22 de septiembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



No pretendo abordar aquí la injusticia para con los titiriteros que están encerrados por un delito de enaltecimiento al terrorismo que no han cometido, o la omisión en los medios de comunicación de datos relevantes -como que la obra se había realizado sin queja alguna en Granada-, estos asuntos han sido convenientemente puestos de manifiesto en otros artículos. Mi intención es explicar, de forma sucinta pero clara, por qué se producen estos hechos, para comenzar veamos unas cifras muy significativas:

Víctimas de ETA: 829
Víctimas del franquismo: 500.000

Pero nos encontramos con que existe en este país una Fundación Francisco Franco, misas en honor al dictador cada 20N y toda una serie de actos que ensalzan su figura y que son permitidos. Ahora bien, enarbolar una pancarta en la que no se hace apología alguna sino que figura el nombre de ETA utilizado de forma satírica (su mezcolanza con Alqaeda en forma de “Alka-ETA” en realidad), conlleva la cárcel y la movilización de todos los medios. ¿Cómo es posible?

La oligarquía española la forman, qué casualidad, quienes no quieren cambios.

La oligarquía española la forman, qué casualidad, quienes no quieren cambios.

Antonio Gramsci denominaba a este fenómeno “hegemonía cultural”. Debido a él, en nuestra sociedad aparentemente libre y plural es en realidad una clase concreta -la dominante-, la que extiende sus percepciones, valores y creencias al resto de clases de la sociedad -o clases dominadas-. A fin de cuentas la primera es la que tiene en su poder los medios de información, el cine y otras tantas herramientas usadas como vector de influencia entre las masas. En otras palabras y trasladado a nuestra casuística concreta nacional: existe una oligarquía que forma parte de los posos franquistas que aún sufrimos en este país y que atesora todos esos medios culturales y de comunicación así como las grandes empresas. Aquí cabe hacer un inciso, “¿franquistas?, ¡qué desvergüenza!”, para cierta gente dar notoriedad a reminiscencias de esta naturaleza supone algo así como una teoría conspiratoria, quien sugiera que esta interpretación de los hechos es exagerada, puede intentar brindarnos una explicación histórica y científica de cómo es posible que el caudillo muriese en la cama y los poderes tangibles y fácticos que sostenían al régimen desapareciesen de un día para otro por arte de magia.

No quiere esto decir que de forma inherente este componente de la sociedad sea franquista, ni muchísimo menos, la inmensa mayoría son de hecho nuevos neoliberales que tan sólo desean mantener una posición privilegiada que obtuvieron durante ese periodo o la lograron gracias a una estructura heredada del mismo -este hecho explica también la desnaturalización de nuestro sistema económico teóricamente liberal y plagado en la práctica de monopolios concentrados en muy pocas manos, pero ese es otro tema-. Así pues España cuenta con una oligarquía que proviene de un pasado rancio y sangriento que conforma el principal componente de la clase dominante, que ateniéndonos a la teoría gramsciana de la hegemonía encauza nuestra opinión de forma acorde a sus apreciaciones y modo de pensar.

 

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No muchas familias controlan el poder económico en España.

Por eso Podemos acapara los medios hasta en noticias surrealistas. Por eso tantas personas de clase media y baja votan a la derecha en este país aún azotada por terribles casos de corrupción temiendo que la izquierda devaste la nación. Por eso escuchas tanto de Venezuela y tan poco sobre países como México o Arabia Saudita. Por eso para un obrero de a pie el recuerdo de las atrocidades de ETA le resulta hostil y sin embargo muestra indiferencia hacia la apología del franquismo. O por eso nos tragamos la falacia histórica de poner en el mismo lado de la balanza un régimen democrático: la República, y un régimen sangriento fruto de un golpe de Estado: la dictadura de Franco; asumiendo para más inri que desenterrar a fusilados de las cunetas es reabrir heridas, pero mantener placas y memoriales en honor al fascismo nacional-católico debería ser normal.

 

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Mario Siles García

Ingeniero, escritor, pintor por hobbie y activista por necesidad. En definitiva, un hombre renacentista que aúlla desubicado en plena era de la especialización.

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