29 de julio del 2017
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Luchar contra la pobreza  es quizás una de las reivindicaciones más tendenciosas, vagas e inciertas que se pueden escuchar cuando se habla de la desigualdad. No se lucha contra la pobreza, sino contra lo que la provoca. La pobreza no es el motivo sino la fatal consecuencia. Y eso lo han sabido muy bien Uruguay y sus recientes gobiernos. Hablar de Montevideo es prácticamente hablar de Uruguay, ya que más de la mitad de la población del país vive en la ciudad y el área metropolitana de la misma, por ello que aunque nos centremos en la capital, también haremos notas comparativas con el resto del país.

A pesar de que ha de reconocerse el parcial buen hacer en este país de poco más de 3 millones de habitantes, el modelo sociourbano de Montevideo no ha quedado exento de imágenes que mostraremos y que prueban la latente desigualdad que se ve reflejada en la metrópoli charrúa. Hablamos de las zonas más desfavorecidas del paisaje uruguayo. Hablamos de los cantegriles.

Los cantegriles son eufemísticamente llamados asentamientos. Se trata de barrios precarios construidos a base de lata, cartón, miseria y desesperación. Suelen crearse allí donde la necesidad se acentúa, independientemente de que se trate de suelos privados o públicos, en las periferias o junto a arroyos. El origen de esta palabra nace de la ironía. El Cantegril Country Club es el nombre de uno de los centros de encuentro veraniego más lujosos de Punta del Este, una  ciudad peninsular al sur del país.

Aunque nos refiramos en esta monografía con especial atención a los que han ido creciendo en torno a la capital, estos también han crecido, como decíamos, en otros puntos urbanos y suburbanos del país. Según los datos oficiales del INEU (Instituto Nacional de Estadística de Uruguay), el 11% de la población de Montevideo vive en asentamientos irregulares, representando a nivel nacional al 6% de la población total. Hablamos de casi 150.000 personas viviendo en la pobreza.

Marconi

Más de 400 “asentamientos irregulares” se hallan salpicados en torno a Montevideo. Son barrios con nombres propios: Marconi, Malvín Norte, El Monarca y Unidad Casavalle son ejemplos visibles.

La coalición de izquierda de Frente Amplio, con Mújica y Tabaré a la cabeza, ha gobernado el país por casi una década, y la capital por más de veinte años. Ante sus políticas existen datos encontrados que parecen mostrarnos dos realidades distintas de un mismo país.

De un lado, el estudio elaborado por el Ministerio de Desarrollo, denominado “Reporte Uruguay”, el cual consta de 17 capítulos y fue realizado en 2015, asegura con datos que se ha producido una notable caída de la pobreza monetaria y que casi ha desaparecido la indigencia. No obstante, a su vez admite que persisten situaciones sociales de alto nivel de exclusión, lo cual lo achaca a las últimas décadas del siglo XX y a la crisis que vivió el país a inicios de siglo, hechos que han provocado heridas que el Frente Amplio considera “irreparables a corto y medio plazo”, algo lógico y entendible pues ningún gobierno en una década puede eliminar todos los males de un país. Al menos en este planeta.

Zonas Vulnerables

El mismo estudio señalaba que, geográficamente, la pobreza ha caído más en el interior del país que en Montevideo. Un 77 frente a un 65% entre 2002 y 2014, respectivamente. Si bien cualitativamente encontramos lugares donde el porcentaje de pobreza es mayor que en la capital (Rivera y Artigas, en ese orden), es en Montevideo donde cuantitativamente se concentran mayores focos de desigualdad sociourbana, capital en la que el ingreso promedio es de media superior a la del resto del país pero de distribución inequitativa.

Por último, dicho estudio destaca la acentuación de dicha desigualdad cuando se trata de la población uruguaya afrodescendiente, a quienes la pobreza afecta a más de un 23% del total frente a un 9% de la población de ascendencia blanca.

Frente a estos estudios realizados por el ministerio, donde se percibe y agradece una gran minuciosidad a la hora de tratar de reflejar la realidad del pequeño país latinoamericano, existen voces críticas que no “compran” los argumentos del gobierno. Dichas voces no solo hablan y se centran en un desamparo económico, sino que en la mayoría de los casos hace hincapié en aquel otro que deriva de éste: el desamparo cultural, con el consecuente crecimiento del ausentismo escolar infantil entre los más pobres. Frente a este grave problema, las autoridades municipales decidieron el año pasado quitar la Asignación Familiar a 33.000 beneficiados por no probar que enviaban a sus hijos a la escuela a través de certificados de asistencia que habían de presentar. No se sabe a ciencia cierta si este castigo realmente cuenta con el suficiente sosiego previo, ya que cara a que los niños retomen sus hábitos saludables de acudir a la escuela, esta retirada de la ayuda no favorece a ello, si bien continuar con la misma frente a la indiferencia de sus adultos tampoco mejora la situación. Una encrucijada en la que hoy se encuentran en la capital cara al futuro de sus hoy niños, mañana adultos montevideanos sin la disciplina, los conocimientos ni el respaldo que precisaron en su debido momento. Y encrucijada que queda también latente en datos que replican a las fuentes del gobierno. Si bien la universalización de la educación para niños de 4 y 5 años es casi total, a medida que van creciendo comienza a reducirse drásticamente la universalización de la misma, llegando a niveles preocupantes a partir de la media superior.

Cantegriles 2

Frente a las dos posiciones, la conclusión a la que se llega es que la reducción de la desigualdad existe, si bien se produce lentamente. Si bien en 2006 el 20% de los hogares más ricos de Montevideo se apropiaban de más de la mitad de los ingresos (50,7%) frente al 20% más pobre que accedía a casi al 5%, en 2014 el 20% más pobre se quedaba con el 6,9% frente al 20% más rico que disponía del 44,7%.

Quizás quien mejor supo exponer la problemática de Montevideo fue el Decano de la Facultad de Ciencias Económicas (FCEA) de la Universidad de la República (Udelar) cuando hace unos meses lanzaba la pregunta de si la mejora que estaba viviendo Uruguay era coyuntural o estructural. No existía la certeza de hasta qué punto la mejora del país se debía a un contexto externo favorable, y quién sabe si Uruguay podría lidiar con un cambio del contexto externo. “No sabemos qué tan vulnerables somos” afirmaba al periódico El País el pasado Diciembre. Y no le faltaba razón.

Para resumir y tratar de comprender la compleja situación social de Montevideo y Uruguay podemos resaltar el trabajo existente y el mérito del mismo en términos generales, sobre todo si comparamos con el resto del continente. No es baladí que sea por ello esta monografía una de las más suaves en cuanto a la visión crítica que este especial expone en torno a la desigualdad sociourbana del continente latinoamericano.

Hay mucho por mejorar y muchas medidas sociales que adoptar para que mejore la vida de los uruguayos. De todos los uruguayos. Y no me viene mejor modo de acabar esta humilde monografía que con las palabras que un uruguayo exiliado en Suecia me concedió una mañana cuando me hablaba de su país durante la acampada del 15-M en la plaza de la Constitución de Málaga. Un caballero tupamaro, amigo de Jorge Zabalza y Eduardo Galeano, que tuvo que escapar de la dictadura de Bordaberry para poder seguir vivo. Una máxima que recoge lo que ha de ser el reto de Uruguay en las décadas venideras. Una frase quizás algo romanticista, idealista o excéntrica, pero también vigorosa, incluyente y tan fuerte como la mirada candente y el puño de aquel hombre mientras la escribía para que quedase allí, expuesta en la plaza:

“Patria pa’ todos o pa’ nadie”.

Próxima parada: México.

 

 

Las fotografías son de N. Garrido.
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Alejandro García Maldonado

Licenciado en Derecho, ha colaborado en diversos medios como El Confidencial, Claridad Digital, El Turbión, El Importuno y Cubainformación. Autor de las obras "Testigos cegados" (2011) "Transcripción del Manifiesto Comunista" (2012), "Al resguardo del tilo rojo" (2014), "Tra due anime" (2015) y "Son de Lirios" (2016). Ha realizado estudios sobre proyectos biográficos coordinados por la Bernard Lievegoed University y dirige el proyecto literario "Etreso Biografías". Actualmente realiza un "Postgraduate Diploma of Journalism" dirigido por el National Council for Training of Journalist e impartido por la University of Strathclyde.
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