22 de agosto del 2017
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Y llegó la última cita. A menos de dos meses de las elecciones, Podemos se enfrenta a la cita para la que fue concebido, o al menos, para la que se ha enfocado durante su año y medio de vida. Con la lengua fuera, una amplia base social y la aspiración de ocupar el centro del tablero para asaltar el cielo, las elecciones podrían acabar dejándolo en cuatro escenarios posibles, que analizamos a continuación.

1. Podemos tiene un papel absolutamente clave en el gobierno

El planteamiento más positivo para la formación morada, dibuja una subida en sus expectativas electorales que les situaría en torno al 18-19% de las votos y, en un escenario de extrema igualdad electoral entre los cuatro partidos mayoritarios, lo convertirían en el actor fundamental del cambio político en España con el apoyo del PSOE en el gobierno. ¿Cómo podría darse esta situación? De darse, dependería de cuatro ejes diferentes, casi una alineación de estrellas.

El primer eje sería el refuerzo político de la formación con figuras de gran trascendencia mediática y clara orientación aglutinadora: Ada Colau, Juan López de Uralde, Xosé Manuel Beiras, por citar algunos ejemplos, e incluso algunas figuras al margen de la escena política. Lo cierto es que durante este larguísimo año, se ha echado en falta apoyos públicos a Podemos a nivel nacional (a nivel internacional les ha ido bastante mejor), quizás precisamente por la excesiva personalización del partido y de su cúpula. Sin el refuerzo de Mónica Oltra y Compromís y fracasada la tan comentada confluencia, el refuerzo de actores influyentes será clave a la hora de arrastrar votantes. Si Podemos es, como dijo Teresa Rodríguez, “un estado de ánimo”, necesitan de figuras que animen a su electorado.

El segundo eje sería la presentación pública de programas de gobierno susceptibles de ser llevados a la práctica. Una de las luchas de Podemos entre los votantes más alejados de la izquierda, esa centralidad a la que Íñigo Errejón alude, es la de convencerles de que todos los cambios son posibles (cabría subrayar que el primer paso para hacer un cambio posible es imaginarlo), y este es un asunto sumamente complicado, pues los medios y los rivales han conseguido asociar a Podemos a una suerte de utopía revolucionaria. Algo que, en la práctica, no te da de comer ni te consigue trabajo. Bajo este argumento, Albert Rivera ha sacado especial tajada, como ya hiciera en el debate que mantuvo con Pablo Iglesias en Salvados. La presentación de sus programas en público y pedagogía política especificando los aspectos económicos de forma concreta, será fundamental para revertir esa opinión o, al menos, para no ahuyentar escépticos.

A Podemos el camino se le ha hecho muy cuesta arriba con el paso de los meses. Fotografía muy reproducida de EFE/Fernando Alvarado

A Podemos el camino se le ha hecho muy cuesta arriba con el paso de los meses. Fotografía muy reproducida de EFE/Fernando Alvarado.

 

El tercer eje es la aparición de nuevos casos de corrupción en las filas del Partido Popular (o el bipartidismo). Aunque Ciudadanos parece una estación intermedia en el trasvase de votantes del PP a otras opciones políticas, nadie ha sido en este tiempo más radical a la hora de atacar los problemas de corrupción que sufre este país. De hecho, el efecto Podemos ha espoleado a los demás partidos en este sentido. Sí es cierto que lo han escenificado otros, pero nadie lo ha llevado a la práctica de la misma manera. En eso, Podemos supone el máximo alejamiento de la corrupción. Si Podemos surgió como respuesta (como el 15M) necesita motivos

Y el cuarto eje es la coherencia discursiva. Si algo se le ha reprochado a Podemos es la indefinición de sus programas, primero porque es un partido que se ha tenido que ir construyendo sobre la marcha, y segundo debido a la búsqueda de la transversalidad. A Podemos le ha ido mejor cuanto más definidas estaban sus argumentaciones, y peor cuanto más difusos eran esos límites. Su militancia echa de menos la violencia discursiva, la contraposición sin fisuras a la vieja forma de hacer política. Probablemente, el símil latinoamericano de aglutinamiento tuviera sentido en ese contexto específico, pero no en España, con sangre latina pero contagiado también del frío europeo. Como dijo una vez Zapatero, “nos hace falta tensión”.

Este conjunto de factores o, al igual que sucediera con Alexis Tsipras y Syriza, que unas encuestas equivocadas de forma flagrante se tradujeran en una contundente subida de votos a la hora de ir a las urnas.


2. Podemos pacta con el PSOE para formar gobierno como partido con menor representación

Un escenario francamente improbable, casi más que la primera opción. Lo formaría una suma de PSOE, en mayor representación, y Podemos, en menor representación, que superara a la suma de Partido Popular y Ciudadanos. Ya lo dijo la dirección de Podemos, no se ven útiles en un papel en el que no actúen como motor de gobierno y, la verdad, cuesta imaginarlos como muleta del PSOE, pues serviría más para regenerar al partido socialista que como propulsor de cambios reales para la ciudadanía. Si bien la formación de Iglesias ha sorteado con relativo éxito la explicación acerca de los pactos con “el bipartidismo” tras las elecciones municipales, con el argumento de que funcionan mejor tirando del PSOE hacia espacios de justicia social y lejos del socialiberalismo de los últimos tiempos, un pacto de gobierno sería una tremenda contradicción con el primigenio discurso anticasta y algo difícilmente comprensible por su electorado. Ahuyentaría votantes y su propia masa social, y a la larga, reduciría su militancia.

Por otro lado, si Podemos pasara a ser uno más en el engranaje del sistema, si puede siquiera ser confundido con los partidos de siempre, será que ha transformado en los de siempre, y su electorado volvería a su status quo de antes de las elecciones europeas. Los más izquierdistas, desviándose hacia la verdadera izquierda, los más moderados, yéndose a opciones más de centro. De centro, claro, entendiendo el centro como ha sido concebido en la política nacional.

Así pues, de darse las matemáticas adecuadas, Podemos dejaría correr la oportunidad histórica de ser socios de gobierno en pos de hacerse creíble ante los suyos e incluso de su propia supervivencia. Esta hipótesis dejaría el gobierno en manos del PP y Ciudadanos.

La marcha de Podemos en Enero fue un acontecimiento histórico.

La marcha de Podemos en Enero fue un acontecimiento histórico.

 

3. Podemos se descalabra

¿Se puede descalabrar un partido que se presenta por primera vez a unas elecciones generales? ¿Sería un fracaso obtener, pongamos, un 10% o un 11% de los sufragios, siendo un partido sin antecedentes en unas elecciones generales? En el apartado estadístico, no lo es, sería un excelente resultado. En el ánimo del colectivo, desde luego, sí. Cabe recordar que Podemos llegó a tener más del 20% en intención de voto y que su nacimiento partió de un fuerte componente emocional, sin el cual, su espíritu parece alicaerse y sus fuerzas resentirse. Hace menos de un año, Podemos hizo una demostración de fuerza, cuando el frío de enero nos atizaba en Madrid. El desgaste mediático, las interminables y necesarias discusiones internas, el agotador rumor de la confluencia, el fracaso catalán y los errores propios de quienes se han situado en todo momento en el punto de mira (esto es muy Fort Apache), ha hecho mella en las aspiraciones electorales de Podemos. Y seamos francos, si la herramienta de cambio de este país obtiene tan sólo el 10% de los sufragios, si no superara los mejores resultados que tuviera antaño Julio Anguita, si de cien personas que acuden a votar, sólo diez votaran por el cambio en este país, significaría que no existe tal posibilidad, luego, ¿tendría sentido Podemos tal y como ha sido concebido?

El descalabro electoral significaría una más que probable renuncia de Pablo Iglesias como secretario general de la organización, pues más de una vez ha asegurado que en caso de no obtener unos resultados aceptables, quizás es que no fuera la persona capaz de conducir a Podemos al cambio político y social que se pretendía cuando su fundación. Aunque esta lectura es tremendamente exigente (nunca sucedió algo parecido a Podemos en democracia, como para adivinarle un éxito repentino), lo cierto es que tendría a la vez un efecto llamada y cierta honestidad. Llamada, se entiende, a otras manera de entender el cambio. Esto afectaría, seguramente, a Iñigo Errejón, que se vería en la paradoja de poder ser el sucesor de Iglesias cuando ha sido quien ha definido la estrategia electoral del partido, a Carolina Bescansa (que no ha dado ni una en los análisis ni pre ni pos electorales) y a muchos integrantes del núcleo duro de la Tuerka, abriendo el partido a nuevas maneras de entender el cambio e incluso a cuáles son los objetivos del partido. ¿Es esto bueno o malo para Podemos? ¿Puede Podemos prescindir de liderazgos muy marcados y de quien ha personificado de una manera abrumadora su propuesta de cambio? Algunas voces han recogido que Ada Colau podría dar el salto a la política nacional desde Barcelona en Comú, aunque la opción parece improbable, al menos hasta que agote su mandato en la ciudad condal.

El fracaso de Tsipras ante la UE influyó en la percepción sobre la posibilidad de cambio en España.

El fracaso de Tsipras ante la UE influyó en la percepción sobre la posibilidad de cambio en España.

 

4. Podemos, ni tanto ni tan poco

¿Y si, pongamos, Podemos consigue un 15% o 16% y son otras fuerzas las que se disputan el gobierno, apartándolos del gobierno y dejándolos en un plano influyente, pero secundario? Decían algunos amigos extranjeros que, bien visto, podía ser la opción ideal para el anfianzamiento del partido a largo plazo y la consolidación de su estructura interna. El cielo se conquistaría entonces, más que por asalto, por desgaste. En ese caso, la nueva hoja de ruta les conduciría a seguir funcionando como contrapoder, redefinir la estrategia, afianzar sus círculos, perfilar cada una de sus propuestas, estrenarse como diputados y en labores de gobierno en las grandes ciudades y lanzarse en el futuro hacia el voto rural, el gran talón de Aquiles de la formación morada. Suena bien, pero eso significaría a) la perdurabilidad del bipartidismo y b) el asfixiamiento de muchas familias que necesitan de forma urgente un plan de rescate ciudadano y no pueden esperar a la enésima reunificación de los poderes fácticos y el sabor de sus migajas.

Quizás la ola de cambio que Podemos trajo consigo, persista en los primeros compases de la legislatura, y los partidos gobernantes se apresuren a ensayar una renovación de cara a la ciudadanía, pero esa inercia durará hasta que se calmen las aguas y se vayan tejiendo nuevas estructuras de poder. Cuando este agotador año electoral suceda, cada uno tirará hacia su terreno natural y las ambigüedades serán sustituidas por los hechos, el Partido Popular seguirá en el conservadurismo católico y su peculiar concepto de la españolidad, intentando prolongar el status de los poderosos, el psoe hacia el socialismo capitalista de rostro social pero efectos económicos demoledores, Ciudadanos terminará como el partido más estrictamente liberal en España, Izquierda Unida anclada como la “verdadera izquierda” y Podemos, ante un futuro incierto donde los círculos deberán definir qué son y qué quieren ser, una vez que la idea del sorpasso ya no tenga sentido. ¿Y qué quiere ser Podemos si no logra el sorpasso?

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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    4 Réplicas

  1. Jose Mejías

    Dos apuntes:
    Si Podemos tiene unos resultados vamos a llamar medios o incluso buenos (lo menos probable), será en parte, y si se producen finalmente, a los procesos de confluencia en todos los territorios donde se perfilan: Cataluña, Galicia y Valencia, que entre todos suponen casi el 30% del Congreso. Eso perfilará 4 Grupos en el Congreso, que por muy coordinados que funcionen (en caso de buenos resultados), provocará de facto una portavocía coral, si sumamos el Grupo Parlamentario propio de Podemos. Añadida a la multitud de otros pequeños grupos en el Congreso, va a rrequerir tanto en el Gobierno como en la oposición, mucho diálogo. Si aún así los resultados no acompañan el fragcionamiento está servido. Podemos, despues de las elecciones, será otro “Podemos” o será otra cosa, no sabemos si mejor o peor que Podemos.

    Unos resultados y otros van a producir una confirmación o una reconfiguración de las alianzas autonómicas y municipales, que para nada está definidas “para siempre”.

    Tengo más cosillas pero apenas tiempo de escribirlas, a ver si lo logro. Un abrazo

  2. Javier López

    Sí, sí, es que Podemos se autodefinió como instrumento y así debía de ser. Además, se habló de política dinámica y no estática, así que, a buen seguro, Podemos será un espacio que irá mutando y asentándose en el espacio o los espacios que la ciudadanía quiera. Y esta diversidad, lejos de ser negativo, puede ser todo lo contrario.

  3. Amante del humor

    Jajajaja, acabo de descubrir esto de “La réplica” y la verdad es que resulta delicioso leerlo. Estoy disfrutando como un enano viendo cómo Potemos se hunde en la miseria. Debe ser duro pasar por esto después de creeros que ibais a “asaltar los cielos” (qué ridiculez, da vergüenza ajena). Por cierto, el artículo sobre ciudadanos de marzo lo clavaste, eres todo un Nostradamus de la política, apuntas maneras crack.

    Un abrazo y ánimo.

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