17 de noviembre del 2017
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Los sucesos de París nos han dejado sumidos en un enorme estado de impotencia, al encontrarnos casi indefensos ante las posibles acciones de fanáticos que disparan sin miramientos a inocentes provocando matanzas detestables; pero también han provocado aversión a este tipo de personas, generalmente jóvenes, que imponen la ley de las armas para abrirse campo en su concepción política y religiosa de la sociedad.

La verdad es que estos grupos minoritarios y fanatizados hasta el extremo más despreciable, buscan provocar a nuestros gobernantes para que den respuestas de “guerra”, creándose un monstruo cada vez mayor y poniéndole el altavoz (y la llamada de reclutamiento) a su mensaje radical. En nuestra sociedad provoca actitudes racistas hacia lo árabe, metiendo en el mismo saco ideológico a cuanto suene a Islam. Es conveniente reflexionar y, sobre todo, atemperar un poco los ánimos para saber distinguir el grano de la paja.

No se trata de una guerra por parte del islamismo contra todo lo que no sea su propia concepción religiosa; ni un enfrentamiento cultural de oriente contra occidente, aun cuando  algunas actuaciones de  dirigentes de nuestro mundo hayan contribuido a exaltar el espíritu bélico de sectores minoritarios árabes. Occidente está sufriendo  las consecuencias de una guerra  interna en el mundo árabe, entre las distintas concepciones del islamismo y sus propuestas políticas y religiosas, de tal manera que actualmente no puede hablarse de una misma visión religiosa sino de una diversidad compleja y, a veces, totalmente diferenciada, hasta el extremo de que unos no se reconocen en las creencias que manifiestan los otros.

Quien se acerca hoy al Islam, comprueba que está en guerra, pero no contra occidente o contra las otras religiones, sino contra sí mismo. Existe una confrontación profunda  entre un buen número de confesiones y corrientes que se autodefinen como las valedoras de la fe islámica, y para ello desarrollan actitudes violentas contra quienes defienden otra interpretación de la doctrina. Estos enfrentamientos religiosos y casi siempre políticos acaban muchas veces sembrando el horror en los países occidentales, donde los más fanatizados quieren demostrar sus creencias contra lo que ellos llaman el “mundo gentil”, a base de violencia y gritos reivindicativos.

Hace apenas unos meses, Elcomercio de Perú publicó esta imagen.

Hace apenas unos meses, Elcomercio de Perú publicó esta infografía.

En los ambientes más ortodoxos, se considera que en el siglo VII, Dios reveló a Mahoma la ley  (la “Sharía”) que tenía que imponerse en todo el mundo como la única verdadera, incluso a través de instrumentos políticos.  Naturalmente esta formulación podía tener sentido en la Edad Media, pero la complejidad del mundo moderno ha provocado que esto se haya difuminado en muchas concepciones políticas y religiosas, que se han introducido incluso en el interior del mundo musulmán, de tal manera que la fe que se profesa, por ejemplo, en Arabia Saudita, apenas tiene que ver con la que se sigue en Quatar, donde se ha estructurado un Estado más moderno y abierto a estructuras económicas y políticas.

Pero la división más visible en el mundo musulmán está  repartido entre las dos corrientes más significativas: el Sunnismo y el Chiísmo, que provienen de la  guerra que, en su día, enfrentó a los partidarios de Ali (los chiítas) contra los que constituyeron la dinastía Omeya de Damasco (los sunnitas), que han perseguido con inquina a los primeros casi desde el principio de la confrontación. Hay entre ellos importante diferencias, incluso teológicas, por cuanto el sunnismo es un confesión islámica sin jerarquía religiosa, donde los imanes no son  “clero”, sino solo directores de la oración; mientras que los chiitas consideran que ciertas personas tienen una especial cualidad para comprender el mensaje de Mahoma, descifrarlo y exponerlo al resto de fieles, y por tanto, estas personas  tienen un estatus cualificado. Naturalmente, en los países de mayoría chiita, los “clerigos” dominan la situación y marcan la acción política; mientras que en los de mayoría sunnies se dan unas estructuras políticas y religiosas más laicas, por decirlo de alguna manera. Pero el fundamentalismo está presente, aunque sea en minorías, en ambas corrientes, donde se suele denominar Salafismo.

El Salafismo es un intento de volver al origen del Islam, o al menos a lo que esas minorías fundamentalistas, creen que lo es. En el fondo, se trata de ir hacia una visión literalista del Corán donde buscan aplicar los conceptos religiosos y políticos de una sociedad medieval a la actual, como si no hubiera pasado el tiempo y el mundo se hubiera quedado paralizado. Y para volver a este pasado glorioso del Islam, los salafís no dudan en usar la violencia como medio adecuado para restaurar lo que nunca se debió alterar.  Y esta concepción es el caldo de cultivo del terrorismo y, por tanto, del yihadismo.  Van apareciendo grupos islámicos que defienden esta interpretación fundamentalista, siendo  Al-Qaeda y el Estado Islámico  dos de sus formas, lo que pasa que éste le ha dado una dimensión política a su propuesta para concretar hoy la visión primitiva del Islam de constituirse en un Califato.

Viñeta árabe pidiendo tolerancia y respeto entre Islamistas.

Viñeta árabe pidiendo tolerancia y respeto entre Islamistas.

Los partidarios de Estado Islámico tienen una visión escatológica del mundo actual. Sus ideólogos transmiten la idea de que estamos al final de la historia y que ellos como representantes del Bien tienen la misión de acabar con todo lo que consideran que es el Mal. Y por ello, todas sus acciones violentas contra inocentes, incluso de su propia religión, las justifican  como algo imprescindible para alumbrar la nueva Era, que ha de venir al final de la historia. Una especie de literatura escatológica (y barata) con la que estos señores embaucan a gente que están dispuestas a todo para convertirse en los mártires que necesita el devenir de este mundo nuevo, cargado de gloria y plenitud personal y colectiva.

Naturalmente, los responsables de este cacao ideológico suelen asentarse en lugares donde el petróleo y otros recursos abundan para apoyar su causa. Y golpean con frecuencia a las sociedades occidentales con actos terroristas para hacerse notar, enviando mensajes delirantes a sus gobernantes para mostrarles su fuerza política. Saben que sus crueles provocaciones van a generar respuestas inmediatas, que les va a dar a ellos una justificación a la “guerra” final a la que aspiran y, al mismo tiempo, la publicidad que necesitan para que  musulmanes que viven en barrios pobres de las grandes ciudades europeas, se afilien a su causa y  se erijan en mártires vivientes del Califato que se avecina.

Con este bagaje ideológico, este sector minoritario del Islam, está librando un pulso gigantesco, hecho de sangre y muerte, con nuestra sociedad. ¿Cómo combatirlo? No es fácil porque el veneno que se inocula en las mentes, sobre todo, de los jóvenes, en pleno periodo de madurez del pensamiento, es de difícil extracción. Habrá que ir a la raíz del problema, desenmascarando estos falsos “maestros” del engaño y la manipulación; y, sobre todo,  trabajar por una sociedad más justa donde el trabajo, la vivienda, la salud y la educación sean sus señas de identidad.

 

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Emilio López Pizarro

Jubilado. Fue periodista durante una breve temporada y funcionario público casi toda la vida. Hombre de bien. Es progenitor de los creadores de La Réplica.

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    Una Réplica

  1. Joan

    Pues que quieres que te diga… Desde el respeto, todas la religiones que imponen se pueden ir a freír espárragos, tendrían que estar todas las biblias i coranes en los museos como reliquias de era bárbaras.
    Centrandonos en el islam, no me gusta que se defienda ninguna de sus formas, todas me parecen una aberración y un insulto a la libertad individual, restricciones de comida, imposición de celebraciones absurdas y peligrosas, adoctrinamiento violento, chantaje familiar, imposiciones en la vestimenta, limitaciones educativas, llamamientos a la guerra, al suicidio asesino, mutilaciones dentro de la familia totalmente consentidas… Me parece aberrante defender cualquier forma de islam, ya que se relaciona con costumbres salvajes.
    Con todo esto, estoy en contra de cualquier discriminación por sexo, raza o religión, ser islamista o islámico no te hace mala persona, y muchas veces el mundo occidental y su desinterés social y su interés económico el que provoca el auge de las alas radicales del islam, pero me niego a aceptar la defensa de la religión, menos aún de la islamica.
    Espero que no se me responda atacando otras instituciones, pues aquí el debate es el islam, es aceptable? Yo aceptaría a los que dejan el burca en casa, pasen del ramadán y comiesen jamon ibérico (humor).

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

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