Másteres y estratificación social - La Réplica
16 de agosto del 2018
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Pero vamos a ver, ¿alguien conoce a un alumno que haya suspendido un máster? Seamos sinceros, los másteres constituyen, además de un suculento negocio para quienes los organizan, el último escalón que han inventado las clases dominantes para expulsar a las clases trabajadoras del ejercicio profesional de actividades bien retribuidas.

 Lo difícil no es aprobarlo sino pagarlo. A través de los másteres se logra estratificar a los estudiantes, definirlos socialmente, ubicarlos en el camino concreto que su origen social les ha de deparar, de modo que el hijo del rico, debidamente dopado con los ochenta o cien mil euros que puede costar un MBA en IESE o ESADE, logrará los contactos suficientes y los consejos necesarios para labrarse, cuanto menos, un futuro profesional aceptable en el mundo de la empresa. Contactos, agenda, compañeros “hijos de”, eso es lo que se paga muchas veces bajo el rimbombante nombre de “Máster Business Administration”, centros de poder económico donde los hijos de la oligarquía se pelean entre ellos por lograr un puesto de brillante ejecutivo de multinacional al uso, en una contienda donde pocos son los llamados y pocos los elegidos, de modo que el pastel se mantiene intacto y los modernos Cornelios, Fulvios, Fabios, Claudios y Emilios se reparten las direcciones ejecutivas de las grandes corporaciones internacionales sin provocar disputas vitales en el bloque hegemónico, más allá de las típicas pullitas entre las elites.

En una segunda fila más discreta, la clase media más o menos acomodada paga los posgrados profesionalizadores a precios que oscilan, a grandes rasgos, entre los cuatro mil y diez mil euros al año, aspirando, con ello, a que sus hijos puedan ejercer como profesionales liberales o empleados por cuenta ajena en empresas grandes o medianas, con retribución media, muchas veces discreta.

En un plano inferior, los hijos de las clases trabajadoras y medias no acomodadas, cursan sus posgrados por un precio algo inferior a los tres mil euros en centros como la UNED, probablemente la universidad de España con más talento desperdiciado. En ella, los Sánchez, Rodríguez y Pérez, entre otros, se baten a miles para obtener un título que les permita huir del peonaje o de los trabajos subalternos, sin que, por otra parte, se observe en el alumnado de esta universidad un talento inferior al que muestran los Cornelios en sus mausoleos educativos.

De todo ello se concluye que el negocio de los másteres no es sino otra de las muchas farsas con que funciona nuestro sistema, farsa que además de adornar currículums sirve para hacer creer a la ciudadanía que el concepto de máster tiene mayor valor que el que ostenta en realidad. Si así fuera, si funcionaran como algo más que mero capital económico convertido en capital simbólico, el carácter selectivo de los mismos obligaría, como en las oposiciones, a dejar fuera del premio a la mayoría de apostantes.

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David Condis Almonacid. Escritor y letrado de la Seguridad Social. España no puede caer en una espiral autodestructiva. Replicar forma parte del proceso dialéctico que debe conducirnos a soluciones equitativas.

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