28 de junio del 2017
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En un mundo decente, comandado por dirigentes decentes, se estaría ya actuando activamente contra la barbarie homófoba que se está cometiendo en Chechenia contra todo aquel sospechoso de ser homosexual.

En un mundo decente, este sería un asunto prioritario en todos y cada uno de los medios de comunicación que se considere serio, ocuparía las portadas y contribuiría a la alerta internacional al respecto. Y apoyarían a sus compañeros de Nóvaya Gazeta ante el acoso y amenazas recibidas.

En un mundo decente sería orden del día en cualquier parlamento que congregue a diferentes naciones, a lo largo y ancho del globo terráqueo, y se establecerían medidas cooperativas para solventar esta afrenta contra los derechos humanos.

En un mundo decente se propondrían ya sanciones internacionales tanto a Chechenia y sus gobernantes, como a Rusia, por mirar hacia otro lado y actuar de forma cómplice con el gobierno de Karidov.

En un mundo decente ya habría manifestaciones en todas las plazas de todos los países que se consideren civilizados con el fin de parar estos hechos atroces que embarran el nombre de la humanidad.

En un mundo decente cualquier país que se considere digno ofrecería refugio y alojamiento a quienes se sientan perseguidos por esta caza de brujas más propia de tiempos pretéritos, garantizando su vida en igualdad y libertad.

En un mundo decente la legalidad internacional ya estaría actuando ante quienes han perpetrado crímenes lesa humanidad y buscaría enjuiciarlos por todos los medios posibles.

En un mundo decente cualquier persona con cierta popularidad que se precie de actuar en causas humanitarias, levantaría la voz contra un acto que nos compromete a todas las personas en mayor o menor medida.

En un mundo decente, los estados cortarían todas las relaciones comerciales que beneficien a estados que perpetran genocidios sin el menor rubor.

En un mundo decente, entre los chechenos, no habría ni un sólo cómplice de tamaña barbaridad.

En un mundo decente cualquier organización de la significancia de la ONU o la UE ejercerían de motor contra hechos de semejante magnitud, que atentan contra los más elementales derechos humanos. No vale con pedir “investigaciones eficaces y exhaustivas“, hace falta determinación, valentía y actos concretos.

En un mundo decente nos protegeríamos de la discriminación y el odio.

Pero no, no estamos en un mundo decente.

(AP Photo / Dmitry Lovetsky)

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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