18 de diciembre del 2017
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El PSOE se pasó ayer una jornada maratoniana negociando a dos bandas, con algunas escenas propias de Los Hermanos Marx, conversando con unos y otros y atrapado entre lo que cree que debe hacer y lo que va a hacer. Cabe preguntarse si a mitad de camino de ese ida y vuelta, el PSOE tiene tiempo de mirarse al espejo. La militancia del PSOE, algunos dirigentes que aún creen que el PSOE es un partido de izquierdas y una buena parte de la sociedad española, apoya el autodenominado Pacto de progreso, con Podemos, Compromis e Izquierda Unida; las élites socialistas, con Susana Díaz al mando, y los Walking Dead del partido, los Felipe-Corcuera-Leguina-Rubalcaba, no quieren ni oír hablar de eso.

Así que una salida óptima es lo que va a suceder hoy, que PSOE y Ciudadanos propongan un pacto de estado. Bien pensado, beneficia a todas las élites del país, al PSOE le otorgaría una vía de escape lejos del Partido Popular y la imagen de un Pedro Sánchez presidenciable, al PP le dejaría vía libre para combatir sus demonios internos y afrontar su más que necesaria regeneración en pos de mantener su amplia base de votantes y al partido favorito del Íbex le concedería las cuotas de poder por las que suspiran, máxime después de ver el abismo con la hipótesis de unas nuevas elecciones.

GRA521. MADRID, 22/02/2016.- El portavoz parlamentario del PSOE, Antonio Hernández (c), el líder de IU, Alberto Garzón (i); Íñigo Errejón (3i), Xavier Domènech (4i) de Podemos y Joan Baldoví de Compromís (2i), (enfrente), entre otros, durante la reunión de los equipos negociadores del PSOE, Podemos, IU y Compromís para explorar las posibilidades de un pacto de izquierdas que permita la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, hoy en el Congreso de los Diputados, en Madrid. EFE/Kiko Huesca

FE/Kiko Huesca

Este escenario necesitaría de la abstención del PP para poder llevarse a cabo, que si accediera  a dejarlos gobernar confirmaría la condición de partido bisagra de C’s. Sin embargo, concederle carácter institucional a C’s puede ser una trampa de la que salgan mal parados a largo plazo. De la valoración interna de si pesa más ir a nuevas elecciones con el saco de la corrupción a cuestas o permitir un gobierno en “minoría absoluta” del binomio pCSoe dependerá el futuro inmediato de España.

Por eso, ir o no a elecciones dependerá sola y exclusivamente del PP, y de conducir su decisión a nuevos comicios, nos llevaría a otra tesitura, la de una batalla encarnizada por transferir “la culpa” de los mismos. Por eso Podemos decía ayer que no se levantaba de la mesa hasta conseguir un acuerdo, porque quiere y debe presionar al PSOE hasta verse ahogado por la presión popular (la de la gente que no puede permitirse un impasse en tiempos de precariedad e incertidumbre y quiere un país funcionando), además de escenificar su esfuerzo. Ante unas nuevas elecciones, y en el contexto de una ciudadanía impaciente y desconcertada, quien parezca menos malo, en el sentido de perverso, puede llevarse el gato al agua.

 

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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