30 de marzo del 2017
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El Salvador.

El país más densamente poblado de toda América.

Un país devastado por terremotos, desprendimientos de tierra, huracanes e inundaciones.

Una reciente guerra civil sus espaldas que finalizara en 1992 con 75.000 muertos dispersos entre sus raíces, cunetas, paredones y silencios. De todos ellos, destaca para los pobres la figura de monseñor Romero, brutalmente asesinado por miembros de la ultraderecha mientras daba una misa, asesinato que hoy sigue impune. Aquella guerra se libró entre el gobierno y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), quienes hoy presiden el país con Sánchez Cerén como presidente electo de la república.

“Dios, Unión, Libertad” dice el lema de esta nación.

San Salvador es su epicentro, conocida como “valle de las Hamacas” por la cantidad de seísmos registrados en la zona.

Muros - El salvador La Réplica

Podríamos decir que San Salvador es la capital de uno de los países más desconocidos al otro lado del charco, y es que la información solo alcanza en la actualidad hasta donde supone rentable económicamente su difusión, polémica, o libertad para contaminar.

En esta ocasión podríamos ceñirnos a algún barrio cerrado en concreto, que los hay, como por ejemplo el que se muestra en la siguiente imagen: la comunidad Cecilio del Valle, separada por un muro de un complejo cerrado de nuevas casas en la colonia Escalón.

Sin embargo, en el estudio de la evolución histórica de la división social del espacio en San Salvador, la complejidad de la misma rebasa los muros materiales que de por sí existen.

La desigualdad económica, los movimientos pandilleros, la delincuencia callejera y los altos índices de criminalidad hacen del centro de San Salvador uno de los lugares más inseguros de Centroamérica, donde incluso los policías reclaman a sus superiores alguna reacción ante la situación de la ciudad, sitiada por las pandillas autodenominadas MS-13 y Barrio 18. Sin embargo, como en la mayoría de los casos, esta situación no afecta por igual a todos los salvatoreños.

En el corazón de San Salvador se encuentra la plaza El Salvador del Mundo, en la cual se ubica el monumento al Divino Salvador del Mundo. Hoy día, existe un dicho en este lugar: “Del Salvador del Mundo para arriba” o “Del Salvador del Mundo para abajo”. Una frontera entre los salvatoreños más pudientes y aquellos que cuentan con menor capacidad adquisitiva.

Sivino Salvador del Mundo

Para comprender el desorden urbanístico y la enorme desigualdad hoy latente en San Salvador, es inevitable tener que retroceder hasta hace más de un siglo.

De un marcado carácter religioso, la sociabilidad urbana de la capital funcionaba desde inicios del siglo XX en torno a los barrios tradicionales y las fiestas religiosas que organizaban las cofradías.  En los años 30, el fortalecimiento del movimiento obrero, las insurrecciones campesinas y el auge del militarismo cambiaron la distribución sociourbana.

Sus principales plazas se convirtieron en epicentro de las protestas políticas y sociales, algo que favoreció a que fuese en El Salvador donde se darían los primeros fenómenos urbanísticos que denuncia estas monografías. Entre los años 30 y 40, surgiría en la periferia de San Salvador la colonia Flor Blanca, la cual simbolizó el inicio de la diferenciación social, quebrando el sistema tradicional de barrios. Antagónicamente, entre los años 30 y 50, la ciudad y el país en general fueron creciendo sin ningún tipo de planificación, provocando la proliferación de mesones por doquier (término que se utiliza en El Salvador para denominar a aquellas casas unifamiliares de propiedad privada cuyas habitaciones son alquiladas a familias de bajos ingresos y donde los baños son compartidos por todos los habitantes de la casa).

Entre los años 50 y 70, el modelo sustitutivo de importaciones que adoptó el país y la creación del Mercado Común Centroamericano provocaron en San Salvador un fenómeno de crecimiento y aglomeración urbana importante, llegando a duplicar su población, si bien la planificación urbanística continuaba brillando por su ausencia en las zonas donde residían los más pobres. Surgían así los llamados asentamientos “ilegales” o “informales” y los tugurios. Dichos asentamientos surgían del siguiente modo: terrenos privados son divididos en pequeños lotes para familias poco pudientes, sin dotación de servicios, infraestructura alguna ni los permisos legales necesarios para establecer un asentamiento urbano. Por otro lado, los tugurios surgirían fruto de la apropiación indebida de tierras pertenecientes al Estado o a los municipios, normalmente en zonas de protección cercanas a ríos o quebradas.

Terremoto 1986 Portada LPG La Réplica

Dichos tugurios y colonias ilegales, junto a los mesones, llegarían a constituir el casi 53% del modo de distribución urbana a finales de los años 70, porcentaje que se vería acrecentado tras el terremoto que sufriera en 1986, el más destructivo de la historia de la ciudad. Con una magnitud de 5,7 grados en la escala Richter, provocó más de 1500 muertos y más de 200.000 damnificados. Siendo conocedores hoy de terremotos que superan los 7 grados y que provocan menos daños, llama la atención que un seísmo que no alcanzó los 6 grados provocase tales consecuencias. Esto se debió a dos hechos: la evidente fragilidad de las infraestructuras de adobe y lámina en las que vivían hacinados la mayoría de la población, y el grave terremoto que asoló la ciudad en 1965, tras el cual la mayoría de los edificios que habían sido declarados inhabitables o con daños severos continuaron siendo utilizados para vivir o como centros de trabajo. La pasividad de todos aquellos gobernantes del PCN (Partido de Concertación Nacionalista) que entre 1965 y 1985 no se ocuparon en la rehabilitación de los edificios de la ciudad, provocaron que la destrucción originada por el terremoto fuese aún mayor.

Dicho sistema sustitutivo de importaciones se vería agotado a finales de los 70, lo que llevó al inicio del conflicto armado al inicio mencionado, el cual duraría desde 1981 a 1992, con una lógica interrupción del desordenado crecimiento de la urbe salvatoreña y el desarrollo de pequeños fenómenos migratorios internos.

Entre 1992 y 2002, El Salvador ha vivido un periodo de transición de posguerra que los historiadores del país citan como una época de “reconstrucción y democratización”, si bien en el plano de ordenación territorial dicha reconstrucción ha quedado marginada.

Hoy día, tugurios, mesones y asentamientos ilegales continúan proliferando en torno a San Salvador, y nos dejan imágenes como esta vista aérea de Horto Forestal y el barrio de Mata Oscura.

Según datos oficiales de 2013 (los datos al respecto se dan quinquenalmente), el 20% de los más ricos a nivel nacional obtienen el 48,4% de los ingresos, frente al 20% de los más pobres que obtienen el 4,9%.

Intermón Oxfam reconoce al gobierno anterior de Funes y al actual de Sánchez Cerén esfuerzos para reducir la brecha hoy latente entre ricos y pobres en una de las regiones más desiguales del mundo, sobre todo en materia fiscal y contra la pobreza extrema. Así lo afirmaría en 2014 Marcos Rodríguez, por entonces secretario de Participación Ciudadana, Transparencia y Anticorrupción.

El hecho de habernos retrocedido un siglo en esta monografía no es un hecho baladí. Es cierto que la situación actual no es próspera, segura ni tan esperanzadora como quisieran los salvatoreños, como también es cierto que ningún gobierno, de la ideología que sea, puede cambiar en años un país que ha sido vilipendiado y maltratado durante todo un siglo por dictaduras, en este caso de extrema derecha, que contaban con el beneplácito de los Estados Unidos y el silencio cómplice del panorama periodístico internacional. Resulta inevitable, llegados a este punto, hacer un símil con lo que hoy sucede en Venezuela. Hoy muchos se alarman de un país que está pasando por una grave situación, tanto por factores internos como externos, pero pocos se molestan en echar la mirada atrás e investigar acerca de la trayectoria de aquel país, los golpes de Estado, las Repúblicas instauradas, los saqueos llevados a cabo por las familias más pudientes e influyentes del país y las continuas injerencias de organismos internacionales y países terceros que explican mucho y muy bien tanto la situación actual de Venezuela como la de El Salvador, Haití, Bélice, Guatemala y todos los demás que han servido como patio trasero de experimentos para el capitalismo por más de un siglo.

Inevitable recordar a Rafael Correa cuando replicaba a un periodista preguntándole “¿qué era Venezuela antes de Chávez? ¿Acaso es que usted no se acuerda?”. Esta pregunta también sería atribuible a El Salvador, a quienes en la oposición reprochan al FMLN que no sea El Salvador el nuevo Singapur. ¿Qué era El Salvador antes de la guerrilla de los 80? Esta pregunta, quizás, caería por sí sola en saco roto. Puede que ya no tras esta monografía. Al menos, esa es la intención desde La Réplica.

 

Bibliografía:

  • La Segregación Social Espacial y Urbana: una mirada sobre San Salvador, Anne-Marie Séguin y Paula Negrón, Editorial San José, FLACSO-Costa Rica, 2006.
  • Los dos San Salvador, Retratos – El Faro
  • San Salvador desde el aire – Mauro Arias, 2013
  • “El Salvador se encuentra en la región más desigual del mundo”, Margarita Bolaños, Diario salvatoreño ‘El periodista’, 2014
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Alejandro García Maldonado

Licenciado en Derecho, ha colaborado en diversos medios como El Confidencial, Claridad Digital, El Turbión, El Importuno y Cubainformación. Autor de las obras "Testigos cegados" (2011) "Transcripción del Manifiesto Comunista" (2012), "Al resguardo del tilo rojo" (2014), "Tra due anime" (2015) y "Son de Lirios" (2016). Ha realizado estudios sobre proyectos biográficos coordinados por la Bernard Lievegoed University y dirige el proyecto literario "Etreso Biografías". Actualmente realiza un "Postgraduate Diploma of Journalism" dirigido por el National Council for Training of Journalist e impartido por la University of Strathclyde.

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