18 de diciembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Leía por estos días una entrevista realizada a un periodista que ha venido ejerciendo su labor en la prensa deportiva que muchos colegas escribían sus crónicas y comentarios con la camiseta de su equipo puesta. Se trata de una apreciación que vengo observando desde hace tiempo y que viene a ser algo así como el deterioro progresivo de una profesión  que, en los últimos tiempos, vive un desprestigio muy parecido al que se observa con respecto al estamento político. Y conste que este periodista, al que me refiero, viene ejerciendo su labor en la prensa deportiva desde hace bastante tiempo y conoce a fondo el entramado de ese mundo.

Lo realmente preocupante es que esta situación se vive también y quizás con más cinismo en la prensa generalista, sobre todo política. Muchos son los periodistas que realizan su labor profesional con la camiseta de su partido puesta. Es verdad que siempre ha existido lo que se solía llamar prensa conservadora y progresista, liberal o socialista… y uno se acercaba a sus páginas con la prevención del enfoque concreto de la noticia o del comentario. Hubo un tiempo que, a medida de la prensa se profesionalizaba, este enfoque partidista se camuflaba un poco y en los distintos periódicos aparecían comentaristas que argumentaban con un sentido más objetivo. Hoy parece que hemos vuelto para atrás y los acontecimientos se analizan con descaro y muchas veces los hechos se tergiversan, justificando hasta las conductas más indeseables. Esto se acentúa, más si cabe, en las innumerables tertulias periodísticas donde uno no sabe muy bien si el autor o autores de las tropelías son héroes o villanos, porque el vocerío y las múltiples interrupciones entre los participantes, no permite muchas veces seguir las argumentaciones que se barajan. Y esto se constata tanto en las tertulias políticas como deportivas, donde cada cual barre para su casa con un descaro que lo hace despreciable profesionalmente hablando.

 

La última portada de El País, un día después de la moción de censura que presentó Unidos Podemos.

 

Albert Camus decía con mucha frecuencia en su tiempo: “Al lector hay que darle lo que necesita saber, no lo que le gusta leer”, y en otras ocasiones añadía: “Un país vale lo que vale su prensa”, y ahora habría que sumar lo de la radio y la televisión, que en estos momentos históricos tienen más influencia social que la prensa escrita. Y aquí hay que hacer alusión a la negativa gestión de los informativos de la TVE que, cada día, manifiestan una imagen parcial y deformada de la actualidad, donde los acontecimientos que más impacto parecen tener en la sociedad, o se ignoran descaradamente o se presentan con un  sesgo partidista descarado que desprestigia a los profesionales que tratan sus contenidos. Y esto se realiza en una televisión pública donde los niveles de profesionalidad deben estar garantizados porque actúan con el dinero público. Por eso, si un país vale lo que vale su televisión pública, este país están mal, y los responsables de este medio que actúan de esta manera tan retortijera deberían ser cesados y apartados en esa función.

Dicen muchos de los periodistas más sensatos que las programaciones televisivas, radiofónicas y periodísticas de papel están diseñadas más por los consejos políticos en lo que se refieren a los medios públicos, y a los consejos de administración en los privados, que a los profesionales de la información. Sin duda,  manda la audiencia, como la dictadura que impone sus leyes insanas, y que pide más publicidad para engrosar las arcas de las empresas periodísticas o las entretelas del grupo político que descaradamente gobierna los medios públicos. Eso donde los medios más sofisticados cultivan el espectáculo por encima y en sustitución de la información veraz y objetiva.

El Papa Francisco afirmaba que la mentira, la calumnia, la difamación y el sensacionalismo son las cuatro tentaciones de los medios informativos  sufren hoy en día y que vierten un panorama no muy alentador para una sociedad que necesita un enfoque  honrado y objetivo de la actualidad que se genera para que los ciudadanos puedan formarse su propia juicio y actúen en consecuencia.

 

La situación de la prensa en nuestro país no deja de ser preocupante porque, entre otras cosas, está ahuyentando a los lectores y espectadores de los medios informativos que deben ser una referencia importante a la hora de que la sociedad, al estar bien informada, crezca cultural y socialmente, y la democracia se consolide como una alternativa política que refleje una población madura y bien amueblada.

Menos mal que están apareciendo por ahí plataformas informativas “on line” que están insuflando aire fresco al ambiente informativo general aportando datos, opiniones, contraste de pareceres, y la aparición de nuevos actores marginados u olvidados por las grandes cadenas informativas. Es verdad que estos medios se tienen que  abrir paso con grandes dificultades, sobre todo económicas, para ofrecer una información veraz y de garantía; pero acuden al apoyo de ciudadanos que sienten necesitados de esa información para mantener el tipo y ofrecer lo más dignamente posible lo que muchos lectores, sobre todo, pedimos y necesitamos. Hay plataformas que viven del trabajo personal y desinteresado de sus autores y que, contra viento y marea, siguen trabajando por adecentar el panorama informativo de nuestro país. No sé si lo conseguirán, pero hay que agradecerles su dedicación, y  esfuerzo en pro de esta especie de cruzada nacional por sanear un pilar tan importante en la democracia española.

 

 

La imagen de portada se publicó en El Confidencial.
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Emilio López Pizarro

Jubilado. Fue periodista durante una breve temporada y funcionario público casi toda la vida. Hombre de bien. Es progenitor de los creadores de La Réplica.

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