12 de octubre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Estimada madre,

Hace mucho que no te escribía, probablemente desde aquella postal que os envié desde Santorini. Qué paradoja, me paso el día escribiendo y tardo años en mandarte unas cuantas líneas.

A veces siento que la vida pasa como una locomotora y nunca nos paramos a decirnos lo importante.

Pese a que no nos solemos escribir directamente, quiero decirte que te escucho y te leo cada día con mucha atención. Me encanta hacerlo. Te leo en Facebook (¿recuerdas aquellos tiempos que no te aceptaba entre mis amistades? ¡Qué estupidez!), te leo en Whastapp en los grupos de la familia y te escucho cada tres o cuatro días, por teléfono.

Y quiero decirte que aunque parece que has cambiado, y que de unos años a esta parte expresas tus ideas sin pudor en público, aunque ahora eres capaz de rebatir con tus argumentos a cualquiera que tengas enfrentes, aunque se te escuche más reivindicativa, aunque la gente te diga, de cuando en cuando, que eres una roja, para mí sigues siendo la misma.

La misma a la que solo le guiaba su buen corazón y le llevaba las lentejas a nuestra vecina porque no tenía qué llevarse a la boca, la misma que ayudaba a las gitanas del barrio, que le daba la ropa que nos quedaba pequeña a una trabajadora de la limpieza con demasiadas cargas encima, la misma que se revolvía por dentro ante la injusticias que afectabas a sus hijos y a su hija, ante los dramas cotidianos, la misma que estaba ahí hiciera sol, lloviera o nevara.

¿Qué ha cambiado entonces? Ha cambiado el mundo madre. Ha cambiado el mundo y no ha sucedido porque un grupo de iluminados haya hecho nada por reparar la situación. Ha cambiado porque tú y otras como tú os estáis empoderando. Ha cambiado porque las mujeres están cambiando el mundo. Ha cambiado hasta tal punto que hay una estructura de poder nerviosa hasta las trancas porque os estáis organizando y no pueden hacer nada para evitarlo. Un cambio que si ha tenido lugar, es gracias a los actos mínimos que juntos forman una montaña, a todo aquello que dicen que ha cambiado en ti estos años.

Por eso mañana celébrate, que es vuestro gran día. No te quedes en casa, cuelga, si te apetece, un delantal en la ventana en solidaridad con las compañeras que no pueden interrumpir los cuidados que procuran a terceros, coge un jersey morao y vete a la calle a reunirte con otras como tú. Otras que saben el duro precio que tiene la libertad y la justicia social en este mundo que nos ha tocado vivir.

Feliz 8M madre, gracias por hacerlo posible. Creo que eso era lo importante que quería decirte. Eso, y que te quiero.

Fotografía: Miriam Sánchez
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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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