15 de diciembre del 2017
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La política espectáculo de la que hablaba Alberto Garzón durante las elecciones generales ha venido para quedarse. Ya no afecta sólo a la puesta en escena de los partidos o a las televisiones en su Prime Time, ahora también lo hace a la propia estrategia interna y externa de las formaciones y condiciona cada golpe de timón de cada sujeto de la partida. Después del órdago de Podemos, el último en dar un golpe de efecto ha sido Pedro Sánchez con su decisión de consultar a las bases socialistas cualquier acuerdo de gobierno.

Lo que hace un año hubiera parecido ciencia ficción es hoy la realidad del PSOE, un partido que, impulsado por el momento político, exigido hasta la asfixia por la intención de Podemos de acaparar sus votantes, actúa a contrarreloj en pos de evitar su pérdida de influencia política y social. Pedro Sánchez se ha saltado las rigideces propias de su comité federal y, para sorpresa de todos, ha convocado a la militancia a pronunciarse sobre un hipotético pacto de gobierno, del mismo modo que ha manifestado su intención de formar un gobierno de cambio.

El objetivo, como no puede ser de otra manera, es la propia supervivencia; la de un partido fragmentado (los barones del PSOE parecen ignorar que su pronunciada derechización les aleja de sus votantes), y la de Pedro Sánchez, que vive bajo la perpetua amenaza de Susana Díaz y su más que probable asalto al poder.

 

Sea como fuere, la jugada de Pedro Sánchez es inteligente en el ámbito personal, es democrática (y eso no le gusta a algunos que entienden cualquier asamblea como un sacrilegio) y le otorgaría razones de peso para seguir liderando el partido -el apoyo de las bases-, pero enmaraña aún más el estado de la política española. Sin tener aún un acuerdo de gobierno, retrasa la decisión de formarlo y retrasa esta eterna partida de ajedrez en la que se ha convertido la investidura. Con el Partido Popular presionando al Rey para no proponer a Rajoy como presidente, Ciudadanos entre la espada y la pared, pues si no apoya gobierno de cambio se vería abocado a unas elecciones que no le auguran nada bueno, y con Podemos presionando hasta la extenuación, Sánchez se toma un respiro en un baño lleno de pirañas.

Sánchez o acaba presidente o no acaba, pero ni su sorpresiva convocatoria parece garantizarle el liderazgo de un partido donde los barones y Susana Díaz no han dicho la última palabra. Todos juegan sus cartas mientras, fuera, la emergencia social que vive España exige una respuesta ya de por sí dilatada en exceso. Y esto, ante otras hipotéticas elecciones, puede acabar en una honda desafección política.

 

Susana Díaz ante la consulta, según El Último Mono.

Susana Díaz ante la consulta, según El Último Mono.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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