14 de diciembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Dice Luna Miguel de Lucía Baskaran que tiene un cóctel molotov en las manos y cuando una ve la cubierta tan llamativa de Partir (Expediciones Polares, 2016), espoleada por la curiosidad y por las buenas críticas que le han llegado, se dispone no sin cierta excitación a abrir los primeros capítulos de su opera prima, que no lleva ni un mes en las librerías.

Partir es asomarse a la ventana de Victoria, una protagonista extraña y sospechosamente trastornada que narra en primera persona cómo busca su sitio en el mundo. La Victoria adolescente tiene un sueño obcecado y poderoso, ser actriz, y emprende un gran viaje desde su pequeño pueblo para triunfar en el mundo de la interpretación. De su mano recorremos diferentes escenarios narrativos como el París del desencanto, que fuera de las postales se ve un poco más deslucido -pero que sigue siendo ese viaje que todos deberíamos hacer en algún momento de nuestras vidas aunque sea para certificar que hemos estado en la ciudad del amor, ¡palabra de Amélie!- o la frenética vida urbana de Madrid, a donde típicamente se huye en estampida en busca de un futuro próspero; de esa palabra tan mítica: “oportunidades”.

En Partir, por cierto, el feminismo tiene un peso determinante. La novela es ciertamente un viaje, una búsqueda hacia una identidad, y Victoria tratará de encontrarse mientras lo recorre, mientras explora su sexualidad, mientras se abre paso en lo desconocido y se debate entre una independencia ensayada y el miedo a la incertidumbre. Y no hará sola el camino. Las redes afectivas que tejerá para compensar la lejanía de su familia le servirán de apoyo en esa ruta personal, sin brújula y diseñada en forma de interrogante. Lo que nunca nos dijeron, y quizá alguien debiera encargarse de ello -quizá no-, es que los sueños son frágiles y caducos. Siempre podremos escribir una novela rara, semiamarga y desencantada, cuando los años vuelen.

Partir

En esa Victoria llena de dudas, rebelde hasta contra sí misma, viciosa, luchadora, derrotada, sarcástica, decidida, morbosa y vulnerable nos llegamos a reflejar, quien más y quien menos. Baskaran tiene una voz transgresora y provocativa, con una fuerza inusual, que electrocuta al lector sirviéndose de un humor ácido, situaciones trágicas y un punto grotesco. Partir es un libro salvaje y vertiginoso, como lo es la juventud. Ya íbamos necesitando algo así.

-Después de redactar para blogs y otros medios, ¿qué te lleva a escribir Partir?
Mi objetivo siempre había sido escribir una novela. Pasó algo que pensé que podría funcionar como comienzo de novela si lo ficcionaba. En vez de invertir tiempo y energía en el blog, decidí dedicárselo a Partir.

-La novela quedó finalista en el Premio Herralde. ¿Estabas convencida de que esa era tu oportunidad?
En absoluto. Participé en el Herralde porque me dijeron que es uno de los pocos concursos literarios que no está amañado. No tenía nada que perder, y la verdad es que fue una sorpresa muy grata.

-¿Qué hay de Expediciones Polares?, ¿cómo acabaste publicando con ellos?
Les tenía echado el ojo desde que empezaron. Sus libros me llamaron la atención por el cuidado con los que los editan. Mi plan al principio era seguir presentando la novela a concursos, pero los tiempos de espera hasta que finalizan los concursos se me hacían largos y decidí ponerme en contacto con ellos. Tardaron muy poco en contestar y su implicación en todo el proceso ha sido una maravilla.

-¿Cuánto de Lucía hay en Victoria? ¿Autoficción o autobiografía?
Autoficción. Hay parte de mí, pero todo está ficcionado.

El libro, en imagen de la cuenta de twitter de la autora.

El libro, en imagen de la cuenta de twitter de la autora.

-Las referencias a la sexualidad, a la masturbación… son continuas, y tu escritura es totalmente desinhibida. Además, no abandonas en ningún momento el humor explosivo. ¿Cómo defines tu estilo y, sobre todo, cuándo encontraste esa voz?
Cuando escribo pienso en lo que me gusta a mí como lectora y me guío mucho por eso. Lo de la “voz” me parece un poco limitado. Partir es mi primera novela y hay una voz muy definida, pero me gusta ir probando distintos estilos. La verdad es que lo de la voz me suena un poco a estar haciendo lo mismo todo el rato.

-¿Cómo fue el proceso de creación de la novela?
Los dos primeros capítulos los tenía claros y, por así decirlo, los “vomité” rápido. Después me propuse seguir escribiendo como mínimo 1000 palabras diarias. Se me iban ocurriendo las cosas según iba escribiendo. Por una parte me encanta eso, ir viendo hacia dónde te lleva la escritura, pero por otra te obliga a releer constantemente e ir añadiendo y quitando cosas.

-Uno de los ejes de la novela es el gremio profesional de la interpretación; la presión a la que se somete a los debutantes en este mundillo. ¿Esta traza tan crítica es un retrato fiel de la realidad?
Es un retrato fiel a una realidad que me fue cercana, desde luego, pero no me atrevo a decir que es algo que ocurra siempre.

Según Luna Miguel, Partir es una novela generacional. ¿Qué quiere decir eso?
Supongo que quiere decir que hay una serie de características comunes como generación y que éstas se ven reflejadas en la novela.

-También es una novela de sueños rotos. Victoria se marcha a Madrid, muy joven y llena de sueños, y vuelve desencantada y menos inocente. ¿Por qué no quisiste hacer de ella una protagonista triunfadora?
Estoy harta de triunfadores. Nunca me los acabo de creer. Me parece más interesante alguien que se pierde, que busca, que se encuentra y se vuelve a perder y se da mil hostias por el camino. Lo que viene siendo un ser humano, vaya.

-Le haces pasar por experiencias sobrecogedoras como el pánico a morir por una bomba en un avión, entrañables como el reencuentro con un hermano cariñoso, irritantes como su rutina docente, plenas como el proceso de autodescubrimiento… ¿Todo ello se te iba ocurriendo, o tenías una planificación previa a la escritura?
Algunas cosas las tenía planificadas y otras las iba introduciendo a medida que escribía.

-Pero el momento más traumático es la violación, que no es otra cosa que sexo no consentido. Por cierto, una amiga de Victoria trata de quitarle hierro al asunto. Entiendo que quieres reflejar la cultura de la violación y derribar el arquetipo del “agresor desconocido y muy violento”, que sólo aparece en callejones oscuros y utiliza la fuerza bruta.
Exacto. La cultura de la violación es una realidad que, además de lo que mencionas, culpabiliza a las víctimas por su manera de vestir, o de moverse, o porque estaba borracha; que cuando dices NO, significa “sí”, que trivializa y normaliza la violación… Es una realidad de la que es necesario que hablemos.

-Victoria se descubre feminista después de eso. Y tú, ¿en qué momento de tu vida?
Me acerqué al feminismo bastante tarde, hace cosa de cuatro años aproximadamente, y fue gracias a Twitter. Después empecé a leer por mi cuenta: Federici, Despentes, De Beauvoir… Y lo que me queda. El feminismo ha hecho por mí lo que no hicieron 3 años de terapia.

-¿Qué proyectos preparas actualmente?
Estoy escribiendo mi segundo libro, pero aún es pronto para hablar de ello.

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Rocío Martínez

Periodista freelance, escritora, técnico audiovisual. Formándose como psicóloga. Ha formado parte de El Mundo, Tercera Información, El Mostrador, Harper's Bazaar o Showrunner, entre otros.
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