28 de marzo del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Esta lucha no es opcional
Ada Colau

Una casa vacía es como un perro callejero
Samuel Butler

 

En Barcelona siempre tienes la sensación de que la vida sucede en el espacio donde tú no estás, que hay otro sitio, con otra gente, en otras circunstancias, que están exprimiendo mucho más el jugo de la vida. Es otra versión de “la vida es eso que sucede mientras haces otros planes”. Hoy, en mi visita a la PAH, siento lo contrario. Me da la sensación de que la vida está aquí, entre estas cuatros paredes, en esta asamblea, con esta gente que resume en apenas dos horas dónde se encuentra el orgullo y las vergüenzas de la sociedad contemporánea.

Hay de todo; mujeres, hombres, jóvenes, adultos, catalanes, andaluces, madrileños, pakistaníes, sudamericanos. Si algo ha demostrado el capital es que no atiende a razones de género, número ni situación social, sólo entiende los números de tu cuenta corriente.

La Plataforma de Afectados por la Hipoteca es una asociación o movimiento social cuyas acciones se dirigen a garantizar a los ciudadanos el derecho a una vivienda digna, surgido en el año 2009, cuando la crisis era un hecho que ni el presidente del país era capaz de ocultar. Lo que sucedía y sigue sucediendo, es que las leyes hipotecarias, con la complicidad del resto de actores del reparto (principalmente bancos, jueces, partidos políticos y lobbies inmobiliarios), han dejado en la calle a más de 400 mil familias en toda España. Familias que un día firmaron una hipoteca y a la vez una condena de por vida, gente que después de sufrir la crisis en una agobiante primera persona, se ve de un día para el otro con la amenaza de perder su casa y absolutamente desamparados. Algunas familias afectadas por este drama están aquí, convirtiendo su drama en rutina, extrapolando al mundo su lucha interior. La lucha de hoy serán nuestros derechos del mañana.

La asamblea se va llenando poco a poco. Soy de los primeros en llegar.

La asamblea se va llenando poco a poco. Soy de los primeros en llegar.

 

Unas ochenta personas nos congregamos en un local perfectamente habilitado para la vida asamblearia. Las pizarras te informan de un solo vistazo sobre qué acciones de protesta son inminentes, qué horarios tienen las diferentes asambleas, cuándo se han de paralizar desahucios y dónde se celebran actividades complementarias. Esta semana, además de las reuniones rutinarias, hay un taller emocional, una charla que explica a los vecinos del Clot qué es la PAH (porque aunque parezca que todo el mundo conoce la PAH, no todo el mundo la conoce) y un debate sobre economía solidaria. Si uno quisiera, podría organizar su vida en torno a la PAH, que es también una idea de construcción social, un código deontológico del ciudadano. La PAH puede ser, también, una manera de sentir. A mi lado una mujer rubia vive con pasión cada momento de la asamblea. Se emociona, se revuelve, aplaude, habla para sí misma, la fe en lo que hacen no cabe entre cuatro paredes.

La PAH sucede así, por asambleas, luego rebajadas a comisiones y de forma horizontal. Cualquiera puede formar parte, llevar la voz cantante o refugiarse en el cojín del anonimato. Lo primero que llama la atención es cómo está tratado el discurso, siempre en femenino. La transformación del lenguaje es algo que ya estaba presente en las asambleas del 15M y se ha ido pasando como en un testigo histórico. Esta asamblea, además, consta de un moderador del turno de palabra, una coordinadora, una persona que se encarga de garantizar el silencio cuando se habla, otra que apunta cada conclusión en la pizarra y varios vocales de cada comisión. Eso no quita que, cualquiera que coja el micrófono se convierta en actor principal durante unos segundos. Las intervenciones tienen una duración máxima de diez minutos. El orden del día, vaticina una asamblea densa, larga y repleta de avances para la asociación.

La Pizarra se llena de post-it que señalan las acciones de la PAH.

La Pizarra se llena de post-it que señalan las acciones de la PAH.

Y es que la PAH está en plena recogida de firmas que avalen el proyecto de ley que presentarán al gobierno. Un borrador que garantiza la vivienda digna al ciudadano, que lo salvaguarda de los desahucios hipotecarios y de alquiler, y que al mismo tiempo, evita el corte de suministros de gas y luz a cualquier familia que necesite cubrir sus necesidades básicas. La recogida de firmas se desarrolla en varios puntos estratégicos de la ciudad, en los barrios de Barcelona, durante todos los días de la semana. Han de llegar a 50 mil firmas y llevan treinta y ocho mil en apenas dos semanas. Aunque parezca un propósito lejano, la PAH es experta en afrontar retos y salir reforzada. Necesitó en el pasado 500 mil firmas y consiguió un millón y medio. Los jueces europeos le dieron la razón en marzo de 2013: la ley hipotecaria española es abusiva. Europa entera pidió al gobierno la dación en pago y promover alquileres sociales. Su respuesta fue una promesa encerrada en un cajón.

Pero una de las características de la asociación es la fortaleza y confianza de todos sus miembros en las acciones que promueven. Una retroalimentación que agranda la leyenda de un noble monstruo que ha actuado varios pasos por delante del gobierno, los partidos políticos y demás asociaciones civiles. La PAH se ha convertido en un referente nacional de protesta social, un vértice indispensable del 15M y un actor con voz en la vida política. La PAH está omnipresente en todos los actos que he acudido. Ahora, acuden aquí desde muchas otras asociaciones, pidiendo apoyo, asesoramiento y músculo a la hora de ejercer la protesta. Y la PAH es como esas personas que no saben decir que no, le abre las puertas a todo el mundo.

Dos temas candentes para la asamblea de hoy. Los cortes de luz y agua y el desahucio por alquiler.

En el primero, la portavoz de la Alianza contra la Pobreza Energética, prima hermana de la PAH, informa de cómo van las cosas en la lucha de la Plataforma. Su lucha, evitar los cortes de luz en hogares que no pueden afrontar el pago. Trabajo arduo después de que el Partido Popular tumbara el fondo contra la pobreza energética y que las compañías eléctricas actuaran en consecuencia, cortando la luz al mínimo impago, pese a que existe una ley que impide hacerlo. La portavoz nos cuenta una horrible anécdota, cuando transcribe la respuesta de Gas Natural cuando se va con la ley por delante: “Nosotros no tenemos por qué cumplir la ley”. Y es cierto, recientemente ha trascendido que los gobiernos de Zapatero y Rajoy perdonaron más de 3.000 millones de euros a las compañías eléctricas. Un rocambolesco caso que lleva a la fiscalía anticorrupción a investigar al propio ministerio de Industria. Las reformas del gobierno han posibilitado que las compañías eléctricas suban en enero un 3% de media el precio de la factura de la luz, que acumula una subida del 70% más en sólo seis años.

Unas ochenta persona en un tarde fría. Solemos ser más, me comentan.

Unas ochenta persona en un tarde fría. Solemos ser más, me comentan.


El segundo tema a tratar son los desahucios de alquileres.
Un asunto tan nuevo como numeroso (un 67% de los desahucios en Cataluña) que obliga a la PAH a una reformulación de sus protocolos de acción y a sistematizar un discurso no sólo de puertas adentro, sino también de cara a los medios de comunicación. La respuesta de la asociación es ejemplar, dinamiza sus comisiones, encuentra voluntarios y se ponen manos a la obra. Los afectados por desahucios hipotecarios se pronuncian: “es el mismo drama, sea por alquiler o por compra”. No es de extrañar, uno de los últimos desahucios por alquiler en Zaragoza acabó con el suicidio de una mujer de cuarenta y tres años. En la PAH no dudan en llamarlo asesinato, del sistema contra el individuo. Hoy se aprueba por unanimidad la puesta en marcha de la comisión. Las diferentes realidades abren un debate interesante en cuanto a la elasticidad moral de la asociación y el soporte y ayuda que merece el desahuciado. No es lo mismo ayudar a un desahuciado que no paga porque no quiere a un pequeño propietario, que ayudar a una familia completa que no paga un alquiler de un piso en edificio propiedad de un banco. No es lo mismo ayudar a quien se preocupa de comunicar su desahucio, viene y se implica, que al que llega horas antes de que lo ejecuten. No es lo mismo. Ni de lejos. ¿O sí?

Una de las voces veteranas de la PAH se hace con el micrófono y dice: “Estamos aquí, no se olvide, por el derecho a la vivienda, un derecho supremo, básico para todos los ciudadanos y está por encima de todo. Nuestros criterios estarán siempre en función de los derechos humanos. Hay que hacer pedagogía del derecho a la vivienda. Hay que solucionar cada caso, esa es la grandeza de esta plataforma”. Es el salvavidas de la organización, su discurso primigenio, el lugar donde siempre tienes la razón. Las manos se agitan en el aire sin chocar entre sí, más que nunca: es la manera en que se aplaude en las asambleas.

La humanidad entra al primer plano de la discusión. La semana que viene hay dos asambleas importantes donde el factor humano es primordial: la asamblea de bienvenida, donde acuden personas a las que le acaba de llegar la orden de desahucio, y la asamblea de apoyo mutuo, un taller emocional en el que no se habla de créditos, dinero ni hipotecas, se habla de emociones. De cómo convive uno con el día a día de un desahucio y la persecución bancaria, de con quién hablas o dejas de hablar, de cómo sobrellevar la realidad familiar sin que se pudran las relaciones humanas, de cómo se encuentran la pareja y los hijos, los padres y los amigos, de cómo no esconder lo que pasa, esta vergüenza privada que termina consumiendo la luz de las personas. El apoyo mutuo, efectivamente, es el mejor nombre que podían haber encontrado. Son dos espacios muy tiernos, dice la coordinadora, en el que hay que mostrar una sensibilidad especial. No olvidar que vienen personas con una gran ansiedad a cuestas, que llegan desorientados, sin saber qué hacer o qué decir. A esas personas les tiene que quedar muy claro una cosa: No estáis solos. Es el momento que no olvida jamás un amenazado de desahucio.

Se va acercando el final de la asamblea. Todo discurre en un armónico encuentro donde el sistema roza la perfección. Son, claro, seis años de entrenamiento. Salvo alguna intervención dispersa, los presentes tienen claro que la exigencia de su lucha requiere una respuesta eficaz. Aunque parezca imposible, en dos horas se articulan muchísimas acciones. Es consecuencia del trabajo entre bambalinas, por comisiones. Aquí muchos activistas vienen con el trabajo hecho desde casa, ciudadanos normales que se convierten en expertos en leyes y asesoramiento bancario.

El protocolo de los desahucios está presente en los tablones.

El protocolo de los desahucios está presente en los tablones.

 

Se plantea entonces la acción protesta de mañana, la primera coordinada internacionalmente, con eco en Nueva York y otras ciudades europeas. A las nueve y media de la mañana en Plaza Cataluña. El secretismo acerca de las características de la acción es total. Esconderse bien las camisetas, seamos ordenados y eficientes en la protesta. Y no amilanaros si no están esperando, mañana será un día importante. Más de la mitad de la sala confirmamos nuestra asistencia. Aún no sé adónde vamos, ni a qué, pero a estas alturas me da igual. La PAH es un movimiento pacifista y reivindicativo, que surge de una oposición pero termina convertido en elemento de construcción social. Me iría con ellos al fin del mundo. Además, actuar en Plaza Cataluña tiene un valor simbólico, algo que despierta mi vena más reaccionaria. Plaza Cataluña es el centro neurálgico de los negocios, el corazón de esta Barcelona malvendida al turismo, el hábitat donde el capitalismo se carga de motivos. Un espacio ideal para un atentado humanitario, para poner encima de la mesa que hay mucha gente deseando vivir de otra manera. El ánimo se enciende, el rumor recorre la sala y los rostros exhiben la sonrisa propia de un chiquillo travieso.

Se configuran las listas para parar desahucios. Una mujer con cuatro hijos menores. Dos ancianos. Una familia de cinco personas. Todos en la calle si alguien no los remedia. Se nombran los bancos ejecutores, Banco Sabadell, Banco Popular, Bankia, La Caixa, casi la totalidad del sistema bancario español, infectados por su doble moral, con las arcas llenas de dinero y entregados a lo más perverso de sí mismos.

Antes de concluir, el micrófono pasa a manos de M. J. Es la mujer rubia que estaba a mi lado al comienzo de la asamblea, ahora en pie. Las manos le tiemblan, los ojos supuran esperanza. El grupo, por inercia, espera la buena nueva: “Os tengo que comunicar algo, ayer firmé, por fin, después de dos años de lucha.”. Firmó, claro, la dación en pago. Su casa a cambio de una deuda eterna que amenazaba con quitarle todo, la única manera de eludir la trampa que le tendió la vida. Las manos ya no se agitan, ahora aplauden a rabiar. “¡Sí, se puede, sí, se puede!”, gritamos todos. Las puertas se abren y la gente sale a fumar o se marchan hacia sus casas. M.J. sigue dando abrazos, rodeada de amigos que, sin pedir nada a cambio, le acompañaron en los dos años más difíciles de su vida. Una corriente de aire entra de fuera adentro del local. M.J. alza la vista y sonríe. Le golpea, de pronto, la dulce brisa de la libertad.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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    10 Réplicas

  1. santi

    Gracias, Javier. Gracias por emocionarme. Gracias por comprender. Gracias por saber transmitir. Gracias por contextualizar. Crónicas como la tuya son esenciales.

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