21 de noviembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



No se atreven. Mucha chulería pero no se mojan. Venga, que alguien se pronuncie o lo tendré que hacer yo, digo. Cuál es la mejor escena de Joan Holloway en Mad Men. Debatimos esto porque nos hemos enterado por Twitter que Cristina Hendricks está en Madrid, cenando en Casa Lucio. En realidad en el tweet no se reconoce, podría ser Cristina Hendricks, podría ser cualquier mujer pelirroja. Pero da igual, nosotros vamos a presentarle nuestros respetos. Hemos encargado unos kebabs, comprado cervezas, traído nuestros deuvedés de Mad Men y ahora estamos discutiendo frente al local, sentados en el escalón de un portal de la calle Cava Baja, en torno a las mejores escenas de la serie, de esa agencia de publicidad que sirve para explicarnos quiénes éramos y quiénes somos, qué sueños se nos quedaron por el camino, cuáles están por venir.

En pleno debate, Marcel dice que su momento favorito es el final de la quinta temporada, cuando Joan está entre cuatro hombres ya como socia de la empresa, en la última planta del edificio, con su característico vestido rojo, signo inequívoco de que ya no puede llegar más alto. Albano dice que no. Que precisamente es el momento previo, cuando Joan vende su cuerpo, cuando uno entiende que el contexto de la mujer en ese tiempo y entorno empresarial no sólo te enfrentaba a tus peores demonios, sino que estos eran los de una sociedad tan machista como cruel. Carme replica. Ni uno ni el otro, queridos. Es cuando Joan y Donald Draper conversan en la barra de bar y el espectador entiende que nunca estarán juntos, ni siquiera en una ocasión que parece cantada. Ni el mayor de los galanes puede con ella. Pues para mí es justo el final, digo ya por llevar la contraria, el momento en el Joan funda su propia agencia también con dos apellidos, los suyos propios, “solo hace falta dos nombres para que sea real”.

Hay una lucha cinéfila en nuestro baile de argumentaciones. No jugamos a ver quién tiene razón, cualquier escena podría valer, jugamos a ver quién la defiende mejor. Así somos los serieadictos y para eso están las series, para agazaparse en nuestra memoria. Aliñamos la discusión con un kebap mixto con salsa de yogurt. Siento que voy ganando esa lucha, que la luna está conmigo, que las estrellas se alinean por una vez, cuando sale Cristina Hendricks del Casa Lucio, junto a su marido. Es ella, digo, ¡Es ella! y busco en el petate la colección de deuvedés. Una firma y serán algo más que deuvedés, un objeto de culto.

En carne mortal gana. Joan es un ciclón erótico, viste trajes ceñidos, collares de lujo, su escote y sus caderas dibujan curvas como una carretera que lleva a la perdición. “¿Quieren que te tomen en serio? Deja de vestirte como una niña pequeña”, asegura Joan en un episodio. Pero hoy Cristina ya hace lo que le viene en gana, es una mujer más allá de su cuerpo, viste vaqueros, una camiseta blanca y una chaqueta oscura. Ha pasado tanto tiempo… Cristina es Cristina gracias a Joan, a lo que otras como ella significaron. Exploradoras indómitas, intrusas en un mundo de hombres. Joan tampoco existiría sin Cristina, sólo Cristina y su talento podían engendrar a Joan, sólo Joan podía ayudar a Cristina a entender su presente.

Y eso lo sabemos nosotros, cuando miramos a su marido y nos preguntamos dónde está el secreto, cómo se conquista a Joan y Cristina a la vez, cómo será de irrepetible su historia sentimental. Se les ve tan bien de la mano que pasan ante una arboleda de estatuas. Petrificados, dejamos a Cristina gozar del espacio que se ha ganado. Ya no vendrá una jauría de babosos a disputársela, no vendrá nadie a comprarla, no vendrán a coartarla, no vendrán a cortale el camino. Sus tacones marcan el paso y resuenan, sobre la acera, como quien baila en libertad.

 

The following two tabs change content below.
Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

Últimas entradas de Javier López Menacho (ver todo)

Tags: , , , , , , ,

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte una experiencia de usuario óptima. Si sigues navegando estás dando tu consentimiento a nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies