17 de octubre del 2017
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No leerás sus nombres. Si acaso, verás sus iniciales en una pequeña nota en la sección de sucesos. Muertes anónimas de trabajadores y trabajadoras sin más eco que el sufrimiento de familiares y amigos. Sin cambios legislativos, sin un estudio exhaustivo por parte de las instituciones, sin cambios sustanciales en las condiciones de trabajo.

Un hombre cayó desplomado y murió mientras trabajaba en Sevilla. Una mujer murió durante una explosión en la cocina de un restaurante. Y veinticuatro horas después, silencio. Nadie dirá que el primero trabajaba a 40 grados a la sombra en agosto en la ciudad de Sevilla, ni que la cocina que explosionó tenía unas infraestructuras lamentables.

La siniestralidad laboral en España está creciendo a unos niveles alarmantes. Crece en el número de accidentes leves, graves y mortales. Crece en hombres y mujeres. Crecen dentro y fuera del trabajo. Crece en ocho de doce sectores de actividad.

Los datos son del ministerio de Empleo.

El gobierno saca pecho debida a la mejora de los datos del paro, pero se miente a sí mismo en cuanto a la calidad del empleo. Pese a mejorar en el número de empleos, la confianza de la ciudadanía en el gobierno no solo no ha mejorado, sino que el último CIS lo sitúa en la peor expectativa de voto desde abril de 2016.

Como destacaba Eduardo Garzón en Twitter, “Hoy la economía española produce lo mismo que en 2008 con 2 millones de trabajadores menos. Menos salario, igual PIB; resuelvan la ecuación.”. El trabajo se remunera peor, se trabajan menos horas, y además, es más inseguro. Desde el comienzo de la crisis, la siniestralidad ha crecido y este 2017 será, con diferencia, el peor del último lustro.


Una de las asignaturas pendientes en cuanto a los movimientos sociales en España es combatir la precariedad laboral y la siniestralidad desde la conciencia colectiva. Existen gremios que luchan a diario por sus intereses y un notable corporativismo en la lucha obrera, pero hace falta aunar fuerzas para conseguir una mejora universal de las condiciones de trabajo. La mentalidad y las líneas de actuación de los sindicatos deben adaptarse a los tiempos, pues han de responder a las exigencias colectivas al tiempo que combaten una precariedad tiende a aislar al trabajador, inutilizándolo como sujeto colectivo.  

El asociacionismo más allá de sectores específicos resulta fundamental para rescatar los derechos de los Alberto, María, Reyes, Jesús, Orland, Itziar, Lourdes, Pedro o Vanesa… todos aquellos a los que no se alude cuando suceden estas tragedias, lamentablemente cotidianas en España.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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    Una Réplica

  1. Luisa María Vázquez Velez

    Trabajé varios años como técnico en prevención. Desde el estallido de la burbuja inmobiliaria hay millones de técnicos de este sector en el paro. Yo lo dejé porque es una profesión terriblemente difícil por culpa de los empresarios, esos mismos que te contratan.

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