16 de diciembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Según la Wikipedia (fuente de infinita sabiduría como también de sospechoso cuñadismo) el “efecto Doppler” es el cambio de frecuencia aparente de una onda producida por el movimiento relativo de la fuente respecto a su observador. Sirva como ejemplo lo que ocurre con la sirena de una ambulancia, cuyo sonido cambia de frecuencia a medida que se acerca (cada vez más grave) y después cuando se aleja (más agudo).

Nuestro mundo vive en ese efecto constantemente. Por todas partes, cada día y a cada momento, sentimos esos vaivenes sin que nos demos cuenta. Es el ruido. Acechante y depredador, nos rodea para dejarnos sordos hasta que no conseguimos escuchar nada más. Como una tela que oculta lo que aloja en su interior, una cortina que impide ver el escenario.

 

Y no hay que irse muy lejos para verlo. La película cacareada, que por unos días se convierte (aparentemente) en la única que existe: es el momento del sonido grave de la sirena. Después va desapareciendo del mismo modo que se agudiza ese sonido de la sirena…

Ocurre lo mismo con la música, con la literatura, con las noticias (buenas y malas): se acercan fulgurantemente y se alejan para caer en el olvido. Porque todo va demasiado rápido, todo necesita ir así de veloz. El mercado manda. Y el mercado es el Dios de los últimos 80 años. Aceleramos sin control a lomos de un consumismo que nos exprime hasta el último segundo de nuestro tiempo, sin apenas dejarno espacio para asimilar nuestras propias vivencias.

Rescatemos a la ambulancia del principio: ¿a qué velocidad suele pasar en nuestra presencia, cuando sentimos por completo ese famoso efecto Doppler? Exacto, va a toda máquina. Por eso el efecto todavía se nota más; por eso nuestra sociedad pervive en ese símil, porque viaja cada vez más y más rápido. Es tal la locura en la que estamos inmersos que hasta los escándalos políticos son facturados en apenas un parpadeo: ocupan todas las portadas unos pocos días y si te he visto no me acuerdo. ¿Se habla de los ERE en Andalucía? Apenas. ¿Se sigue escribiendo sobre el tremendo caso Bárcenas o Rato? Sólo en los especiales del fin de año pasado. Pero ya no son actualidad, ya no importan porque las prisas mandan y hay que tratar otras cosas (a veces tan banales que dan ganas de no leer periódicos nunca más).

Somos conscientes de ese efecto porque somos humanos, y aunque a veces no lo creamos todavía conservamos cierta habilidad para percatarnos de lo que sucede a nuestro alrededor; el problema es que nuestras propias vidas son esclavas de ese baile constante y frenético, que no deja digerir y siempre provoca ardores estomacales. Doppler en todo su esplendor.

Este artículo también sufrirá sus efectos: será más o menos leído durante 48-72 horas y poco después se sumará a la lista de artículos residuales que inundan toda la Red. El consuelo de una notoriedad efímera (cada vez más) es lo único a lo que nos podemos agarrar hoy en día quienes queremos cambiar el mundo y la sociedad, o al menos mejorarlas por poco que sea.

Dentro de diez, cinco o dos años, tal vez ni eso tengamos.

 

*La portada es una imagen de la serie The Big Bang Theory
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Alejandro F. Orradre

¿Escritor? || Coleccionista de blurays (480) || Bolaño || Librópata || Miembro de la PAE || Escribo cosas raras en @murraymagazine y @Neupic

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    2 Réplicas

  1. T&T

    Twitter es la metáfora del siglo XXI. Nos hemos infantilizado, y todo el mundo quiere ser una estrella, aunque sea virtualmente. Políticamente, hay una narrativa tuitera muy progre que está abocada al frasaso: la del relativismo total, la de “mi opinión es mejor que la tuya”, la del “que se muera tu madre antes que se muera mi perro”. Derecho a opinar, derecho a decidir, derecho a decir la primera chorrada que se me pase por la cabeza… Muchos medios, mucha más ignorancia, qué paradoja

  2. G. Pasamonte

    Justamente al revés. La frecuencia percibida aumenta a medida que se acerca la fuente de emisión y disminuye a medida que se aleja: sirena más aguda al acercarse y más grave al alejarse.

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