16 de octubre del 2017
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La Replica presenció “Mongolia, el musical” en Alcalá de Henares, uno de los espectáculos más ácidos y divertidos del momento. Analizamos esta obra y el papel del humor como ejercicio de contrapoder.

El humor es una herramienta imprescindible en tiempos de crisis. Ha aguantado vendavales políticos sin perder un ápice de picardía ni ver mermada su pegada crítica. En las dictaduras del siglo XX, el humor esquivó la censura y ejerció de contrapoder. En las pseudodemocracias de hoy, es una forma de rebeldía inteligente, capaz de crear mensajes poderosos que luego se instauran en el imaginario colectivo.

Nuestro país demandaba periodismo satírico. No una revista de comic en sí misma, como El Jueves, que parecía cubrir parte de ese target hasta que perdió credibilidad (y suponemos que lectores) tras su bochornoso episodio de censura, sino una revista todoterreno, independiente y peleona. Y hace poco más de dos años, de una asociación de personajes procedentes del underground digital, nació Mongolia.

 

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Desde entonces, Mongolia ha agitado las redes y torpedeado a los poderosos cuando se lo ha propuesto. Desde sus páginas y sus masivas cuentas en Twitter o Facebook ha denunciado los abusos de las élites sin ceder a chantajes. ¿Quién no conoce alguna de sus punzantes portadas?. Pero… ¿por qué limitarse al papel y al entorno digital? Eso debieron pensar Adanti, Bravo, Galán y cía, que recorren estos días la geografía española presentando “Mongolia, el musical” un show teatral con reminiscencias a los espectáculos de los Monty Python y cierto eco de Faemino y Cansado. Eso sí, con una vena sarcástica más acentuada, más “heavy”, que podría escandalizar a espectadores sensibles. A Mongolia le va el mambo porque si no no sería Mongolia.

El “musical” es una prolongación de la revista a las tablas. En los vídeos que refuerzan los diálogos de Galán y Adanti, Mongolia luce un brillante trabajo de diseño gráfico que combina lo retro, lo pulp y lo comiquero. Bravo adereza el show con alivios musicales que terminan de dar empaque a la función y aunque se observan algunos altibajos (los gags de Adanti son más flojetes), el resultado final es satisfactorio. El musical recoge en plenitud el espíritu ácido y delirante de la publicación, alcanzando su desternillante cenit cuando señala sin rubor a la esperpéntica casa real o a los corruptos del Partido Popular.

Si en dos años, Mongolia se ha convertido en un referente del periodismo satírico cogiendo el relevo de La Codorniz, no ha sido solo por su buena labor de marketing (saben usar muy bien las redes) sino por su incesante labor de contrapoder. Suman y siguen estos chicos que divierten a los humildes mientras cabrean a las élites. Que así sigan, lanzando sus dardos sin casarse con nadie. Se lo agradeceremos.

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Periodista, fotógrafo y diseñador gráfico. Ha escrito en Diario de Cádiz, Rock Estatal, y El Club de los Imposibles. Es director de La Réplica. Participa en Ganemos Jerez.
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