19 de noviembre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Los mensajes despectivos hacia Andalucía son ya un terreno común entre nuestra clase política, que de vez en cuando se lucen con declaraciones altisonantes acerca de la población andaluza, independientemente del lugar en el espectro político donde se sitúen.

¿Pero qué hay detrás de todo ello? Si analizamos los mensajes, la mayoría se sustentan en tres pilares fundamentales: La alusión a la incultura o falta de capacidades, la idea del pueblo andaluz como parasitario y la burla hacia el acento. 

Es curioso esa reiterada alusión a la incultura desde el mismo país que saca rédito de grandes manifestaciones culturales procedentes de Andalucía, como pueden ser el flamenco, los carnavales, la arquitectura andaluza en sus grandes ciudades, la gastronomía o incluso la Semana Santa. Por no hablar de sus artistas, asumidos por la cultura popular como propios: Camarón, Lorca, Cernuda, Machado, María Zambrano, Lola Flores, Murillo, Zurbarán, Picasso, Sara Baras, Antonio Banderas… son españoles o españolas, pero los emigrantes anónimos andaluces son pobres primero y encima andaluces. La cultura andaluza suele tener un uso a conveniencia, se acude a ella en términos promocionales para atraer turismo y realzar la riqueza cultural española de cara al exterior, se disfruta de sus playas, su gastronomía y sus costumbres cuando se visita la tierra, pero se desprestigia en el ámbito social como una forma de autoafirmación que te otorga una posición social e intelectual superior.  

Después de pasarme quince años fuera de Andalucía, de haber vivido cinco años de mi vida en Valencia y algunos más en Barcelona, he conocido personas de todas las comunidades españolas. En un espacio compartido, nadie trabajaba más o menos según su procedencia, dependía exclusivamente de la persona, su ética de trabajo, su carácter y su condición social y económica. He conocido catalanes vagos y andaluces trabajadores, y también todo lo contrario. Porque el rendimiento laboral no tiene nada que ver con el lugar de nacimiento. Así mismo, el conocimiento cultural tampoco entiende de fronteras. El factor más determinante es universal y lo sabemos de sobra: La pobreza.

Y es que la pobreza es una factor vertebrador del discurso andaluzofóbico, que es en realidad aporofobia. El mismo discurso que mantienen sobre la población andaluza algunas mentes hipertrofiadas alrededor de España, son las que tienen algunos andaluces sobre la comunidad emigrante en Andalucía, que pueden criticar a los marroquíes o subsaharianos, pero luego disfrutar de las bondades del país vecino cuando van de turismo. En cierta ocasión trabajaba con una joven chilena que se quejaba de los peruanos que invadían su país en busca de trabajo, aunque hicieran exactamente lo mismo que ella había venido a hacer a nuestro país. Sin quererlo, repetimos patrones de comportamiento clasistas y xenófobos, que no esconden más que un miedo injustificado al pobre.

Pero las pretensiones son universales: Las personas pasan una vez por esta vida y quieren dignidad, trabajo y amor. 

Si Andalucía hubiera sido capaz de enarbolar una industria propia y las circunstancias históricas le hubieran librado de terratenientes y saqueadores, quizás hoy nuestro pueblo recibiera otro tipo de miradas, pero es terreno de la ciencia ficción. Nótese en el vídeo a continuación como el locutor tiene ya un prejuicio formado sobre Andalucía, que Willy Toledo desbarata con un discurso a contracorriente mucho mejor fundamentado que el clásico: “A los andaluces les hizo mucho mal el PER”

Porque respecto al PER (Plan de fomento del Empleo Agrario), no sé si han intentado alguna vez vivir con el dinero del PER, en torno a los cuatrocientos euros. Es absolutamente imposible vivir así. Por no hablar ya de si tienes familia, quieres disfrutar de la cultura, pretendes viajar o, qué os digo, cambiar los muebles del salón. Quién crea que con el PER se puede vivir en lugar de sobrevivir, es que nunca ha estado lo más remotamente cerca de la pobreza. 

Y llegamos al habla, o al acento. Como decía el youtuber Nacho Iribarnegaray, hablar no se habla ni bien ni mal, simplemente se habla. Las reglas en el lenguaje escrito pretenden una normalización para el entendimiento comunitario, y está bien que así sea, pero el habla alude al hecho de que dos personas se entiendan en un acto comunicativo. Punto. Es absurdo asociar un acento u otro a la cultura, pues en cada región los acentos fluyen y los tipos de habla se transforman para que dos personas se entiendan. No son ni buenos, ni malos, ni todo lo contrario. 

Así pues, el parasitismo asociado a lo andaluz es una versión agigantada de la clásica aversión al pobre y del mensaje “eres pobre porque te lo mereces”, tan enraizada en el discurso neoliberal que se ha ido implantando los últimos lustros en la conciencia popular. La aporofobia va en vena en nuestra sociedad y solo tienes que hurgar en el día a día para encontrar las más diversas y rocambolescas justificaciones. Pero en el fondo, no es más que eso. Que nadie quiere compartir mesa con un pobre.

Dijeron respecto al pueblo andaluz:

Albert Rivera nos enseñó a pescar. “Vamos a enseñar a pescar en Andalucía, no a repartir pescado”. 

Cristina Cifuentes se jactó de su solidaridad: “Madrid paga con sus impuestos la educación, la sanidad y los servicios básicos de los andaluces”.

Antonio Baños se mofó del acento andaluz: “Pisha, ehplicano el embroyo catalufo anteh de uno finoh”

Pujol antes de pedir el voto a los emigrantes andaluces: “El hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido (…) es, generalmente, un hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de años que pasa hambre y vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual. Es un hombre desarraigado, incapaz de tener un sentido poco amplio de comunidad. A menudo da pruebas de una excelente madera humana, pero de entrada constituye la muestra de menor valor social y espiritual de España. Ya lo he dicho antes: es un hombre destruido y anárquico. Si por la fuerza del número llegase a dominar, sin haber superado su propia perplejidad, destruiría Cataluña. E introduciría su mentalidad anárquica y pobrísima, es decir, su falta de mentalidad”.

Duran i Lleida: “con nuestra contribución, reciben un PER para que pasen el resto de la jornada en el bar de su pueblo”.

Ana Mato: “Los niños andaluces son prácticamente analfabetos”.

Alejo Vidal-Cuadras: “Blas Infante –padre de la patria andaluza- es un cretino integral”.

Rafael Hernando: “Andalucía es como Etiopía”.

Verstrynge: “Es verdad que la formación de la juventud andaluza es menos buena que la de la juventud de una parte importante del país; eso es verdad. Mucho rebujito, mucha cervecita, muchas gambitas, mucha playita, mucho ordenador o móvil ¿verdad?”.

Cónsul español en Washington: “Hay q ber q. ozadía”.

Montserrat Nebrera: “Tiene un acento que parece un chiste.”

The following two tabs change content below.
Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

Últimas entradas de Javier López Menacho (ver todo)

Tags: , , ,

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte una experiencia de usuario óptima. Si sigues navegando estás dando tu consentimiento a nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies