13 de diciembre del 2017
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La última ocurrencia de Mira Jerez, el medio que dirige el inefable @jaimenunezc y en el que colabora el no menos inefable Álvaro Ojeda, fue investigar el twitter de un miembro de Podemos Jerez, coger un puñado de tweets desafortunados y señalarlo como el Zapata jerezano. En su timeline había publicado unos comentarios acerca del rey y algunos actores de la vida política del país. Fuera o no de que resulten ofensivos, ya dijimos por aquí lo que opinábamos sobre los tweets sacados de contexto y del mismísimo baúl del tiempo, la maniobra del blog de derechas jerezano se nos antoja tan rastrera como su propia línea editorial.

Actúan como si la gente no tuviera derecho a cambiar (el miembro de Podemos tiene ahora 20 años -vete a saber los que tenía cuando publicó esos tweets- y ha estado recibiendo amenazas a raíz de la tremenda investigación de Mira Jerez) o no pudiera cometer errores a la hora de expresarse en un medio de comunicación que, con el paso del tiempo, ha pasado del ámbito privado al ámbito público y mutado en sus códigos de uso. Actúan también como si no existieran en la red numerosos casos en la Nuevas Generaciones de manifestaciones fascistas o como si los escándalos entre los responsables del Partido Popular con respecto a sus declaraciones fueran cosa del pasado (“Puta barata podemita”, ex-alcalde de Valladolid, Pablo Casado… etc). Con la misma catadura moral con la que negaron ser un partido mafioso, con la misma que usurparon la justicia y abusaron del erario público, ahora dicen cómo tenemos que gestionar nuestro pasado y a quién debe enjuiciar la opinión pública.

En esta guerra de tweets, de conversaciones de barra de bar, de periodismo de cloaca y de maniobras propias del que tiene mucho tiempo libre, la derecha jerezana quiere llevar la discusión política y el debate de ideas hasta las descalificaciones propias del chulo de patio de colegio (como hizo Saldaña en el pleno), el cruce de tweets y las puñaladas traperas. Con un objetivo claro, desviar la atención del paulatino desmantelamiento del estado del bienestar que practicó el Partido Popular los últimos cuatros años con las privatizaciones, el clientelismo, las prácticas mafiosas con la Gürtel o el aumento descomunal de la deuda que ha sufrido Jerez (portada de El País esta misma semana).

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Cabe preguntarse en qué momento la izquierda y la sociedad civil se dejaron arrebatar la posibilidad de juzgar sus propias actuaciones y cómo la derecha se apropió del derecho a decidir qué está bien, qué está mal y las repercusiones que deben tener unas u otras acciones. De tanto manejar en el pasado la religión y el sentido de la culpa, creen que están ante un derecho en perpetuidad.

Y no, el Partido Popular y sus cachorros no tienen ninguna legitimidad moral para indicarnos el camino del progreso y ni mucho menos, para decidir qué actores serán partícipes del cambio político en este país. Con lo que respecta a este medio, el miembro de Podemos (al fin, un simple ciudadano que conocemos como persona y activista), nos merece mucha más credibilidad y respeto que lo que diga un medio que siembra mentiras y odio, y que va acosando como un vulgar matón, a aquellos que dictan los que sujetan los hilos que le cuelgan por la espalda.

 

Los macarras de la moral (Joan Manuel Serrat)
Sin prisa pero sin pausa,
como el “calabobos”,
desde la más tierna infancia
preparan el cebo:
“Si no te comes la sopa
te llevará el coco…”
“Los tocamientos impuros
te dejarán ciego…”.

Y te acosan de por vida
azuzando el miedo,
pescando en el río turbio
del pecado y la virtud,
vendiendo gato por liebre
a costa de un credo
que fabrica platos rotos
que acabas pagando tú.

Son la salsa
de la farsa.
El meollo,
del mal rollo.
La mecha
de la sospecha.
La llama
de la jindama.

Son el alma
de la alarma,
del recelo
y del canguelo.
Los chulapos
del gazapo.

Los macarras
de la moral.

Anunciando apocalipsis
van de salvadores
y si les dejas te pierdes
infaliblemente.
Manipulan nuestros sueños
y nuestros temores,
sabedores de que el miedo
nunca es inocente.

Hay que seguirlas a ciegas
y serles devoto.
Creerles a pies juntillas
y darles la razón
que: “El que no se quede quieto
no sale en la foto…”
“Quien se sale del rebaño,
destierro y excomunión”.

Sin prisa pero sin pausa,
esos carcamales
organizan sus cruzadas
contra el hombre libre
más o menos responsable
de todos los males
porque piensan por su cuenta.
Sueñan y lo dicen.

Si no fueran tan temibles
nos darían risa.
Si no fueran tan dañinos
nos darían lástima.
Porque como los fantasmas,
sin pausa y sin prisa,
no son nada si les quitas
la sábana.

* La ilustración de la portada salió originalmente en un artículo sobre Twitter de La Vanguardia.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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