27 de marzo del 2017
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Hay una voluntad de hibridación en Los vagabundos de la chatarra, de Jorge Carrión y Sagar, que llama la atención nada más comenzar su lectura. Parece un reportaje periodístico, y lo es, pero el carácter cronológico y esa ambientación del puerto de Barcelona en la primera escena lo acerca más hacia la novela gráfica, los demás recursos narrativos, por su parte, lo conducen al terreno del documental televisivo. Entre el Nuevo Periodismo, Joe Sacco y Ciutat Morta anda el juego de esta primer trabajo que une a sus autores.

No es casualidad, la trayectoria de Jorge Carrión como escritor -que incluye novelas, libro de crónicas, cuadernos de viajes y ensayo- invitaba a otro paso más en esa perpetua búsqueda del horizonte, que es explicarnos el ser humano contemporáneo. La incursión en el cómic entraba en los pronósticos. Lo que no entraba quizás, es que a las primeras de cambio haya encontrado un autor que le haya cogido la medida a la hora de trasladar su historia al papel. El desempeño de Sagar está marcado por una inteligente estrategia narrativa y su trazo feísta, un realismo sucio bien amainado con la gama cromática elegida, que le resta dramatismo y lo deja en un punto entre lo magnético y despreciable, lo humano y lo desasolador, que contienen las grandes ciudades.

Barcelona es un escenario de contradicciones. Y Los vagabundos de la chatarra hablan de su gentrificación, de su evolución o involución según se mire, de su cuestionable proyecto de ciudad, de su atrofiado progreso. También habla de las vidas que no vemos, de las industrias que no conocemos y del maldito extrarradio de la existencia. Entre las edificaciones más grandilocuentes y las historias mínimas, como un péndulo sutil que conecta los extremos, se mueve una obra crítica -que no pancartista- que Norma ha editado con buen gusto y ha acompañado de un interesantísimo microsite (con guía didáctica, documentación, textos de la prensa y bocetos de Sagar).

El ciclo de vida de la chatarra en Barcelona muestra a su vez, el ciclo de un problema sempiterno, el de las naves okupadas por chatarreros, que viven entre promesas incumplidas, el levantamiento de una nueva idea de supervivencia y la alerta continua de desahucio. Trata además el problema de la emigración, de la pobreza o de la caída en desgracia. Un drama que los Ayuntamientos postergan en el tiempo, sean del signo político que sean. Una historia que pide a gritos un final decente y que nadie parece asumir como parte de su idiosincrasia (Carrión dice en el prólogo que es una historia antigua que acaba mal).

Gráfico

Los autores utilizan varias técnicas narrativas que enriquecen la experiencia lectora para mostrarnos un singular retrato urbano. Informes, páginas webs, una narración a través de Twitter o momentos de conversación entre los dos autores. En este último punto, encontramos una novedad en la historia del periodismo llevado al cómic, ya que no existen precedentes de periodismo de investigación realizado a cuatro manos y vivido por los dos autores in situ. Guy Delisle, Joe Sacco, Manu Larcenet… todos los hicieron en solitario. Otros trabajos conjuntos, como el de Lefèvre y Guibert en el Fotógrafo, se hicieron a  partir de las vivencias de uno sólo de sus autores. En este proyecto, los dos autores hacen juntos el viaje y se complementan, complementando a su vez al lector, víctima feliz de un instrumento narrativo que agita su conciencia.

Un cómic que promete estar -y pienso que tiene todos los ingredientes para ello- entre los mejores del año en el apartado nacional, ¿servirá su exposición para rescatar del olvido a los chatarreros y situarlos en la misma línea que otras denuncias (como consiguiera Arrugas de Paco Roca o El arte de volar, de Altarriba y Kim)? ¿Servirá para rescatar nuestra decencia, nuestro mirar hacia otro lado, para rescatarnos, de alguna manera, a nosotros mismos?

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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