22 de abril del 2018
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En estos días se está celebrando en el Teatro Falla de Cádiz el Concurso de Coplas del Carnaval 2016. Con ello da comienzo la celebración de una fiesta tan emblemática como entrañable de esta ciudad, que ya se ha convertido en el escenario de la idiosincrasia de sus habitantes que rezuman ingenio, guasa, alegría y talento por todos los poros de su cuerpo. El Carnaval de Cádiz ha traspasado no solo las fronteras de la provincia y de España, sino que se sigue con verdadero interés en muchos países europeos y del mundo que a través de los nuevos medios informativos llega a mucha gente a la que entusiasma esta fiesta tan peculiar como antigua.

Hay que reconocer que el conocimiento de esta fiesta participa mucho de las retransmisiones del Canal Sur TV que, después de 25 años al menos, nos está brindando a los aficionados este evento de coplas que los gaditanos crean y cuyos tipos inventan con mucha imaginación para aderezar estas fiestas. ¿Quién no conoce el Coro de Julio Pardo o el Pastrana, la chirigota del Selu o de Love y del Yuyu, o las comparsas de Antonio Martínez Ales o de Antonio Martín…  por citar algunos? ¿Quién no  suele tatarear letras de estos autores, se divierte con ellas o reflexiona a la luz de sus mensajes subliminares? Sí, el Carnaval de Cádiz ya se viene convirtiendo en una fiesta casi patrimonio de todos, porque una serie de autores populares y actores de la calle, ponen en sus bocas y escenificaciones, mensajes que muchos llevamos dentro y que no sabemos o no nos atrevemos a expresar. Mensajes de denuncia social, de critica de la situación política, de puesta en solfa de instituciones que no siempre actúan a la altura deseada ni a lo que se espera de ellas…  pero también de canto a las virtudes populares, personales o colectivas, a las reivindicaciones laborales  y, eso si, a reírse de todo cuanto merezca humor y diversión para un personal que, a lo largo del año, anda callado y sufriendo las muchos sinsabores de la vida y que necesita liberarse, al menos unos días de ellas.

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Imagen de elviejolavaero.com

Dicen los entendidos que el Carnaval de Cádiz remonta sus orígenes al siglo XVIII. Parece ser que comerciantes italianos trajeron la fiesta, aunque fueron los gaditanos los que le dieron su propia idiosincrasia. Durante el siglo XIX conoció diversos vaivenes según los hitos políticos que se vivían en la Ciudad o en la Nación. Ya se sabe que las clases pudientes siempre han sido hostiles a las manifestaciones populares y la animadversión al Carnaval era generalizada, porque la gente criticaba la hipocresía de una sociedad que, debajo del ropaje externo de apariencias y religiosidad, escondía un fondo de crueldad social  difícil de disimular. Y como las autoridades no podían anular la fiesta, la intentaron controlar a través de disposiciones y de bandos municipales que limitaban la espontaneidad popular. Durante el siglo XX, el Carnaval siguió celebrándose en Cádiz con más o menos libertad y espontaneidad, hasta que la Guerra Civil lo paró y la Dictadura lo prohibió. Hasta finales de la década de los setenta no se recuperó en Cádiz esta fiesta que siempre estuvo escondida pero viva en las entretelas de una población que siempre respiró la libertad junto a la brisa de su mar y sus playas.

Pero ¿qué es lo típico del Carnaval de Cádiz?  ¿Qué es lo que lo caracteriza estas fiestas tan emblemáticas de la Tacita de Plata? Sin duda su ingenio y el talento de sus autores, la gracia de sus habitantes cantando y teatralizando durante unos días sus fobias, manifestando sus alegrías, sus penas, sus frustraciones… riéndose de lo humano y de lo divino, reivindicando los esfuerzos, sobre todo, de las autoridades para que se dediquen a mejorar la situación social y política de la ciudad, de ensalzar las virtudes populares y denigrar sus miserias diarias, etc. En esta fiesta no queda nada ni nadie libre de crítica ni de escarnio, a veces amasados con un cierto tinte de vulgaridad o de adornos no siempre de buen gusto. Por eso, es carnaval y en este contexto, todo se admite con la tolerancia propia del momento.

Carnaval Cádiz

Fotografía de Cadizbackpackers.

El Carnaval mueve mucha gente, moviliza a toda una ciudad durante, al menos, medio año. Desde el verano anterior, los  autores, los integrantes de los coros, chirigotas, comparsas o cuartetos se lanzan a ensayar en los lugares más inverosímiles para memorizar letras, aprender  las músicas y armonizar los gestos y tipos que han de acompañar sus actuaciones. Uno se sorprende como en esta ciudad puede haber tanto intérprete, tanto músico y tocaor de instrumentos de cuerda, tanto autor de letras y de música que, al final, aporten un canto colectivo a una fiesta donde el protagonismo de todo un pueblo sea tan evidente como llamativo. Y si a toda esta explosión de fervor popular se les une el ingenio que supuran las letras de los grupos, el desparpajo de  sus integrantes  acompañando sus cantos, la gracia que transmiten sus cuplés, o la majestuosidad de sus tangos, como uno de los emblemas de sus actuaciones, el Carnaval de Cadiz es, sobre todo, una fiesta de la libertad, del canto, del ingenio, del esfuerzo de un pueblo que durante medio año  se sacrifica en ensayos, se dedica a la creación de tipos, de letras, de músicas y de todo tipo de aderezos por transmitir unos sentimientos y una forma de ser propias del gaditano.

Quienes seguimos el Carnaval de Cádiz por televisión, nos deslumbra todo el “tinglado” del Concurso, de las escenificaciones de los grupos que cada día resultan más profesionalizadas, más  ricas en su puesta en escena, en sus tipos y vestimentas, en su saber moverse en el escenario… pero no tenemos la vivencia del auténtico Carnaval, el que se celebra, se escenifica y se desarrolla en la calle. Cada rincón de la ciudad recoge una comparsa, una chirigota o una especie de antiguos trovadores que cantan o recitan  los mensajes más curiosos, ingeniosos y graciosos que se pueden imaginar, haciendo las delicias del público que los acompañan en un ambiente de auténtica delicia carnavalesca. El llamado  “carnaval de la calle” resulta más espontaneo, más carnavalero si cabe, porque se despoja de toda la majestuosidad y encorsetamiento que tiene el concurso en el Teatro Falla, por aquello de la televisión y demás, y se muestra directo, con desparpajo, sin límites aunque respetuoso, a veces invitando a los espectadores a que se sumen a su coreografía, a que coreen sus estribillos  y sean protagonistas de una fiesta que quiere ser de todos y para todos. Una imagen importante y digna de seguir por su creatividad, por su escenificación, su imaginación al servicio del espectáculo. Para conocer, de verdad, el Carnaval de Cádiz, es necesario acercarse, alguna vez, a esta ciudad y saborear el encanto de sus calles, las ocurrencias de sus habitantes, la gracia de sus coplas y sus tipos, y la idiosincrasia de un pueblo que  se ríe y hace reír contando sus problemas, sus miserias y también sus alegrías con un desparpajo y una espontaneidad de auténticos trovadores modernos.  

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Emilio López Pizarro

Jubilado. Fue periodista durante una breve temporada y funcionario público casi toda la vida. Hombre de bien. Es progenitor de los creadores de La Réplica.
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    Una Réplica

  1. Arturo Guilarte Matesanz

    Precioso artículo de una fiesta preciosa. Un amigo jerezano me lo descubrió el año pasado, y es una pena que no se difunda también por otros canales, yo lo veo desde Madrid, y por ahora solo lo cojo en YouTube. A ver si puedo pillar Canal Sur.

    Quizá porque el carnaval es percibido por muchas como cercano, y como máxima expresión de la crítica social, un comparsista es ahora mismo alcalde de Cádiz. Mucha suerte para él y las suyas.

    Solo me falta una cosa, no mencionar la denuncia pública que uno de los mayores autores de la historia del Carnaval, Juan Carlos Aragón, junto a otros, ha levantado sobre el Carnaval de Cádiz; denuncia de como el Patronato del COAC trata de convertir el Falla, una parte del alma de la Tacita de Plata, en un simple negocio http://cadiz.eldesmarque.com/la-torre-de-preferencia/42556-otros-ladrones-seran-los-que-se-vayan

    Todo mi ánimo, y larga vida a los Carnavales!

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