16 de agosto del 2018
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Ayer se levantó una gran polémica en torno a una carta fake que difundió el portal de comunicación Dnevno, tomada en serio por multitud de medios en todo el mundo (en España, As, Cuatro, Gol, por ejemplo, dieron cabida a la noticia). En esa carta, supuestamente el seleccionador de fútbol croata, Zlatko Dalic, criticaba de forma abierta a la clase política croata, denunciaba las tremendas desigualdades del país y anunciaba que el dinero del premio FIFA por llegar al subcampeonato del mundo sería donado a niños y niñas croatas que no pudieran disfrutar de unas vacaciones. La carta, una vez descubierto el verdadero autor de la misiva, era demasiado bonita para ser real, sin embargo, muchos medios y muchas personas le dimos verosimiltud. ¿Por qué nos creímos esta carta sin apenas indagar sobre su origen? Aquí algunas teorías al respecto.

Porque es cierto que políticos se acercan a los deportistas de forma oportunista
Uno de los grandes defectos de la clase política, apropiarse de méritos ajenos. Es algo que se repite hasta la saciedad de manera vergonzosa, pero no creo que le veamos solución, al menos en esta realidad. Un buen patriota no intentaría vincular el éxito deportivo de una nación a su propia ideología, sino que daría por hecho que los éxitos colectivos pertenecen a toda persona que sienta vinculación con su patria a nivel deportivo. La imagen de Macron celebrando un gol de Francia y bajando a los vestuarios a hacerse fotografías con diestro y siniestro es el ejemplo paradigmático del oportunismo y la ductilidad de un discurso. Macron pasó en apenas un mes de dar lecciones de protocolo a un joven que le llamó “Manu”, a comportarse como un hooligan delante de todo un elenco de personalidades internacionales.

Porque es cierto que Croacia es un país con una gran desigualdad y multitud de problemas
Como explica Patricia Simón de forma detallada en este artículo de Pikara Magazine, Croacia es un país con multitud de problemas en materia de derechos y libertades. No es el único frente donde tienen problemas: su salario mínimo no llega a los 500 euros, tiene una brecha de género increíble, jóvenes a los que les cuesta encontrar oportunidades de futuro, una pobreza infantil en torno al 29% y es, en materia de derechos LGTBI, un país retrógrado hasta decir basta. El lavado de imagen de su presidenta, Kolinda Grabar-Kitarovic, siempre enfundada en la camiseta de su selección, esconde una política cercana al populismo de ultraderecha, antiinmigrante y el austericidio.

Porque el fútbol es una cloaca y cualquier buen gesto se convierte en noticia
El fútbol, el opio del pueblo, ha sido y es históricamente el deporte que goza de más inmunidad y favores políticos y judiciales de la historia de este país. Internacionalmente, el asunto va casi a la par. Equipos y jugadores que recurren a la ingeniería fiscal para evadir impuestos, sueldos astronómicos que escapan de cualquier lógica, expresidentes en las cárceles, palcos llenos de personalidades de dudosa catadura moral, estrellas mundiales llegando a acuerdos para eludir la prisión, bandas ultras accediendo a los estadios y coreando cantos machistas y xenófobos… etc. La sociedad hace tantas veces la vista gorda con el deporte rey que cuando acontece algo que llega al corazón, es noticia instantánea. Y aquí conviven dos aspectos, la necesidad del fútbol de generar una narrativa en su favor como fenómeno de masas y la excepcionalidad que tienen los gestos que construyen un mundo mejor en un universo lleno de intereses económicos.

Porque a veces necesitamos una brizna de esperanza
Sencillamente, porque a veces necesitamos noticias que nos hagan recuperar la fe en el ser humano y nos agarramos a ellas con entusiasmo. Porque somos románticos y utópicos y nos lo hemos querido creer. En un mundo donde las noticias que ocupan el primer plano son estos días la falta de acuerdo entre partidos políticos, la agresión fascista a un fotoperiodista, la protesta de nazis en el Valle de los Caídos, la prisión preventiva de políticos por hacer política y la libertad condicional de condenados por abuso sexual, el asesinato de estudiantes en Nicaragua o la exigencia de Trump de invertir en la industria armamentística, en ese contexto, cualquier noticia positiva nos ofrece alivio y consuelo. Quizás por eso todos quisimos que la carta del seleccionador croata fuera cierta, incluso por encima de si lo era o no. La carta, con todo, ha puesto en la palestra un debate necesario, aunque su éxito a la hora de difusión pueda resultar tan rotundo como su fugacidad. A nadie, ni políticos, ni federaciones, ni jugadores, le interesa hablar de esto.

*fotografía aparecida en DiezHN
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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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