29 de julio del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Fruto de una mala gestión económica, una pareja de ancianos se ve desahuciada por los bancos, sin techo y con la deshonra que les supone pedir amparo a sus hijos. Sus vástagos, inmersos en el vertiginoso ritmo de la vida moderna, no pueden (tampoco quieren) hacerse cargo de ambos, así que los separan “momentáneamente”. Su destino es la soledad, la resignación, el abandono, el letargo.

Podríamos estar hablando de un ejemplo de nuestros días, de la angustiosa y actual España. Podría ser este un caso cercano. Podría ser Carmen de Vallecas o cualquier vecino nuestro, pero no, la película que nos ocupa se encuadra en los años 30 en algún lugar de los Estados Unidos. Ya entonces a muchos ciudadanos se les privaba de un derecho humano fundamental, la vivienda.

El crac del 29 había dejado a las familias norteamericanas con un serio problema de liquidez, muchas al borde de la quiebra. Afrontaron situaciones dramáticas durante casi una década hasta que las políticas keynesianas y el negocio de la guerra aliviaron las arcas del gobierno de Roosevelt.

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Y en ese enclave nos encontramos a Lucy y Barkley separados por las circunstancias, enfrentándose con dignidad y resignación al final de sus vidas. Se echan de menos y se sienten solos e inservibles a kilómetros de distancia.

McCarey elabora un relato que te araña el corazón sin caer nunca en la sensiblería, con el equilibrio perfecto entre el humor y drama. Nos hace reflexionar y nos sentimos cómplices pues nos vemos reflejados en los personajes dibujados en la pantalla: ese hijo entre la espada y la pared que acoge a regañadientes a su madre, el tendero indignado por el trato que recibe su amigo, la nieta vividora, la madre celosa… McCarey abarca conscientemente todo el espectro social de la clase media.

Pero Dejad Paso al Mañana no fue entendida en su época. Los estadounidenses querían ir al cine para desconectar de la cruda realidad de sus calles y adentrarse en un mundo de fantasía durante horas. No pagaban la entrada del cine para descubrir sus miserias. Este conmovedor ejercicio de realismo fue un fracaso en taquilla, ignorado por la crítica y tuvo que esperar años para reivindicarse. Fue el tiempo y la admiración de sus compañeros la que señaló esta película como un imprescindible relato que cuestionaba el sueño americano. Han pasado 77 años y está de rabiosa actualidad. McCarey no ganó mucho dinero pero obtuvo la complicidad de la historia. El mañana le dio la razón.

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Periodista, fotógrafo y diseñador gráfico. Ha escrito en Diario de Cádiz, Rock Estatal, y El Club de los Imposibles. Es director de La Réplica. Participa en Ganemos Jerez.
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