20 de septiembre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



En la tercera cerveza —jarra más bien— vespertina surgió el gran tema. Hasta ese momento el Mundial de fútbol en Rusia había sido el centro de nuestras conversaciones cruzadas, bromas y pequeños piques.Es inevitable y hasta mitad de julio será trending topic de los bares —que no vares—, y sentado en aquella terraza cerca de la playa del Bogatell departí sobre selecciones, eliminaciones sorprendentes y candidatos al título.

Pero en un momento dado todo cambió. Surgió la política. Y empezó nuestro particular partido, con dos claros equipos que en fuerte liza defendían sus porterías. Un servidor, que siempre ha tenido alma de árbitro en estas lides, permaneció un buen rato callado mientras observaba los continuos pelotazos que de forma supersónica cruzaban un campo repleto de botellines, paquetes de tabaco y ceniceros llenos. En tan habitual escenario tuve una epifanía, una voz en mi conciencia que me susurró una verdad que tengo arraigada en mi interior pero que todavía me resisto a admitir por completo: jamás lograremos ponernos de acuerdo. Si varios amigos, en una charla más que distendida, conseguían llegar a un mínimo consenso en algún detalla, ¿cómo podrán nuestros políticos hacerlo en grandes temas que afectan a todo el país?

Nuevos tiempos exigen cambios, adaptaciones. Renovarse o morir, que se suele decir. Y de momento no veo yo que esté sucediendo en nuestra clase política, la cual sigue sin comprender que tarde o temprano no tendrá más remedio que hacerse entender entre ellos. A riesgo de convertirme en un nefasto futurólogo —cosa que en realidad me será beneficioso—, a día de hoy parece ser una realidad que el Congreso no volverá a ver una mayoría absoluta en mucho tiempo. Tal vez nunca más. Eso significa que hay que hacer política, y no lo que se ha estado haciendo durante 40 años.

En España no hemos visto verdaderas negociaciones entre partidos por un bien común; al contrario, ha resultado ser una suerte de oxímoron que ha provocado que el país se haya quedado muy atrasado en varios de los pilares en los que se debe apoyar su crecimiento. Ahora, la fragmentación parlamentaria obliga a hablar. Obliga a entenderse, se quiera o no. Nosotros y nosotras deberíamos estar pendientes de ello, exigirles que lo hagan y castigar a quien se enroque en esa guerra de trincheras que sólo les beneficia a ellos. Esta última afirmación explica muchas cosas y reafirma mi idea de lo imposible que es llegar a ver verdaderos pactos de estado. Vuelvo al debate de la terraza y rescato los momentos en que unos y otros trataban de hacer ver sus diferentes puntos de vista; lejos de confrortarlos, los intentan imponer. «Mi verdad contra la tuya, pero yo tengo razón». Simple, pero de ahí deriva toda la incapacidad de negociar. No lo podían hacer mis amigos, menos lo harán unas personas que deben muchas cosas a mucha gente y que no se pueden permitir bajarse del burro. En ningún momento, bajo ninguna circunstancia. Si todo se hunde, ellos ya se asegurarán de tener los botes.

De las tertulias de bar a los asientos del Congreso, la histórica incapacidad española de llegar a acuerdos seguirá siendo seña de identidad. Pese a que la fragmentación obligue, la situación social demande y el futuro implore. Negociar es una palabra que nos es ajena en su sentido más estricto; los políticos la usan, pero para disfrazar la verdad bajo un manto de entendimiento y acuerdo que en realidad no son tales, sino un mero número de teatro en el que nosotros, espectadores —pasivos en demasiados casos— asistimos embobados sin ver que tras las bambalinas transcurre la obra real.

Mis amigos nunca podrán ponerse de acuerdo en prácticamente nada que implique a diversos puntos de vista. Los políticos, jamás conseguirán llegar a acuerdos realmente importantes. Porque, como he dicho muchas veces, en las trincheras se vive mucho mejor.

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Alejandro F. Orradre

Escritor || Jedi frustrado || Reseño mis lecturas en elfindeltsundoku.wordpress.com || Colaboro en @murraymagazine y @hablandoconletr

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