24 de septiembre del 2018
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Ahora que se ha viralizado un vídeo de Pedro Duque, ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, realizando un alegato clasista a favor de la enseñanza privada, situándola por delante de la enseñanza pública y señalando las limitaciones de esta última, me veo obligado a reivindicar el papel que jugó la enseñanza pública en mi vida y a romper una lanza por los profesionales que a diario se dejan el alma por la educación pública, universal y gratuita. 

Por ellos, por mí, por si algún día tengo hijos, reivindico a mis profesores y les doy las gracias de la única manera que sé, escribiendo. Si me permite la audiencia de La Réplica, voy a contaros quiénes han sido mis diez profesores favoritos durante mi periodo formativo, en el que combiné enseñanza pública y concertada:

Juan Reyes “Popeye” – Ciencias de la tierra y el medio ambiente (IES Seritum Jerez)

Recuerdo su mote, de uno de los profesores más míticos que jamás hayan pisado las aulas del IES Seritium. El “Popeye”, al que supongo que llamábamos así por su afición a fumar en pipa, era un profesor raro, extravagante, exigente, cultísimo y brillante hasta decir basta. Sus analogías y comparaciones para desgranar los misterios de este planeta eran brillantes. Su manera de enseñar seguía la máxima de “el tren ha partido, que se suba al vagón quien quiera o quien pueda”, y eso te obligaba a estar al día si querías aprobar. Muchas veces era difícil seguir el ritmo a una figura cuya autoridad no tenía discusión. Cualquier le reprochaba algo al bueno del Popoye. Había algo que me fascinaba en él, su fino e irónico sentido del humor (como el día que nos dijo que los mocos tenían proteínas y no había que descartarlo como alimento), pero también el fondo que le daba a enseñar sobre la naturaleza: que por más que nos creamos, que le demos un sentido antropológico al devenir del planeta, somos insignificantes, casi nada, apenas una gota de agua en ese océano insondable que es la vida.

Mariángeles – Matemática (Colegio Público PIO XII)

Una profesora mítica de PIO XII, santo y seña del espíritu de un colegio que tuvo que lidiar con un alumnado muy conflictivo, la escasez de medios y las dificultades propias de finales de ochenta y principio de los noventa. Al colegio acudían adictos a pincharse heroína al fondo del patio, entre los compañeros tuvimos algunos ladrones e infinidad de agresiones, faltas de respeto, lo que ahora llaman bullying y cientos de problemas corrían por los pasillos. La violencia era pan de cada día. Pero ahí surgió una dicharachera profesora de matemáticas, con un método a la vieja usanza -como el método de Hollywood pero trasladado al sistema educativo-, risueña, irónica y solidaria con el resto del claustro. Su sentido de la justicia para el profesorado y para el alumnado fue básico para mantener un colegio con muchísimos problemas estructurales. Todo lo que le agradezcamos es poco para esta mujer, ya veterana, con un parecido tremendo a Angela Lansbury, la célebre protagonista de Se ha escrito un crimen.

Teresa – Educación física y Ciencias sociales (Colegio Público Pio XII)

Profesora todoterreno, que conocimos en educación física y luego fue de ciencias sociales, lo que más alabo de Teresa es su infinita paciencia con una panda de niños descerebrados e inmaduros que éramos nosotros entonces (¿Cómo si no, es un niño entonces?). Fue nuestra tutora en la segunda etapa de EGB, por séptimo y octavo, cuando viví mi peor época en la escuela pública. Las condiciones de marginalidad del colegio, su violento status quo dentro de las aulas era una losa, pero de alguna manera Tere lidiaba con todo aquello. Pienso mucho en cómo se enfrentó todo aquello -fue incluso jefa de estudios- y cómo al final de cada curso, el colegio seguía hacia delante.

Javier Mairal – Literatura (IES Seritium Jerez)

Un tipo maravilloso, Mairal, un enamorado de la cultura cuyas clases eran mucho más que clases de lengua y literatura. No sé cómo entonces no fui capaz de entender que mi vida transcurriría por los derroteros de las letras, pero da igual. El niño de entonces acudía fascinado a las clases de un tipo delgado, educado hasta el absurdo -una vez me pidió perdón por cortarme un bostezo- y culto como pocos. Él trajo a clase los cómics, el pop-rock, los clásicos de la literatura y las manifestaciones de la cultura popular. Imaginaba su casa como un mausoleo cultural de acceso restringido. Hoy, tengo una biblioteca tal como la que me imaginaba y con parecerme mínimamente a este gran profesor ya me daría por satisfecho.

German Rodero – Física y Química (IES Seritium Jerez)

El profesor chiflado de IES Seritium es una personalidad querida por el alumnado y el profesorado por partes iguales. Excéntrico e inigualable, este crack de la docencia de  la física y de la química destacaba por el carácter práctico de sus temarios, la ductilidad con la que trataba a cada grupo -sacándole el máximo partido a sus características- y un sentido del humor a menudo por encima de su audiencia. Pero con los años, German se ha convertido en un imprescindible del instituto que inauguró la ESO en Jerez cayéndose a pedazos y hoy es un instituto reconocido por la comunidad educativa. German es algo más que un profesor de aula, es un dinamizador del centro y está plenamente involucrado en la vida del instituto. Ojalá dure eternamente.

Germán Rodero junto a sus alumnos, en una imagen de la web oficial del Instituto.

Mariángeles Galiano – Ciencias de la tierra y el medio ambiente (IES Seritium Jerez)

Mari Ángeles fue mi tutora durante dos años en bachiller, mi peor época en cuestiones académicas. Eso no le quitó ni un ápice de interés a sus clases de Ciencias de la Tierra y el Medio Ambiente. Me fascinaba no ya el qué contaba, sino el cómo lo contaba. Mariángeles conseguía un tono entre el documental y el thriller donde la narradora comunicaba fascinada por la exactitud y escrupulosidad de esa maquinaria sin igual que es la naturaleza. A veces, ya pasados los años, pienso en que si yo relatara algo, lo que sea, la mitad de bien que ella explicaba su asignatura, desde el primer átomo hasta la galaxia entera, ya me daría por satisfecho.

Diego – Matemáticas (IES Seritium)

Lego. Pego. Riego. Juego. Jugábamos a llamar a Diego sin pronunciar su nombre y que no se diera cuenta. Creo que siempre lo supo y no quiso darle más importancia a ese juego de niños. Este profesor de matemáticas, también jefe de estudios en su momento, probablemente director del centro más tarde, era otro emblema del instituto. Cuando había un problema de calado, más allá de meros partes disciplinarios, una pelea a la salida, un problema de becas, un conflicto con las infraestructuras, un expediente mal resuelto, una manifestación que necesitaba espacio, Diego era la figura de referencia. O así la percibía yo, el niño que era. Sé que me sentía más seguro con Diego en ese rol, de protector de la educación y protector del centro, y con eso me era suficiente. Porque los colegios y los institutos son mucho más que el trabajo de aula, y demasiadas veces pasa desapercibido, Diego tenía que figurar en esta lista.

Don Antonio – Conserje (Colegio público Pio XII)

El conserje de nuestro colegio, un hombre que era parte del mobiliario urbano de ese colegio con tantos problemas. Siempre paciente, este hombre a un cigarro pegado, atendía a cualquier niño con problemas en el entretiempo, se encargaba de recoger paquetes, de acompañarte a la enfermería, de recibir a tu madre cuando venía a buscarte si te encontrabas enfermo. En ese impasse en el que necesitabas una mano amiga, él estaba ahí. Pese a ser un hombre mayor y de apariencia seria, tenía una extraña afinidad con los niños. No era fácil ser conserje del colegio público Pio XII en los años noventa, pero claro, nosotros teníamos al mejor.

Ana – Lengua (Colegio Público Pio XII)

Solo estuvo conmigo un año Ana, una hippie perroflauta que me enseñó su amor por la literatura y la actividad creativa. También, de paso, que no había etiquetas que nos definieran. Una innovadora que entendió el Make Yourself antes que Montesori y toda esos teóricos iluminados. Había un camino sencillo para hacerlo posible, llevarlo a la práctica. Recuerdo bien su cercanía y amor por los alumnos outsiders, que sentían con ella todo el candor que su vida más allá de los muros del colegio les negaba. Había algo en el clima que creaba, donde las barreras entre profesor y alumnos se difuminaban y era como un grupo de autoayuda en la búsqueda del bien común. Esto, claro, enclavado en el mundo en el que vivíamos entonces. Pero es que entonces tiene más mérito que nunca.

Antonio Cano – Historia (IES Seritium Jerez)

El profesor, sin duda, que más huella me ha dejado,el Hitler de las aulas jerezanas“. Un tipo estricto hasta decir basta que imponía con su estricta presencia, su esbelta figura, camisa a cuadros remangada por los codos y mirada penetrante, todo disciplina. La clase -una clase ojo, en Jerez de la Frontera a principios de siglo- le recibía con todos los alumnos sentados en el pupitre y los brazos encima de la mesa. Sin relojes, sin otros libros, sin distracciones. Su metódica y exigente manera de analizar los periodos históricos, siempre a través de esquemas en Din-a3, con exhaustivas líneas temporales y obligatoria puesta en común, nos exigía trabajar regularmente en su asignatura. Al final, apenas te costaba repasar un poco para entenderlo todo y aprobar los exámenes. Creo que resume bien cómo se aprendía con Antonio Cano, sin hincar codos, pero trabajando, leyendo y debatiendo de manera regular. Así se aprueba en la vida. Sus clases rigurosamente ordenadas hasta el timbrazo final tenían un sello de autor que aún hoy permanecen en mi memoria. Aún recuerdo cómo nos explicó la revolución industrial con el matrimonio de Smith o cómo se mofaba de la dinastía borbónica. Es curioso ese mote, Hitler, porque Antonio Cano nos explicaba en clase ideas de tolerancia, respeto a la diversidad, esfuerzo y humanidad. Todo lo contrario que el dictador alemán. El tiempo le  ha hecho justicia y hoy es uno de los profesores más recordados por la comunidad de alumnos.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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