24 de junio del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



No hay, a juicio de un servidor que escribe, mayor indicador del progreso y salud de una sociedad que su capacidad para tolerar la libertad de expresión. Es una cuestión de Perogrullo, un concepto que hoy en día cualquier persona con dos dedos de frente no dudará en aceptar y defender a capa y espada. Es tan capital que artículos como éste no deberían ser escritos nunca más. La posibilidad de poder expresar nuestros pensamientos sin tapujos, poder promover todo tipo de debates y ejercer nuestro derecho a expresarnos ante el mundo que nos rodea constituye tal vez el mayor de los dones que puede tener el ser humano; definirse a sí mismo a través de sus propias ideas y opiniones.

Eso, a priori, debería ser lo que imperase en España. A los datos, fríos y subjetivos, me remito. Recordemos: país miembro de la Unión Europea, supuesta democracia contemporánea con cuarenta años de vida, pleno miembro del llamado Primer Mundo y país que presume de poseer los valores tolerantes, modernos y punteros de la civilización actual. En la vanguardia del nuevo milenio -no lo digo yo, no se cansan de llenarse la boca con ese discurso nuestra querida clase política- desde el primer día.

Esta misma semana hemos comprobado que no es así. En apenas unas horas nos hemos sumergido en un agujero temporal, un vórtice que nos ha arrastrado a épocas de las que muchos de nosotros sólo teníamos las referencias de nuestros padres o abuelos, décadas en las que las que todo tipo de libertades quedaban sujetas por las cadenas de la censura, el peso pesado de una dictadura que no permitía levantar la mirada del suelo y que pisaba sin escrúpulos los cuellos de quienes alzaban sus voces en disidencia con el pensamiento común. Ecos fantasmales y tétricos del pasado que las nuevas generaciones no tienen en cuenta; es éste un factor tan importante que en parte explica por qué nos estamos viendo inmersos en una regresión social con todas las letras.

Un día como hoy, qué menos que recordar al gran Forges.

Saltaba la noticia: el rapero Valtonyc era condenado -en realidad el Tribunal Supremo ratificaba una sentencia previa- a tres años de prisión. ¿Su crimen? Nada más y nada menos que expresarse en algunas de sus canciones. En su letra, ataca a los Borbones, muestra expresiones en las que parece apoyar a ETA y los GRAPO, además de amenazar a algunos cargos públicos. Y las acusaciones por delitos de enaltecimiento del terrorismo, calumnias e injurias graves a la Corona y amenazas no condicionales no se hicieron esperar. Ahora se hizo pública la sentencia. Sin entrar en la disquisición acerca del buen o mal gusto de las letras, o la moralidad o no de ellas -que daría para otro tipo de debates- una persona ha sido sentenciada por ejercer su libre derecho de expresión; pero ha tocado palos que se han sentido ofendidos y, sobre todo, que tienen el poder de hacer pagar a quienes se meten con ellos. A mí me pueden insultar que poco o nada haré si presento una querella -sin tener en cuenta que no lo haría-, pero la gente del stablishment político español es demasiado sensible. Pobrecitos que se meten con ellos.

Un caso parecido con ARCO: en la exposición Presos políticos en la España contemporánea el artista Santiago Sierra usaba unas fotos de los Jordis -Jordi Sánchez (ANC) y Jordi Cuixart (Òmnium)- como parte de la obra; la organización de IFEMA pidió a la galería que exponía la obra que la retirara para evitar polémicas. Por unas fotografías. Por un autor cuya obra ha sido siempre comprometida con causas políticas y no supone ninguna novedad. Por expresar su opinión acerca de un tema de actualidad; el resultado ha sido que le han impedido ejercer ese derecho de expresión.

Y llega la traca final: una jueza ordenaba el 21 de febrero secuestrar la novela Fariña, novela que trata sobre narcotráfico y escrita por Nacho Carretero, tras la denuncia de un exalcalde gallego. Un año antes, en enero de 2016, Jose Alfredo Bea, el exalcalde que era nombrado en la novela, demandaba a Carretero y la editorial (Libros del KO) bajo la acusación de injurias y calumnias. Reclamó medio millón de euros además de una rectificación pública y su desaparición del libro. Aquella denuncia terminó doce meses después (eso es hoy) en el secuestro de Fariña y la prohibición de imprimir más ejemplares.

Estos tres casos, que han salido a la palestra en apenas 24 horas, demuestran que nos encontramos en un momento de encrucijada en lo que se refiere a los valores más primordiales de los que puede gozar un ser humano, que no es otro que la libre disposición para expresar sus ideas y opiniones dentro de un marco de respeto mutuo en una sociedad tolerante. El que puedan o no ser de buen gusto, morales o no… debería entrar dentro del respeto de las opiniones ajenas, dentro de una libertad para poder hablar de todo y en la forma que cada persona considere apropiada a sus propias ideas. Pero en lugar de eso nos encaminamos peligrosamente a un escenario en el que cualquier expresión que se salga de unos márgenes determinados, de unas directrices concretas en cuanto a ideología se refiere serán perseguidas y censuradas sin contemplaciones; y lo que es peor, quienes hagan públicas su manera de ver el mundo corren el riesgo de ser marcados y enviados a la cárcel.

El asunto es más complicado de lo que parece porque vivimos en una época en la que todo se mezcla, las temáticas se tocan y conforman un caldo de cultivo en el que terminamos hablando de churras cuando queremos referirnos a las merinas; antes la gente lo diferenciaba, hoy ya no y se usa para justificarse. La capacidad de discernir en temas delicados exige un esfuerzo intelectual que está en franca decadencia, que no se cultiva desde las bases y que, por encima de todo, no interesa a quienes ejercen el poder —una masa que piensa no es manejable— y que están viendo, gratamente sorprendidos, como nosotros mismos nos ponemos palos en las ruedas y no somos capaces ni de ver que nos están llevando a un futuro en el que pensar será una profesión de riesgo.

Desde mi libertad de expresión, les digo a todos ellos que son unos hijos de puta.

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Alejandro F. Orradre

Escritor || Jedi frustrado || Reseño mis lecturas en elfindeltsundoku.wordpress.com || Colaboro en @murraymagazine y @hablandoconletr

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    3 Réplicas

  1. Carolina

    Al primero que le debes explicar lo que es libertad de expresión es al Coletas, que es el que, junto a otros de vuestra misma cuerda cerraba la boca a Rosa Diez en la Universidad de Madrid.

  2. Padre Karras

    Libertad de expresión si, pero la mia ¿no? 😃😃😃
    Me acerqué ha esta publicación buscando un verdadero “periodismo incómodo” realmente creo que hace falta y mucho en este país. Pensaba encontrarme un Democracynow.org en español, pero veo que esto es más de lo mismo de lo mucho que hay en internet, digamos que como mucho esto podría llegar a “opinión incómoda”. Por favor, avísenme si toman la decisión de hacer periodismo, para “opinión” seguiré viendo El Intermedio que por lo menos me río un rato.

    Atentamente.

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