19 de octubre del 2017
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La década de los setenta significó para el cine mexicano una de los momentos más interesantes y prolíficos donde se asentaron, los hoy, grandes cineastas del cine de autor latinoamericano: Felipe Cazals, Alberto Isaac, Jorge Fons, Jaime Humberto Hermosillo, Arturo Ripstein y Alberto Bojórquez, entre muchos otros. La transición del poder que vivía México del siniestro Díaz Ordaz al gobierno de Luis Echeverría: resulto un ínfimo crecimiento económico, se incremento el gasto de la inepta burocracia federal y el hecho fatídico del 10 de junio de 1971 con “El Halconazo”: la masacre de jóvenes manifestantes en apoyo a sus iguales de Monterrey, en la Ciudad de México por paramilitares. Época que se consagraba la dictadura del Partido de la Revolución Institucional (PRI).

Teresa

Durante este periodo, los adeptos al creciente cine mexicano lograron ver un panorama más maduro y de argumentos aún hoy vigentes. Con el apoyo de mil millones de pesos al Banco Nacional de Cinematografía se crearon tres entidades fílmicas: Conacite, Conacite I y Conacite II, empresas federales que contribuyeron a esta época fílmica con “temas sociales y críticos”: arguyen los estudiosos del cine mexicano. Ante su osada apuesta por reflejar una sociedad perturbadora y primitiva que permitió la producción de grandes obras cinematográficas. Con El castillo de la pureza 72, vivimos el secuestro patriarcal de una familia, Canoa 75, sufrimos la satanización del comunismo en pos de sacrificar a los jóvenes estudiantes; también fuimos partícipes de la desmitificación de la sexualidad y el amor de una joven provinciana que se enfrenta a crecer en La pasión según Berenice 75; todas estas sembraron la nueva idiosincrasia de un séptimo arte, del tercer mundo, que se inscribía en las influencias del cine europeo, en contra del Hollywood y el nacimiento del blockbuster americano.

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En este sentido, para el joven realizador Alberto Bojórquez, egresado del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC); debutaba en 1970 con el drama experimental poco conocido, “Los meses y los días” cuyo relato reflejaba matices de la nouvelle vague francesa y del free cinema inglés en boga en esa época. Este filme relata la incertidumbre de la chica Cecilia (Maritza Olivares), que sin metas ni proyectos de vida, huye de casa para vivir el libertinaje y la frivolidad de sus semejantes, con el tiempo lidia con la muerte de una amiga, roba a sus padres para rentar un departamento mientras descubre su despertar sexual; un film que predecía el vacío y la desesperanza de una generación de jóvenes que hasta nuestros días ha empeorado en todo el mundo.

Años más tarde, Bojórquez mantiene su labor cinematográfica con argumentos cuyas protagonistas son mujeres. Aquí inscribe la vida del personaje de Teresa: oriunda de Tabasco, estado del norte de México, que se niega a mantener la tradición de preservar el estereotipo de mujer casada, se enfrenta a su madre por migrar al centro del país para estudiar biología y realizarse. Con Lo mejor de Teresa, el realizador gana el Ariel por mejor argumento original en 1977 cuyo tema, sumamente adelantado a la época, retrataba un México que no superaba la cultura machista del cine de la época de oro, acaso de manos del Indio Fernández, Fernando de Fuentes ó Chano Urueta.

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Teresa interpretada por la debutante actriz Tina Romero, presentaba una visión renovada de la mujer en el cine mexicano. En Bojórquez existía un principal interés por desmitificar la satanización de la mujer independiente o su lucha de ello. De factura descriptiva con actuaciones magistrales, muchas de las secuencias inauguraban un valor icónico en la representación visual de la mexicana contemporánea, que confrontaba la idea de “mujer libre” cuya visión obedeció a la postura del director de representar un cambio de paradigmas femeninos, como había sucedido en otras filmografías del mundo. La fotografía naturalista se emplazaba en cuadros fijos y pocos cortes al desarrollo de las escenas, donde el argumento se erigía como el principal punto de interés para el espectador: Teresa no quiere casarse ni tener sexo con Camerino su habitual pretendiente, Teresa llega a la capital y lucha con el miedo a la gran ciudad, mientras busca trabajo y se prepara para el examen de admisión a la Universidad. Vende libros para subsistir y más tarde toma el cuidado de la madre de su amiga y prostituta Aurelia. Sin embargo, es sospechosa ante la policía por los vínculos de Aurelia y su novio narcotraficante, al ser libre de delitos no entra a la universidad y más tarde su madre muere. Teresa hereda el rancho de su madre y lo vende para tener recursos y poner un negocio en la capital. Se vincula amorosamente al editor de un periódico de corte izquierdista. No hay final feliz, no hubo un cambio u evolución en la vida del personaje sólo se mantuvo la lucha por los ideales. El personaje de Teresa no corresponde al típico canon fílmico de víctima, donde sus circunstancias hacen que el espectador deba amarla por compasión barata. Aquí yace un rasgo distintivo del cine de autor: Bojórquez hace del diseño dramático un atisbo agridulce, en una época donde el tercer mundo enfrentaba el inicio del desempleo y la marginación social, en los jóvenes y en la mujer. Esto no ha cambiado sino se ha endurecido. Durante la hora y casi cincuenta minutos del film, Lo mejor de Teresa muestra un panorama desolador de un México (y de muchos países del mundo en la actualidad) donde los jóvenes no tienen acceso a la educación superior ni a un trabajo estable que les permita vivir modestamente. Pocos filmes mexicanos, de corte intimista y crudo han retomado esta vena conceptual, pues desde Amor a la vuelta de la esquina (1986) de Alberto Cortés y Lola (1989) de María Novaro, pocas apuestas fílmicas con un argumento convincente, han marcado un trazo contemporáneo de la mujer actual y sus debidas transformaciones a nuestro tiempo. La guerra frente a las viejas pesadillas de una sociedad hiper tecnologizada: el acoso sexual como el machismo laboral y doméstico.

 

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Licenciado en Letras Hispánicas con Especialidad en adaptación cinematográfica por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Tiene la Maestría en Estudios Cinematográficos en Guionismo de la Universidad de Guadalajara y la Maestría en Cine Documental por el Posgrado en Artes y Diseño- CUEC de la UNAM. Realizador, guionista y productor escribe sobre temas de cine.

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    Una Réplica

  1. VERONICA MARTINEZ SANCHEZ

    Tabasco no está al norte de México, es un Estado del Sureste! Parece que el autor es mexicano, qué vergüenza que no conozca la geografía básica de nuestro país.

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