas, nenazas o diciendonos que no follamos ni pagando…

    En vosotras, [email protected] de la rectitud moral y de la corrección antipatriarcadoheteronormativa, queda de una falta de sororidad y de una incoherencia que resulta hasta esclarecedora.

    No os la vais a acabar.

  5. Radel

    Genial la forma en que afirma que existen identidades o “cajones” preestablecidos por la sociedad, y luego afirma (sin ninguna evidencia al respecto) que las mismas conllevan a la discriminación hacia la mujer. Alguna evidencia de esto? alguna explicación que establezca una correlación directa entre las identidades de género por un lado, y la relegación de la mujer por el otro? Porque a mi parecer, hoy día es todo lo contrario, precisamente por esas diferencias la mujer es mucho más privilegiada y cuidada en muchos casos.

  6. Pingback: Los chicos no lloran

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