10 de octubre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Mirad, yo no sé cómo va acabar todo esto. Ni siquiera sé en realidad dónde empezó, ni por qué sigue hoy en día siendo primera página de los periódicos y los informativos.

Pero es una mancha que se extiende por todas partes, cada vez más opaca y que está convirtiendo nuestros días en jornadas oscuras en las que no se puede observar el horizonte.

Da igual qué nombre le pongáis a “ese asunto”: política, economía, sociedad… porque es un comodín que sirve para explicar a grandes rasgos los tiempos que nos está tocando vivir. Tiempos en los que el ser humano está más conectado que nunca; un escaparate inmejorable para que aflore lo peor de cada uno de nosotros, para que se muestre el carácter malévolo que adquieren las masas cuando los referentes están desdibujados, los valores no tienen consistencia y el nihilismo se ha convertido en la religión no oficial del Primer Mundo.

Porque los ciudadanos creen que cultivan algo, que disfrutan de una afición real, cuando en el fondo no son más que meros instrumentos de consumo, proyecciones de los estudios de mercado de personas que nadie conoce y que sin embargo controlan nuestras vidas hasta niveles insospechados.

El nihilismo 2.0. Una extraña paradoja que convierte el supuesto espíritu outsider de esta corriente filosófica en piedra angular del plan para conseguir crear una masa carente de capacidad crítica; éstas, las masas, se han convertido en entes sin capacidad de raciocinio y que sólo se mueven empujadas por los designios de quienes manejan los hilos de la economía mundial. Un nihilismo vacío por completo, de superficie: en lugar de negar todo lo existente —y por tanto también las modas— justifica y perpetua el yugo de los de arriba; en lugar de negar cualquier ideología o política, se atrinchera en uno de los bandos. Un nihilismo que, en lugar de rehusar adquirir todo conocimiento por principios, lo hace por vivir esclavo del materialismo.

Estas últimas afirmaciones sirven para radiografiar la sociedad en la que andamos perdidos, el mundo acelerado que estamos soportando, el entorno fuera de control que nos rodea. La sensación de un vivir en un tiempo que está mutando es más intensa que nunca: y lo está haciendo de una manera descontrolada, tanto que el cerebro humano no es capaz de asimilar, con sus consecuentes efectos secundarios (fake news, posverdad, eventos históricos que duran un suspiro en la conciencia colectiva…). Se viven mil cosas en apenas unas horas, y al día siguiente no se recuerdan. Las personas se han convertido en elementos que empiezan a quedarse fuera de la ecuación temporal. Porque no pueden asimilar la nueva fórmula, porque su capacidad no sirve.

Como ya ocurría en Astérix el Galo, siempre habrá una irreductible aldea gala que resistirá al invasor. Pero, como el tebeo, llegará un punto en que la historia termine y esa resistencia sea borrada del mapa. Poco falta para ello en el mundo real, abocado a un futuro tan aséptico como la peor de las distopías.

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Alejandro F. Orradre

Escritor || Jedi frustrado || Reseño mis lecturas en elfindeltsundoku.wordpress.com || Colaboro en @murraymagazine y @hablandoconletr

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