11 de diciembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



El otro día Antonio Romero, colaborador habitual de La Réplica, argumentaba en un magnífico post a medias entre la ironía y la sinceridad, que hay que tragar mucha “morralla” hasta dar con una verdadera obra maestra si de cine hablamos (seguramente esta teoría es extrapolable al resto de los campos existentes en esto de la vida). Quiero creer que con su reflexión nos invitaba, o desafiaba, a decir lo contrario. Por otro lado, como también nos han invitado (o desafiado) a seguir haciendo colaboraciones para este medio, recojo el guante que en mi invento le atribuyo a Romero y le digo que NO, que hoy día no hay que pasar tantas horas “inservibles” delante de la pantalla para cazar ese momento que nos hechice, que toque una tecla que haga saltar cual resorte las pasiones, los enigmas, las dudas existenciales más profundas que todos llevamos dentro y que, en un baño de empatía, nos haga viajar o vivir la vida, aunque sea por una fracción de segundo, de aquel o aquella que en tan trágica, cómica, tensa, cínica, irónica o terrorífica situación se encuentre. Para vivir, en suma, la MAGIA —en mayúsculas— del cine.

No, yo no he visto ni la décima parte de películas que Antonio Romero estimó haber visto y por ello, y por muchas otras razones, puede que no sea un gran cinéfilo. Tengo mucha materia pendiente, y sé que mucha (muchísima) de la buena, de la mejor. Pero no nos engañemos, seguro que muchos de vosotros me entendéis cuando digo que en las noches de tele y manta ahora reina el fenómeno “series”.

La seriemanía venía pujando con fuerza desde hace más de quince años; seguramente desde el antes y el después que los Soprano supuso y que no tardó mucho en seguir The Wire. Bajo mi punto de vista las dos obras maestras que más horas de felicidad (tensión, alegría, reflexión, etc) me han reportado frente al televisor. Pero aún llegaban con cuenta gotas: Mad Men, A dos metros bajo tierra, Breaking Bad, Juego de Tronos… y la cosa fue acelerando, hasta hoy, que hemos llegado a un nivel en el que son incontables las series de alta o muy alta calidad que tenemos al alcance cada temporada. Y por esto, discrepo con el hecho de tener que ver muchas horas para dar con la clave. La clave está en Internet, demasiadas críticas de amigos (con y sin criterio), blogs (con y sin criterio), webs (con y sin criterio), etc, como para no ir apuntando bien la elección y, si aun así, no lo tienes claro, honestamente, creo que Filmaffinity nunca (o casi) falla (y no me pagan comisión por esto). El acierto de esta web, que a buen seguro todos conocéis, reside en que las pelis y series son votadas por miles, cuando no decenas de miles, de usuarios, y no por críticos expertos de estos que saben mogollón. Y cuando tantas personas, normalmente la mayoría grandes amantes del cine, votan, la democracia sí es, en este caso, representativa.

Y si aun así no os fiais de Filmaffinity aquí estoy yo para hablaros de mi experiencia de los últimos seis meses, justo cuando HBO España entró en mi vida (voy a tener que ir planteándome seriamente ir pidiendo comisiones). Desde junio hasta diciembre mi ajetreada vida de padre ha vuelto a tomarse un respiro para reconciliarse con las series y he podido ver (gracias a Filmaffinity y los consejos de amigos con criterios) series como: The Jinx, Handmaid´s Tale, Leftovers, Big Little Lies,  FEUD: Bette and Davies, The night of, Vinyl o Channel Zero, por no hablar de la última de GOT y una revisión maravillosa de The Wire; o Fargo y Stranger Things HBO aparte. Como es un poco absurdo e innecesario hablar de todas, puesto que de muchas ya habréis oído y os aburriríais considerablemente si tanto me alargo, os reseño algunas de ellas, las que son menos conocidas.

Un 8´3 de Filmaffinity y el hecho de que solo fuesen cuatro capítulos hizo que The Jinx (el Gafe) fuese la primera en caer. La sinopsis ya inquietaba y tan solo unos minutos después uno tiene la sensación de estar ante algo completamente diferente. Un docuthriller, algo no visto antes, con unos tiempos narrativos absolutamente asombrosos, demasiado surrealista como para ser real, pero es real; Durst, su protagonista, parece sacado de Fargo, él solo lo capta todo. Pero difícil decir mucho más sin destriparla. Si tienes ganas de empezar con una serie pero te da pereza empezar con algo más extenso, The Jinx es una apuesta segura.

Para los amantes de la música, cercanos a la locura, Vinyl es una imprescindible. La apuesta de Jagger y Scorsese está llena de momentos enérgicos, delirantes y tragicómicos, en resumen, puro rock and roll. Historias de subidas hasta por encima del éxito para estrecharse después, a toda velocidad, contra el suelo. Excesos de una industria que tuviera a principios de los setenta el mundo puesto del revés. El piloto vale ya por sí solo la serie entera, con la firma de Scorcesse y su hora y cuarenta y cinco minutos, es más película que serie. Llena de guiños a las megaestrellas de los pósters de nuestra pared, Vinyl(7´6 en Filmaffinity) es, como he dicho, imprescindible para los amantes del Rock and Roll.

Leftovers es una serie que destila una atmósfera especial, difícil de atrapar en sus primeros capítulos por lo surrealista, inquietante y el extraño ritmo narrativo que marca, resulta  mucho más profunda de lo que pudiera parecer a simple vista. En el universo que nos regala Lindelof (co-creador de Lost) se intuye el estado depresivo que lo acompañó durante aquella temporada. Una serie en la que casi nada es lo que parece y que nos ayuda, si así se quiere, a bucear y adentrarnos, al menos someramente, por nuestras propias entrañas. Con interpretaciones en momentos exquisitas por parte de Justin Theroux o Carrie Coon, si quieres volver a sentir lo mejor del poso filosófico que dejaba Lost con sus enigmas y personajes, Leftovers (7´4 en Filmaffinity) hay que anotarla.

De momento terminaré hablando con The night of que ha sido la última en caer, una de las últimas grandes apuestas de HBO. The night of viene a sumarse a la última tendencia de las miniseries que nos dicen adiós cuando estamos en lo mejor, pero así se aseguran renovarse, oxigenarse y morir en lo más alto. La serie absolutamente repleta de sordidez, es un thriller, quizás el mejor que haya visto jamás, donde están todos los elementos claves: asesinatos, abogados, juicios, nada es lo que parece, cárcel, estos elementos tan aparentemente manidos y que, bien jugados, tanto nos aportan. The night of (7´9 en Filmaffinity) vuelve a ser algo más que una historia y nos invita a reflexiones vitales personales, sociales y éticas, de la mano de una tensión creciente que nos acerca en ocasiones a estados de ansiedad. El regalo que la serie le da a John Turturro, éste lo devuelve con creces y nos regala una actuación magistral para un personaje excepcional.

Comento estas cuatro no porque sean las que me hayan dicho o gustado, sino porque entiendo que del resto se habla ya bastante, en cualquier caso, qué decir de ellas: todas exquisitas, todas de primera, todas empeñadas en subir el porcentaje y demostrar que no hay que jugársela para cazar grandes ejemplares cinematográficos que hayan de regalarnos inmensos pequeños placeres cotidianos.

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Profesor de secundaria de Biología. Activista

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