27 de marzo del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



La irrupción meteórica de Ciudadanos en las encuestas, y en las elecciones andaluzas, ha abierto un debate muy intenso en el seno de Podemos. Alguna gente se ha llevado las manos a la cabeza, sorprendidos por lo que está pasando. Para otra ha sido la crónica de un populismo de derechas anunciado.

Somos muchas las que desde hace meses venimos reivindicando el espíritu del manifiesto ‘Mover Ficha’ que dio origen a Podemos. En este texto recogíamos que en una situación de emergencia social y de “pérdida de credibilidad del régimen nacido con la Constitución de 1978” es hora de que la “política que regrese a las calles”, de que nos mueva “nuestro deseo de tomar nuestras propias decisiones y responder a nuestras propias preguntas” porque “sólo de la ciudadanía puede venir la solución” en la “recuperación de la soberanía popular”. Es decir, aterrizar las ideas rupturistas que el terremoto político del 15M convirtió en “sentido común” para millones de personas (“[los políticos profesionales y sus partidos y gobiernos] no nos representan”, “no hay pan pa tanto chorizo [de casta política y oligarquía económica corruptas]”, “sí hay dinero: se lo dan a los banqueros”, “tenemos la solución: los banqueros a prisión”,) en un partido unido estrechamente a las luchas en los centros de trabajo y las calles. Mucha gente en Podemos defendemos construir un partido que sea una herramienta electoral eficaz, lo cual va unido (especialmente en estos momentos) a crear puentes sólidos entre el mundo de las ideas de la indignación y las luchas sociales. Solo de esta forma se puede afianzar un partido de masas que, manteniendo la frescura y la democracia del 15M, aspire a ser una herramienta útil para responder realmente a las necesidades actuales de la mayoría de la gente de abajo, gente trabajadora que afrontamos un mundo en crisis poliédrica y que buscamos alternativas políticas en un momento de cambios profundos y acelerados.

Sin embargo, gran parte de la dirección de Podemos viene apostando por lo contrario: una estrategia populista basada en rellenar los significantes vacíos del 15M con una “máquina electoral” que se apoya más en el mundo de las ideas que en un entorno material de emergencia y luchas sociales moldeado constantemente por la crisis. Sin duda, en sus inicios, esta estrategia dio grandes réditos, siendo capaz de aunar bajo las siglas de Podemos a la mayoría de la gente que rompió con las ideas dominantes del sistema durante las movilizaciones del 15M; como mostró, por ejemplo, el éxito de ‘La Marcha del Cambio’ del 31 de Enero en Madrid. No obstante, esta estrategia mantenida en el tiempo abría las puertas de “la nueva política” a otras formaciones que fueran capaces de apoderarse de los significantes de la indignación enarbolando también el discurso de que “no somos ni de izquierda ni de derechas”, cacareando el tan ansiado “cambio [tranquilo]”, y haciendo de la lucha contra la corrupción su alma máter. Y la clase dirigente no iba a dejar escapar la oportunidad de contraatacar desde el conservadurismo populista: Ciudadanos.

En esta situación, para que Podemos pueda convertirse realmente en una herramienta política capaz de construir democracia y economía desde debajo, única manera de responder a las necesidades de la mayoría social en tiempos de crisis de un sistema capitalista demasiado maduro, es imprescindible “recuperar el espíritu del 15M”, como decía recientemente el dimitido Monedero. ¿Pero qué significa esto?

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Juan Carlos Monedero durante una conferencia.

Recuperar el espíritu de la indignación significa empezar por reconocer que Podemos es resultado de las luchas en las calles y los centros de trabajo y que, sin una participación activa y sincera en éstas, el Partido se acabará pareciendo cada vez más a los partidos de “la vieja política”. Significa rescatar los eslóganes y reivindicaciones de las asambleas del 15M y los movimientos sociales en un programa realmente rupturista que represente una alternativa creíble para millones de personas que lo están pasando mal y exigen un cambio profundo. Significa funcionar dentro de Podemos desde abajo hacia arriba, de manera que las estructuras del partido-movimiento no imiten a “los partidos de la casta”, sino que transpiren la diversidad, la frescura y el empoderamiento popular que trajo el 15M. Es clave entender que nuestra sociedad no se comporta como una fotografía fija y que si el 15M fue capaz de transformar la consciencia política de millones de personas, cada día las luchas transforman a aquellas personas que se movilizan. Así, impulsando y coordinando las luchas sociales estamos también creando poder popular en las urnas con un voto asentado sobre el terreno social que no se deja seducir por cantos de sirenas ciudadanas. Afortunadamente, mucha gente en Podemos pensamos y actuamos en este sentido y, por ejemplo, nos agrupamos en ‘Andalucía desde Abajo’ (aunque algunos, en su afán controlador, se empeñen en negar la existencia de corrientes dentro de Podemos).

La necesidad de aterrizar las ideas rupturistas a la base material de las luchas sociales y sus reivindicaciones es esencial para, al mismo tiempo que continuamos con el giro a la izquierda que se está produciendo en la sociedad, afianzamos las luchas y el voto, siendo conscientes de que la batalla electoral es una batalla clave, pero no la única ni la más importante. El poder se disputa en las urnas y las calles a corto, medio y largo plazo, sin desaprovechar ninguna “ventana de oportunidad”, ni en el plano electoral ni en el social (íntimamente relacionados de forma dialéctica).

La conexión con la calle, fundamental en lo que queda de carrera electoral.

La conexión con la calle, fundamental en lo que queda de carrera electoral.

De lo contrario, si nos movemos fundamentalmente en el mundo de las ideas sin aterrizarlas en la materialidad de las luchas, si fomentamos la democracia individual de ratón en vez de los debates y la acción colectiva, si jugamos electoralmente sin mirar más allá y conectar planos de luchas, si nos esforzamos especialmente en mostrar que podemos hacer una buena gestión de propuestas de compromiso con el poder establecido, estaremos abriendo las puertas de la indignación al populismo de derechas. Si jugamos al populismo estaremos facilitando que el “voto protesta” se convierta en una postura intelectual volátil, al mismo tiempo que defraudando a todas aquellas personas que quieren una ruptura democrática y económica ahora.

Ya no estamos a tiempo de presentarnos a las elecciones municipales como Podemos para impulsar a tope el poder popular desde abajo, ni de poner toda la carne en el asador en el apoyo a las Marchas de la Dignidad en su manifestación del 21 de Marzo, ni de montar bloques arcoíris de Podemos en todas las manifestaciones del 1º de Mayo, pero sí podemos apoyar con todas nuestras fuerzas (y no solo con declaraciones desde las direcciones e iniciativas parlamentarias) a, por ejemplo, una huelga clave con enorme significado social y político como la huelga de técnicos de Movistar o la jornada de lucha social del 22 de Octubre de las Marchas de la Dignidad.

Transformemos la indignación en lucha social en las urnas y mucho más allá. Y esto no quiere decir que todo el mundo se transforme en hiperactivista político, pero sí que desde Podemos hagamos todo lo posible en promover y facilitar la intervención (en mayor o menor grado) en las luchas de toda persona indignada que quiera construir la alternativa al mundo de las castas.

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Profesor de Ecología, delegado del S.A.T. en la Universidad de Sevilla y miembro del círculo Macarena y miembro del Colectivo Acción Anticapitalista.
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