22 de julio del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Aunque parezca mentira, hay gente que actualmente emplea un ratito al día en construir otro mundo mejor y que no vivió el 15M en primera persona. Tal vez por estar poco politizada cuando estalló aquello. Tal vez porque a algunos nos pilló demasiado jóvenes. Tal vez porque estábamos más pendientes de aprobar lo poco que teníamos que estudiar y de que llegase el fin de semana para pasarlo bien con los amigos. Tal vez por un poco de todo. Lo cierto es que no llegué a estar en las plazas aquella primavera y que me arrepiento de no haber sentido el 15M como mío.

Lo bonito y lo extraordinario del 15M fue que, aunque no pisases aquellas asambleas ni aquellas acampadas, impregnó de política cada rincón de la vida diaria. Recuerdo que en mi clase, que por aquel entonces yo cursaba primero de bachillerato, casi toda la gente hablaba de ello. Tanto el chico de las rastas, como la que no las llevaba, como el chico que tocaba la guitarra o como yo. No teníamos muy claro cómo, pero queríamos volar por los aires aquel sistema bajo el que estábamos (y seguimos estando). Aquellas largas noches de fin de semana en el Parque González Hontoria (que por entonces congregaba a un considerable número de personas medianamente politizadas y del ambiente de la izquierda), entre risas y alcohol, quedaba algo de tiempo para repensar qué tipo de mundo queríamos. Recuerdo que, meses después de que estallase el 15M, la gente de mi generación ocupó un edificio abandonado en la calle Corredera para hacer de él un espacio cultural. No llegó a mucho y aquello no duró demasiado.

Todo transcurrió como estaba previsto, y a finales de 2012 ya estaba estudiando en Sevilla. Otro mundo. Tu vida cambia radicalmente. Tienes que empezar a pagar billetes de tren, matrículas universitarias, alquiler del piso, apuntes, facturas de electricidad, gas e Internet. Y duele, y más cuando tu padre se acaba de quedar en paro después de casi 20 años trabajando en la misma empresa. Y el dolor politiza. Y como tienes las clases por las tardes, tienes que almorzar sobre las 13:00 y aguantar a imbéciles soltando estupideces por la boca en las tertulias políticas de la televisión.

Comienzas a ver que miles de personas se quedan en paro cada día, que hay desahucios a diario y que la clase política solo sabe hacer oídos sordos a los problemas de la gente. Pero la gente fue más lista y se organizó en mareas de todo tipo de colores para defender los derechos que nos robaban semana a semana o en colectivos antidesahucios para hacer de muro de contención de la política más injusta que se puede realizar, que te echen de tu propia casa. Yo miraba aquello a través de la pantalla y pensaba: es brutal lo que estáis haciendo, si encima os presentáis a las elecciones, sería impresionante.” No me avergüenzo de contar que la semana de la Feria del Caballo de 2013 decidí volver a Jerez el miércoles, porque el jueves había convocada una huelga educativa. Aún no estaba demasiado politizado. No faltaba mucho.

Llegaron las elecciones europeas del 25 de mayo de 2014 y por primera vez en mi vida, podía y debía participar en aquello. Mis amigos hablaban que lo lógico sería votar al PSOE si no te gustaba el destrozo que acababa de realizar el PP. Yo no me conformé y me convencí a mí mismo de que después de los años de movilizaciones, había que votar algo más valiente. Me acuerdo como si fuese ayer: al día siguiente, de camino a Sevilla en el coche escuchando la radio, todas las noticias confirmaban que el bipartidismo había sufrido el mayor varapalo de la historia de la democracia. Parecía que las elecciones, por fin, las habían ganado la gente sencilla y corriente. Y meses después te ves a ti mismo presentando en un parque un colectivo juvenil con el que intentar mover a la juventud de nuestra ciudad. Me temblaba la mano con la que sujetaba el micrófono y constantemente tenía que recurrir a las anotaciones del papel que sujetaba mi otra mano, porque no podía improvisar. No importa, a todo el mundo le pasa la primera vez. No fue agradable, pero algo dentro de mí me decía que tenía que hacerlo porque no estaba dispuesto a seguir malviviendo en este mundo tan injusto.

Hay personas que antes del 15M ya tenían las cosas claras. Otras que se politizaron gracias a él. Otras que lo hacen cuando van a la sevillana Puerta de Jerez el día de la última huelga general que ha tenido este país y solo consigue ver gente, gente y más gente. Algunas muy jóvenes lo hacen viendo una viñeta de contenido político en Twitter o Instagram. Qué más da. Lo importante es que lo hagan.

Nuestro reto como activistas y militantes es conseguir que toda esa gente que se animó a participar en el 15M y aquellas personas que por entonces estaban en otras cosas, participen en los espacios de organización popular que actualmente existen en nuestra ciudad: colectivos juveniles, feministas, sanitarios, educativos… No los desaprovechemos. El mundo sigue siendo una mierda y no podemos dejar que lo siga siendo. En nuestras manos está.

 


Autores de las fotos: Jesus G Pastor (unfotografo.es), el blog de Ricardo Galli 
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Salvador Moreno

Estudiante de Ingeniería Electrónica en la UCA. Militante y activista en Podemos Jerez, Marea Joven Jerez y Anticapitalistas.

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