20 de agosto del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Sirva estas últimas imágenes de las juventudes socialistas como pretexto. Pero podrían cambiarles las camisetas hacia cualquier partido político.
En las canteras de las formaciones tenemos un problema grave, la falta de una educación ética ante la manera de defender las ideas y hacer políticas.

El mal ejemplo de sus mayores (el esperpéntico caso del PSOE y su congreso federal o la tensísimas primarias de Podemos por citar casos recientes) conducen a las juventudes a comprender que la política es algo parecido a los Juegos del hambre. Ya saben, aquella trilogía de ciencia ficción donde jóvenes de dieciocho años compiten entre sí por sobrevivir y obtener riquezas y alimentos.

No es baladí el paralelismo. Los primeros espadas de las juventudes suelen obtener representación pública tarde o temprano y con ello, la posibilidad de un trabajo remunerado alrededor de la causa en la que creen. Bien mirado, es una buena opción de vida.

Y esta idea se va introduciendo como el que no quiere la cosa. Primero la ilusión de participar, luego por la de permanecer, al final, por la sola cuestión de sobrevivir, la propia maquinaria de partido conduce a una vida donde sólo conoces un ámbito laboral y tus decisiones políticas se ven condicionadas por ello. Aguirre, Susana Díaz, y tantas otras figuras de primera línea solo han conocido la política. Y otras de segunda que luego, cuando su partido se resquebraja y baja la representación se ven en el mercado laboral con cuarenta y tantos años sin más experiencia en la vida que la política y sin un proyecto alternativo de vida. Porque no hay hueco para todos, pero también porque la vida de partido no es una vida normal, hay que prepararse para ello.


Las diferentes familias dentro de los partidos, las afrentas personales, los intereses de las formaciones según cada región, las ambiciones de carácter personal, sumadas a la ya encarnizada lucha política con las demás opciones, están creando monstruos, animales políticos capaces de cualquier cosa y que sólo repiten lo que ven.

Y he aquí un debe de la nueva política, si es que ese concepto puede aún preservarse. La necesaria pedagogía acerca de una ética para hacer política. Los jóvenes deberían entender que a la política se entra con una vocación de servicio y se ha de salir igual, que son cargos circunstanciales, temporales, y que se realizan en pos de trazar un marco de convivencia que llamamos sociedad. La política es lucha y debate, es discusión y nervio, es una opción u otra, sí, pero siempre en el terreno de las ideas. Y debe ser el convencimiento común y no las personas quienes lleven esas ideas al terreno institucional y a las calles. Deben, a su vez, cultivar otros quehaceres. Ser partícipes en la construcción del mundo se puede hacer desde muchas tribunas, no sólo el oficio político. Una empresa con valores, un emprendedor con ética, un compañero o compañera de trabajo con el propósito de mejorar el entorno. La política está en muchos sitios además de en la televisión, la prensa y las sedes de partido. Y por último, la buena política genera ciudadanos libres, no remedos, no clones, no androides que repiten consignas como si tuvieran un microchip instalado en la cabeza.

No son pocas las personas que salen despedidas de la vida política, frustradas cuando ven determinadas prácticas o cuando se ven obligadas a hacerlas. No es de extrañar, el clima político en España es, en muchas ocasiones, irrespirable. Es responsabilidad de los partidos crear espacios de sana convivencia, donde el respeto y el espíritu colectivo primer por encima de aspiraciones personales. En la NBA, a los jugadores que llegan a la liga, los educan antes que nada en una visión madura de lo que puede llegar a ser su experiencia, a prepararse para los fracasos, a actuar en comunidad, a administrar su dinero y a asumir que hay vida más allá de un balón de baloncesto. ¿Por qué no desarrollar esta idea dentro de los partidos?

The following two tabs change content below.
Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

Últimas entradas de Javier López Menacho (ver todo)

Tags: , , , , , ,

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte una experiencia de usuario óptima. Si sigues navegando estás dando tu consentimiento a nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies