26 de abril del 2017
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Winter is Coming” no es solo la emblemática frase de la casa Stark, también es una espada de Damocles que pende sobre un gran número de familias en nuestra Europa moderna y desarrollada. Se estima que 54 millones de europeos padecen de pobreza energética según la Comisión Europea, situación en la cual se ven obligados a elegir entre comer o usar la calefacción.

La pobreza energética se padece cuando no nos es posible calentar nuestras viviendas a un precio asequible lo que debe soportar casi el 11% de la población europea, un fenómeno que pone en peligro la salud y que solo reconoce oficialmente un tercio de los Estados miembros. El 40% de la energía consumida en toda la UE se consume en los edificios, y dentro de esa cifra el 80% se dedica a la calefacción y la refrigeración. En algunos países la problemática es especialmente acuciante, especialmente en Europa meridional y central; en Bulgaria, a fecha de 2014 un 40% de la población sufría de pobreza energética. Pero no se trata de un fenómeno exclusivo de estas regiones, la cifra media de población vulnerable a coyuntura en la UE se sitúa en el 10,2%: 9% en Reino Unido, 5,9% en Francia o 4,9% en Alemania. Luxemburgo y Suecia son los países con menor tasa de pobreza energética (0,6% y 0,8% respectivamente).

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En el caso de España y a pesar de la supuesta y laureada recuperación económica auspiciada por el Partido Popular, hay que tener en cuenta el marco absolutamente desfavorable de nuestra nación con una enorme reducción de la masa salarial: un 34% de los trabajadores cobra menos del SMI (645 euros/mensuales), y un 22% cobra menos de 300 euros. A ello hay que unirle las cifras de paro, en torno al 23% en términos generales y al 43% entre los jóvenes. Si la situación no es ya de por sí precaria, en el marco energético en 2015 subió la tarifa eléctrica el doble en España que la media de lo que subió en el resto de Europa, los españoles pagamos ya la segunda electricidad más cara de la Unión medida en términos de poder adquisitivo y la cuarta en términos absolutos según Eurostat. Cualquiera entenderá que estas condiciones son el caldo de cultivo idóneo que llevan a que en nuestro país más de 5 millones de personas y el 11% de los hogares se declaren incapaces de mantener una temperatura adecuada en sus hogares una vez llega el invierno según la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA); aunque no son las únicas, un stock de viviendas viejo e ineficiente en términos energéticos también influye, la eficiencia energética en los edificios sigue siendo una tarea pendiente en nuestro país.

En concreto son 5,1 millones de personas las vulnerables a la pobreza energética en España, la cifra supone un incremento del 22% en dos años. Desde el inicio de la crisis en 2008 hasta 2014 se produjo un incremento en la factura del gas del 67% y de la luz del 73%, la misma ACA señala que en nuestro país 1,2 millones de personas emplean más del 20% de sus ingresos en energía y que 7,8 millones conviven con goteras y humedades. Si la pobreza energética goza de muy escasa visibilidad, menos aún lo son los efectos que ocasiona sobre la salud de las personas que la padecen, la Organización Mundial de la Salud estima que un 30% de las muertes adicionales en invierno podrían estar relacionadas con este fenómeno. En España, 7.000 fallecimientos en 2014 podrían estar asociados a la pobreza energética.
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Pongámonos en situación, entre 1996 y 2014 han fallecido 4.000 personas al año en accidentes de tráfico, existen numerosas campañas televisivas, famosos que anuncian maratones de recaudación y eventos de distinta índole que luchan por fomentar la prudencia al volante o contra el consumo de drogas. ¿Cuántas campañas han visionado destinadas a evidenciar y mitigar el grave problema que supone la pobreza energética y el sufrimiento de quienes la padecen?

Es indispensable que la pobreza energética se visibilice y entre en el debate público y en las demandas sociales. Por otra parte, a pesar de que desde los organismos europeos se manifiesta una aparente voluntad de luchar contra la pobreza energética y de que esta causa se configure como un objetivo transversal al conjunto de políticas de la Unión y de los Estados, existe una enorme indefinición y una ausencia de prioridades claras, a fin de cuentas la propia Comisión constata el aumento de esta problemática precisamente a causa de las políticas laborales promovidas en los países de la UE con el objetivo de “aumentar la competitividad” o la “flexibilidad” del mercado laboral. No se puede luchar eficazmente contra la pobreza energética a la par que se instauran medidas que precarizan el mercado laboral.

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Mario Siles García

Ingeniero, escritor, pintor por hobbie y activista por necesidad. En definitiva, un hombre renacentista que aúlla desubicado en plena era de la especialización.

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