18 de diciembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Existe una serie de leyes no escritas que imperan en la vida de todo ciudadano. La primera es que puedes pasar cien veces delante de un elemento íntimamente ligado a la historia de tu barrio o ciudad y seguirá para ti tan invisible como la primera vez. Otra ley intrigante es que puede que a tu alrededor te hablen de la importancia de este elemento en varias ocasiones –de manera directa o indirecta– y de la misma forma seguirás sin darle importancia, obstinado en seguir el recorrido que siempre has seguido y el que caracteriza tu rutina diaria.

Y así se proyecta una existencia predecible en un entorno reconocible hasta que, de repente, te das de bruces con una realidad que te invita a cuestionar primero lo que ves y luego lo que eres. Ese evento que te abre los ojos de manera insospechada puede adoptar cualquier forma, un cartel hallado por casualidad en una esquina, una onomatopeya colorida escuchada por casualidad o una píldora de aquellas que se han hecho famosas en ciertas películas de ciencia ficción. Cualquier formato. En realidad, lo único que importa eres tú.

Algo así le sucedió al autor de este texto cuando atendió la presentación del libro “Barcelona, el libro de los pasajes” en la Librería Calders. La entrada por la calle Parlamento –aunque pintoresca- no hizo mella. El interior de la librería, por muy ordenada, espaciosa e iluminada, tampoco. Fueron las palabras de un escritor que iba dándole con seguridad a una cerveza Estrella las que surtieron efecto.

En plena conversación con el cronista Martín Caparros, Jorge Carrión reconocía implícitamente haber caído en un estado de delirio extremo. Sufría lo que algunos investigadores podrían denominar una obsesión aguda por algo que antes nadie había reparado o, por lo menos, considerado de interés: los pasajes de su ciudad. Y en esa búsqueda indecible había descubierto algo que quizás los demás no habían entendido o se negaban a entender.

En realidad, el escritor andaba cuerdo. Sólo que –después de rastrear cerca de 400 pasajes en Google y en las guías de Barcelona, organizarlos escrupulosamente en un registro adornado de “Post-its” multicolores, explorar y fotografiar las calles de la ciudad durante varios días seguidos, fijarse en cada detalle (hasta incluso detectar las vigas originales de cada pasaje), y luego darse cuenta de que nuevos pasajes aparecían y otros desaparecían en la ciudad por arte de magia–, el escritor andaba un poco aturdido y parecía escudriñarlo todo con un redoble de atención, como si temiera que la realidad o el momento presente se le escaparan.

“Barcelona no es el Eixample, no es el Gótico… Es algo más complejo. Es una ciudad de pueblos”, explicó Jorge. En esa verdad, residía gran parte del misterio que reunía al público presente. ¿Qué es Barcelona? ¿Cómo definir una ciudad milenaria sino en una serie de cuentos, reescritos hasta la saciedad, o un laberinto lleno de interrupciones o pasajes que se abren y se cierran? Y como si tratara de ilustrar esta situación borgiana –tan notable en El libro de los pasajes (y en las que las desviaciones o interrupciones hacen parte del paseo)–, Jorge alzó el dedo para indicar una antigua viga de la Librería Calders, señalarla como la prueba de un antiguo pasaje, y dejando –de paso- a Martín Caparros anonadado. “Estás peor que lo que yo pensaba”, le soltó entonces el contertulio argentino.

En ese viaje exploratorio, Jordi (o Jorge) había descubierto a Walter Benjamín. Quizás uno de los pocos en haber entendido que la ciudad de Barcelona había sido escrita y reescrita sobre mentiras, o pasajes capciosos. El encuentro fue determinante. Ya nada sería igual, y Jorge lo explicó claramente en la librería: “Me ha cambiado radicalmente la vida, ahora estoy todo el tiempo mirando. Es increíble: ¡Vivimos en lugares que no entendemos!”.

***

 

 

El eco de las palabras de Jorge Carrión me acompañó durante gran parte de mi último paseo por Barcelona. En mi mano derecha sostenía una libreta con algunas anotaciones sacadas del libro de los pasajes, mientras iba en busca de esos detalles atesorados en las calles de mi barrio. Recorrí las inmediaciones del Hospital Sant Pau y Camp del Arpa con los ojos abiertos. Primero me asombré con la hermosura del Pasaje García Cambra, lo caminé como si fuera la primera vez, a pesar de haberlo visto innumerables veces. Volví a oír a Jorge Carrión, pero esta vez detrás de mí, más enérgico y entusiasmado que nunca, como si se alegrara de que le hiciera caso. Sentí cómo me tiraba la chaqueta, diciéndome: “¡Lo ves! Vivimos en lugares que no entendemos”. Y tuve que darle la razón para seguir observando lo que a mi alrededor se iba reconstruyendo.

Luego, me dejé llevar por el Pasaje Flauvier, un pasaje con ínfulas de calle principal, y caminé hasta llegar al Pasaje Sant Pau. Ya lo conocía pero, lo había evitado en los últimos años por haberse transformado en el refugio de personas sin techo, quizás desahuciadas, a menudo alcoholizadas. Me adolecí por esa cobardía redescubierta súbitamente, y, entendí que la realidad me ofrecía una instantánea inédita: la anatomía de una ciudad que había vivido de espaldas al discurso común y corriente. Lo que tenía frente a mí era mucho más que un pasaje, era un resquicio de humanidad, un abrigo de sensatez, un testimonio del paso de los últimos años y una denuncia de la pulcritud “estética” y totalizadora de unas ciudades que lo esconden todo y que presumen de ello.

El pasaje es un espacio de paz. Es una tregua para los que lo habitan y para los que necesitan esconderse. Es un amparo, y es también una excusa para no ver. No entender. Es la puerta que cerramos sobre una situación que no podemos o sabemos asimilar. Esa realidad me sacudió con fuerza y, cuando apenas trataba de procesar esta información, volvía Jorge Carrión al ataque, más excitado que un niño de cinco años con un juguete nuevo, “¿Te das cuenta? ¡Vivimos en lugares que no entendemos!”. Aceleré nuevamente, sabía que tenía razón, pero la culpa me hizo mirar hacia otro lado. Hacia otro pasaje.

En este estado de consternación, quizás un poco más apresurado, llegué al pasaje Catalunya, en Camp de l´Arpa. Mi sensación fue totalmente distinta. Me hallaba ante el cuadro perfecto de una Barcelona congelada en el tiempo. Me acordé de esa hermosa ciudad-pueblito de finales de los años 80, aquella ciudad por la cual me paseaba con mi abuelo, sentí la calidez de la piedra, el abrazo de las casas bajas, la sonrisa de las ventanas del primer piso, un repentino y reconfortante olor a pollo a l´ast y cerveza Xibeca, el runruneo de una rumba catalana encerrada en un patio, y hasta me percaté de la fuerza de un rayo de sol –de aquellos que atraviesan inesperadamente un escenario de cine– que cayó en medio del pasaje. En ese momento me giré buscando a Jorge, quería preguntarle si había visto lo mismo que yo. Recorrí con la mirada cada una de las casas, pero nada. Ya no estaba. Quizás nunca estuvo. O tal vez se escondía, muerto de la risa.

Lo cierto es que fijé la mirada en el horizonte, en el final del pasaje, y entendí que la ciudad volvía a ser mía, o yo volvía a ser la ciudad. Una llamada me sobrecogió en ese instante: la contesté sin reparar en el número o nombre que aparecía en la pantalla, todavía sorprendido por las circunstancias. Era un vendedor de JazzTel que insistía en venderme un pack de banda ancha. Le solté inconscientemente lo que pensaba decirle antes a Jorge: “Es increíble: ¡Vivimos en lugares que no entendemos!”. Un silencio incómodo se instaló.

El vendedor no entendió, carraspeó, y, después de unos breves segundos, empezó a soltarme todo el discurso comercial. Le pregunté de qué pasaje me hablaba. Me dijo que no vendía “pasajes” sino conexiones a Internet. Entonces, naturalmente, y sin que esto sea una costumbre, colgué la llamada ante la evidencia de que estábamos en pasajes diferentes. En siglos diferentes.

 

The following two tabs change content below.

Johari Gautier

Periodista y narrador franco-español nacido en París (Francia, 1979). Autor de los “Cuentos históricos del pueblo africano” (Ed. Almuzara), y las novelas “El Rey del mambo” (Ediciones Irreverentes) y “Del sueño y sus pesadillas” (Ed. Atmósfera Literaria).

Últimas entradas de Johari Gautier (ver todo)

Tags: , , , , , , , ,

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte una experiencia de usuario óptima. Si sigues navegando estás dando tu consentimiento a nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies